domingo, 15 de abril de 2012

DA LAT. LA CIUDAD DE LAS FLORES.



Da Lat es una ciudad que visité el año pasado, durante las vacaciones del TET. Esto hizo que a la irresistible belleza de los paisajes, la bondad del clima y la calidez de sus gentes, se añadiera una semana de esta inusitada tranquilidad que llega al país durante el año nuevo lunar, cuando todo se cierra y los correos electrónicos o el teléfono dejan de martirizarte durante siete días.

Por lo uno y por lo otro, las vacaciones en Da Lat las recordaré siempre como unas de las más gratificantes desde que vine. Intentaré revivirlas junto con vosotros.

Conjunción de virtudes.

Tanto colorido, buen humor y belleza arquitectónica no son fruto de la casualidad. Varios factores se han ido uniendo hasta dar como resultado esta pequeña urbe que resulta tan encantadora.

Los factores desencadenantes fueron la latitud y la altitud. En el Sur, las temperaturas son siempre altas, y existen sólo dos estaciones; la seca y la húmeda. En el Norte, el clima es más extremo, con cuatro estaciones en las que destacan las relativamente bajas temperaturas del invierno (mínimas de hasta 10 grados) y el sofocante calor del verano.

Y allí estaba Da Lat, ni muy al Norte ni muy al Sur, y a una altitud media de 1500 metros. Esta combinación de ideonidad de localizaciones le da a toda la meseta de Lang Biang un clima ideal con temperaturas que escapan del yugo tropical sin renunciar a las bondades del sol y las abundantes precipitaciones.

domingo, 8 de abril de 2012

POR LOS CALLEJONES.

Señora luciendo la típica dentadura oscurecida, de moda hasta mediados del sigo XX en el norte, vende pan, patatas fritas, café y otras bebidas en un callejón que viene a desembocar junto al número 59 de Hang Bo, en el "Old Quarter" de Hanoi.

Ya sabéis que una de mis aficiones es echarme la cámara al hombro y montarme en la bici para encontrar cosas interesantes que contaros o imágenes que mostraros a través de mi pequeña ventanita al mundo.

Como todo es diferente, todo es atractivo, intrigante o pintoresco, y si no es nada de lo anterior -la pobreza y el sufrimiento quizás encajen más con la definición de inquietante-, al menos se pueden sacar lecciones de lo que te rodea en este país cuando te dedicas a husmear en los rincones.

Y eso es precisamente lo que he hecho últimamente. Husmear por los callejones para contaros cosas sobre este micromundo que es el hábitat de la mayor parte de los habitantes de las grandes ciudades de Vietnam.


Ni un metro de ancho. Truong Chin. HCMC.

Como ya sabéis, la ordenación urbana no ha sido una preocupación tradicional en el país. De hecho, a pesar de que empiezan a detectarse los primeros esfuerzos por proporcionar un crecimiento ordenado y sostenible, la falta de medios de control, la popularidad de la construcción ilegal y la cultura arquitectónica de casas estrechas y alargadas, dan al traste con las buenas intenciones, y todavía se ven zonas en construcción donde las casas se disponen en grandes manzanas atravesadas por decenas de estas minúsculas vías que en ocasiones apenas alcanzan el metro de ancho.

La reacción inicial es de respeto o, si me apuráis, de miedo. No es de particular atractivo para un extranjero recién llegado al país el meterse en un callejón oscuro en el que cualquier posibilidad de escapatoria puede ser fácilmente eliminada y bajo cuyas sombras cualquier movimiento adquiere un aire siniestro.

Sin embargo, estos callejones no son más que la única foma de acceder a las viviendas de muchísimos vietnamitas, y esconden bajo su lúgubre apariencia pequeños oasis de zonas frescas que el sol nunca castiga, divertidos pasadizos donde jugar a la pelota o montar en bici puede tener entretenidas dificultades añadidas, o un importante examen de pericia cuando los paisanos hacen pasar por ellos todo tipo de vehículos con inexplicable destreza.

En definitiva, un submundo dentro de la masa urbana donde el sol, el ruido y la polvareda dan una pequeña tregua a sus habitantes, unos puntos en los que los olores de las cocinas, los sonidos de la actividad casera o la impudorosa falta de privacidad dan al observador una oportunidad única para conocer un poco más a estas gentes, sus intereses, sus constumbres, sus inquietudes y sus reacciones.

Espero que os gusten las fotos. Las tomé pensando en vosotros.

Un pequeño toldo, un puesto portátil, y ya tenemos un bar. Un negocio muy
adecuado en un punto de paso obligado para decenas y decenas de viandantes.
Niños juegan a la pelota mientras una vendedora de naranjas se aproxima con su carro.



Vecinos miran al ciclista fotógrafo...
Bonito colorido entre las plantas y una especie de bar. Una escena muy típica.


Los Voladizos, una solución inteligente:

Cuando el espacio escasea, la familia crece y la casa de enfrente se sitúa a poco más de un metro, la única forma de ganar algo de superficie útil son los voladizos de las plantas superiores. Esto, a la vez que da algo más de sombra que es siempre de agradecer, refuerza la impresión de confinamiento y, como en los casos que véis, puede situar tu balcón a sólo centímetros del del vecino de enfrente, en peculiar arcada que cierra tan extraña composición.



El voladizo, la única forma de ganar espacio.



Otro ejemplo.


¡Ups! Nos hemos pasado de longitud, niño...


Personajes entrañables:

Quiero hacer un apartado con algunos de los Saigonitas que en estos días de excursión por los callejones me han dejado un recuerdo especial. Por simpáticos, por amables, por quere salir en las fotos... cada uno por una razón. Todos geniales.

Va por ellos.



Este caballero me pidió una foto... ¡con la bici!



Simpático abuelo que se ha traído el sofá a la calle. Probablemente,
la única manera de aguantar el sofocante calor y echar un cigarrito.


Encantadora esta señora a la que compré un bizcocho. Le dije que iba a salir muy
 guapa, y fijaos que sonrisa más simpática me dedicó.


Esta vendedora me regaló un plátano. Estaba delicioso.

Lo de este paisano fue muy simpático. Estaba tumbado en su hamaca cuando
quise hacerle la foto, pero se levantó y se puso firme como un soldado. No hubo
manera de explicarle que yo prefería hacerle la foto en la hamaca...









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sábado, 7 de abril de 2012

CURIOSIDADES. COMIENDO COCODRILO

Este vídeo que os cuelgo es algo antiguo, porque hace ya más de dos años que fui a Camboya y, entre otras mil locuras -como perderme en la jungla, meterme en una aldea de chabolas o dejar que el conductor del TukTuk me llevara de marcha (...)- vi un sitio en el que servían carne de cocodrilo y no me lo pensé antes de sentarme y pedirlo (abundan en las zonas inundadas del inmenso lago Tonle-Sap o el Mekong)


Si os fijáis en la pizarra, veréis anunciado el cocodrilo y serpiente. Ummmm



video

Como os digo en el vídeo, no es nada especial, sabe así como a pollo pero tiene una textura menos carnosa (quizás algo plástica, como entre pescado y calamar). En fin, más que una exquisitez, un capricho aventurero.

En concreto, el suceso acaeció en Siem Riep, la famosa ciudad de los templos de Angkor, en una zona comercial que hay en el centro.

Os mando un saludo. Espero que os guste.