domingo, 23 de diciembre de 2012

VIETNAM Y EL SEXO.

El lago Hoan Kiem. Ya os adelanté en mi entrada sobre Hanoi que éste es uno de los sitios de concentración de parejitas buscando algo de intimidad al cobijo de los árboles y algo de romanticismo junto a la belleza del paisaje. 

Hola a todos, viciosillos.

Qué prestos os habéis dispuesto a leer la entrada en cuanto habéis visto el título, ¿eh?... Parece que os estuviera viendo, la avidez en el ratón y la picardía en los ojos...

Sexo. La palabra mágica.

Pues sí. Como en todos sitios, allí donde haya hombres y mujeres -y el resto de combinaciones- nuestro software nos hará caer en las mismas tentaciones, tropezar con las mismas piedras y divertirnos de la misma forma. Y con ello meternos, o dejarnos meter, en los mismos líos.

Vietnam, obviamente, no es una excepción, aunque hay algo de encanto en la forma de afrontar los asuntos de la carne en este querido país. Os contaré hoy algo de lo que he averiguado al respecto en estos años de investigación...

Quiero dejar claro antes de continuar que ésta es la más atrevida de mis entradas, y que, como cualquier visión desde el exterior en un tema en el que los datos de campo no son fáciles de obtener, mis opiniones pueden estar equivocadas o basadas en muestras irrelevantes. Que nadie se sienta ofendido por mis palabras; sólo pertenden reflejar mis impresiones, con la subjetividad y el riesgo añadido de las generalizaciones.

RATÓN DE CAMPO Y RATÓN DE CIUDAD. O DE LA NOCHE AL DÍA. 

Como tantas veces habéis leído en mis notas, Vietnam es un país eminentemente rural, con casi un 70% de la población viviendo aún alejada de la modernidad de las grandes ciudades y con unas paupérrimas infraestructuras que hacen de la comunicación una lejana utopía.

Así las cosas, las diferencias en la vida de aquellos que viven en el campo y aquellos que lo hacen en la ciudad son abismales. Donde apenas hay agua potable o electricidad no hay internet, televisión u otras formas de contacto con el mundo exterior que ayuden a modernizar la mentalidad. Y la luz de la apertura tardará aún años en iluminar las vidas de los que consumen sus días trabajando la tierra.

No me extrañó, por lo tanto, oír que fuera de las capitales aún se casa a niñas en función del interés, se desconocen la mayoría de las medidas de anticoncepción o la información sobre las enfermedades de transmisión sexual es mínima. A veces nula.

Sólo puedo pues llevaros por esta incursión en la intimidad vietnamita a las grandes ciudades y sus gentes, y a cómo los juegos del amor y el placer se abren camino por estos lares.

LA EXCLUSIVIDAD DEL GOZO. ¿COSA DE HOMBRES, O TIEMPOS CAMBIANTES?

Tabúes del pasado.


Me llevaría demasiado tiempo resumir fuentes, situaciones, conversaciones y otras vías de investigación; mi impresión es que ésta es todavía una sociedad machista en la que el papel de la mujer está relegado a un segundo plano y en el que se presencian injusticias que a cualquier observador de mentalidad occidental le resultan difíciles de digerir.

Bares llenos sólo de hombres que toman cerveza por las noches mientras sus mujeres les cuidan a la camada, niñas que son educadas en la convicción de que al marido a que servirle y diarias escenas con sintonía de NODO me llevan a la convicción de que la preocupación por el bienestar de sus mujeres no es la primera prioridad de muchos en Vietnam.

Bienestar,  en el sentido más amplio. He tenido ocasión -no demos más detalles- de conocer un poco las realidades de ciertas personas cercanas, y basándome en mis vivencias personales, los testimonios de terceros, los comentarios de mis compañeros e ingenieros, y por supuesto la información que me proporciona mi mujer, llego a la conclusión de que entre las sábanas también se dan estas grandes diferencias.

Entended que huya de fuentes y textualidades, pero lo cierto es que según parece, en mi generación y las anteriores, la cultura del goce femenino no ha sido muy bien entendida ni practicada, y en las palabras de quienes se sinceraron conmigo o con mi mujer en este sentido, prevalece cierta frustración por lo no explorado. Determinadas prácticas eran cosa de chicas malas o tipos raros.

Tabúes, inercia, falta de comunicación con el exterior y sometimiento de género. Sinónimos de insatisfacción femenina en cualquier país en vías de desarrollo. No hace falta volar a Vietnam. Probablemente nuestras abuelas nos hablarían de lo mismo.

Los tiempos modernos y las nuevas generaciones. Un cambio radical.

Una de las características más sorprendentes de la sociedad Vietnamita es la aparición de una rápidamente emergente clase media en las grandes ciudades. El desarrollo industrial y financiero de Hanoi o HCMC, con una notable proliferación de edificios repletos de oficinas y una notable oferta de puestos de trabajo, está resultando en el surgimiento de esta capa social que empieza a poblar el enorme vacío existente entre ricos y pobres.

Profesionales liberales, pequeños empresarios y la incorporación de la mujer al mercado laboral hacen que el número de hogares en los que entran dos sueldos o en los que las necesidades mínimas están cubiertas vaya en alza. Y todo ello, mezclado con los intrincados parámetros socioculturales que conlleva -acceso a la comunicación, incremento del nivel cultural, mayor independencia femenina...- resulta en familias que, quienes sentimos algo por este país, disfrutamos viendo: niños que estudian idiomas, internet en casa, vida social y algo muy importante: el giro de las antiguas prioridades hacia necesidades de un orden menos perentorio.

Es así como contemplo el nacimiento de este estrato en el que jóvenes parejas y sus hijos adquieren hábitos e inquietudes ajenos a sus padres: los relacionados con el ocio y el disfrute.

Y como no podía ser de otra manera, esta avalancha de modernidad tiene un reflejo en los asuntos de dormitorio. Internet nos asoma a cualquier sitio, y la velocidad de aprendizaje y adaptación del ser humano puede ser asombrosa...

Si queremos afinar más, podríamos decir que en la indefinida zona de los treintaytantos existe una frontera invisible por debajo de la cual, en las grandes urbes de Vietnam, los paisanos reaccionan a la llamada de la naturaleza con la naturalidad, apertura y presteza con que lo hacemos en nuestro civilizado occidente. Eso sí, arreglándoselas con los medios al alcance.

JÓVENES Y ADOLESCENTES. SOLUCIONES CON ENCANTO. 

Escribiros sobre esto me trae una sonrisa a los labios; quiero hablaros de algunas costumbres amorosas que sobre todo he observado en Saigón entre adoloscentes -y no tan adolescentes- y que me despiertan simpatía y ternura: la de ir al parque a besarse -nada nuevo- y besarse... ¡sobre la moto!

La verdad, no consigo poner todas las piezas del puzzle juntas, pero se me occurren varias razones que pueden haber desembocado en esta peculiar estampa que puede verse en las noches de los fines de semana en los perímetros de la mayoría de los parques de la ciudad.

Acaso sea la falta de asientos suficientes. Acaso la excesiva oscuridad de las zonas más internas del parque (alguien me dijo eso, pero yo lo vería más como una ventaja que un inconveniente, sinceramente). Acaso la falta de un lugar para aparcar la moto y tenerla vigilada o, quizás y para simplificar, pura costumbre.

Sea como sea, la imagen no tiene parangón. En los perímetros de los parques (no dentro, porque no se puede acceder con las motos) decenas de parejas aparcan sus vehículos a cierta distancia, se sientan uno frente a otro, en paralelo o cualquier otra combinación -que no hace falta ser morboso- y entre charlas, risas y tonteos, se entregan a la noble labor de besarse y a otras actividades asociadas.

La noche cae y los instintos aprietan, y llegan más motos. Y la distancia entre éstas se reduce. Así hasta que el recinto del parque se ve rodeado por un cinturón de motos que, separadas apenas un metro una de otra, reducen el concepto de intimidad al privelegio de saber que esa mano es tuya o de tu media naranja, y no de los vecinos de acera.
Parque Hoang Van Thu, en Saigón

Os vais haciendo con la idea. Una calle normal pasa junto a un parque, y cuando miras desde el coche, ves que las aceras -con sus farolas funcionando e iluminando el panorama- están ocupadas por una hilera de motos sobre las que jóvenes parejas hacen equilibrios para juguetear sobre los sillines de scooters y otros vehículos de dos ruedas.

Pero eso no es todo.

Por si la invasión a la privacidad no fuera suficiente, a la congregación de personal no podían faltar los que quieren hacer negocios, con lo que innumerables puestos ambulantes se instalan también en las ya abarratodas aceras para abastecer a los amantes de agua, refrescos o cualquier otra cosa que se les antoje.

Parece una feria. Tanto es así que te das cuenta de que ante la total exposición a las miradas curiosas, algunas parejitas -muchas- se echan por encima los impermeables -siempre prestos a proteger de una lluvia torrencial- o algún abrigo que, por casualidad, suele ocultar zonas situadas bajo el centro de gravedad del cuerpo.

Cuando veáis a una joven pareja en moto acarreando un abrigo a 30 grados... ya sabéis a dónde van.


LA COSA SE PONE SERIA. EL SIGUIENTE PASO.

No sólo de pan vive el hombre, y tanto equilibrio en la moto puede llegar a desequilibarle las neuronas a cualquiera, y como no es plan de montar el numerito en la acera ni ponerle los dientes largos al que vende el agua de coco a dos metros de ti, de nuevo la necesidad apremia al ingenio para buscar "soluciones" a las presiones internas.

La falta de infraestructura. un factor vital.

Es muy fácil instalarse en la sorpresa y los aspavientos, pero lo cierto es que lo que ahora os cuento no es fruto de otra cosa que la carencia de recursos. Muchos de nosotros hemos tenido coche desde los dieciocho, o una segunda vivienda familiar, o la de un amigo, o todo ello. Pero la mayoría de estas gentes no pueden costearse tales privilegios, y cuando las gónadas tocan retreta aparece un nuevo desafío.

¿Dónde leches lo hacemos?

Habitaciones por horas. Hostelería a su medida.

Pues sí. Como ya os estaréis imaginando por el título, la solución la trajeron los dueños de pequeños hoteles -normalmente de una estrella o incluso de categoría sin catalogar- que, ante la apremiante demanda, decidieron alquilar habitaciones por horas.

Estos hoteles se pueden ver por doquier, y sus dueños se encargan de que puedas identificarlos fácilmente mediante la instalación de grandes carteles donde se especifica el precio por noche, por dos horas, por una hora y, en algunos casos, hasta por media hora, para los más rápidos.

Lo del Simca 1000, pero en el Sudeste Asiático.

Durante mi primer mes en Vietnam, a comienzos del 2009, decidí quedarme en un pequeño hotelito que había justo junto a la oficina, porque quería buscar casa en las proximidades y ésa era prácticamente la única manera. Tardé un par de semanas en preguntarme por qué algunas parejas se registraban en el hotel para marcharse tan sólo un rato después, duchados y sonrientes.

Cuando me enteré, le encargué a la dueña que comprara toallas y sábanas y que les bordaran el número de mi habitación si no quería que me marchara inmediatamente. Al día siguiente, ya tenía personalizado todo lo que consideré necesario.

Interrogada la dueña al respecto, me comentó que no era su intención que el negocio viniera de la prestación de ese servicio -que no se anunciaba en ningún lado- pero que en los fines de semana la demanda era enorme, y que Business is Business...

PROFESIONALES DEL SEXO. LO ESPERADO MÁS UNA SORPRESA.

La prostitución está prohibida en Vietnam. Es ilegal practicarla y consumirla, aunque a la vista del mercado nocturno parezca difícil de creer.

No es mi intención disertar sobre el tema, ya que no he profundizado mucho en él, pero sí quiero haceros algunos comentarios para que sepáis qué suelo pisáis y no os llevéis sorpresas desagradables.

Chiquitas en moto.

Como ya describiera en mi primera entrada -¡hace más de cuatro años!- otro rasgo distintivo de este país es que las prostitutas, en muchas zonas, ofrecen sus servicios en moto.

Entiéndaseme. No es que la prestación del servicio se lleve a cabo en la moto. Es simplemente una forma de cubrir más zonas de trabajo con menos esfuerzo: las chicas se desplazan en moto y se acercan a sus clientes cuando éstos caminan por la acera, cruzan la calle o, en los casos más dinámicos, conducen su propia moto.

Si os movéis por el centro de Saigón o Hanoi, sois varones y vais caminando solos al anochecer, es bastante probable que se os acerque alguna. No seáis ilusos; es muy poco probable que hayáis ligado, por mona que os pueda parecer la chica en cuestión.

Os invito a leer mi primera entrada, cuando en uno de los correos hablo de la aproximación de la que fui objeto por parte de una de estas muchachas.

Karaokes y salas de masajes. Terreno de nadie.

A poco que miréis a vuestro alrededor, prácticamente en cualquiera de las áreas comerciales o aledañas cientos de neones, anunciando salas de masajes y karaokes de varias plantas, os marillearán las retinas hasta el paroxismo.




Jóvenes "masajistas" esperan a que lleguen
clientes mientras ven la televisión.
Existen decenas de buenos sitios en los que se puede recibir un fantástico y relajante masaje, y sabido es que los karaokes son una de las formas preferidas de diversión de habitantes del Sureste Asiático de todas las edades. Quizás sea por eso que es tan sencillo ocultar intercambios carnales tras las puertas de estos negocios.

Los masajes y la trampa del final feliz. 

A duras penas me he resistido a copiar y pegar aquí lo que escribí en 2008, pero prefiero que lo rebusquéis. Es muy divertido y prometo que me pasó de verdad.

Como ya os contara, en las salas de masajes se da mucho una prostitución de bajo nivel a la que, no sin gracia, se le llama "Masaje con Final Feliz" (Happy Ending Massage). El principio es muy sencillo:

Normalmente, las masajistas son jóvenes, y en muchos casos guapas (desconfiad donde veais que todas son jóvenes y guapas). De ahí que al placer inherente al masaje se una cierta cosilla por eso de ser acariciado por una veinteañera. Los aceities aromáticos, la música relajante y la baja iluminación terminan de crear esa atmósfera que da alas a la mente, y pronto te econtrarás con inevitables pensamientos sobre lo que pasaría si esas manos cambiaran de zona.

En ese momento, cuando tu imaginación te pierde y tu cambiante morfología te delata a través de la toallita que rodea tu cintura, la criatura desplaza sus manitas justo al sitio en el que estabas pensando. Y con carita de no haber roto un plato, te pegunta: "Happy ending, Sir?" ("¿Final Feliz, señor?")

Éste es un minuto crítico. La masajista usa todo su poder de convicción para que tu riego sanguíneo se desvíe en parte y no dejarte pensar con claridad, y en unos segundos puedes estar diciendo un "No, Gracias" o negociando el precio del servicio extra.

Sólo un consejo: leed de fuentes autorizadas acerca de las formas de contagio de las Enfermedades de Transmisión Sexual y las posibles implicaciones del servicio extra.

Para más datos, este servicio extra consiste en una ampliación del masaje allí donde tu toalla de delató. Que yo sepa, para otros asuntos más serios no se puede recurrir al centro de masajes. Aunque de todo habrá...

Karaokes. Estridencias y tocamientos.

Lo acabamos de ver. Los Karaokes son muy populares en muchas zonas de Asia, y en Vietnam lo son aún más. Grupos de jóvenes, trabajadores que salen de la oficina o deambulantes de la noche a menudo acaban en un karaoke tras compartir unas cervezas y comer algo, o directamente van allí a hacerlo. Porque en los karaokes también tienen servicio de bar.

Normalmente, los grandes karaokes no son pantallas con un micro en medio de un bar, donde te ves obligado a escuchar al prenda de turno emulando a sus ídolos de la adolescencia, a cincuentones cantando por Madonna o a Shaquiras que no llegan al fa: afortunadamente, en Vietnam, los karaokes suelen consistir en salas cerradas con sofás que, alrededor de una mesa, se orientan hacia la pantalla en la que elegirás qué gran éxito quieres destruir para siempre con tus gallos acervezados.

Camareros aparecerán inmediatamente tras ser llamados y tomarán nota de los pedidos, prestos a traer bebidas y alugunos aperitivos para acompañar. Curiosamente, los grandes fuentes de fruta son uno de los platos más solicitados.

Eso son los karaokes normales.

Los karaokes traviesos no son nada difíciles de distinguir, ya que en la entrada aguardan jóvenes vietnamitas vistiendo vertiginosas minifaldas y tacones de aguja, evidenciando que no están allí para cantar, precisamente.

En este caso, no sólo los camareros aparecen prestos a ofrecer sus servicios, sino que alguna de estas señoritas se ofrece en la entrada para acompañarte mientras cantas. Para disfrutar de la compañía has de pagar un precio adicional. No me preguntéis, porque no tengo ni idea de cuánto.
Por testimonios de amigos sé que después de varias cervezas, se procede a los tocamientos. Al principio, tímidas palmaditas en la pierna o el hombro, y, después, caricias más explícitas.

Es así como entre cervezas en el estómago y micrófonos en mano, llega un punto en el que el cantante declina su vocación musical en favor de una fugaz visita a habitaciones habilitadas ad hoc, u hoteles de las cercanías, de esos del precio por horas.

Me llevaron a uno de estos tugurios en Hanoi, y la verdad, la experiencia es degradante. En un ambiente inequívocamente sórdido, las chicas son expuestas a la entrada como ganado. Una especie de Patpong Tailandés en el que no pude evitar pensar que la mayoría de esas muchachitas son seguramente explotadas por mafias, o náufragas de la sociedad, avocadas a sonreír y regalar sus cuerpos a extraños.

Cada cual que se entienda con su conciencia. Por si alguien tiene dudas, he localizado este vídeo en Youtube, en el que unos clientes colocan una cámara en la mesa de un karaoke justo antes de que entren las chicas, dos de las cuales son "elegidas" tras un rato de indecisión.

http://www.youtube.com/watch?v=d2D0OInT0j0

Una simpática sorpresa (en mi opinión)

En Vietnam apenas he visto negros. La distancia física y factores socio-profesionales seguramente pueden explicar porqué su presencia aquí es menor que la de otros inmigrantes o expatriados, aunque no es ésa mi intención hoy.

Mi intención es compartir con vosotros un hallazgo que me llenó de sorpresa y, por qué no decirlo, me dibujó una sonrisa en los labios. Y es que resulta que, a pesar de ser una sociedad conservadora, a pesar de la aún reducida visibilidad hacia el exterior y -probablemente lo peor- a pesar de la mentalidad de "pueblo grande" que hará bastante difícil evitar que el vecindario esté pendiente de tu vida personal, en Ho Chi Minh City se da la prostitución masculina. Y con personal cualificado, pues resulta que a nuestras encantadoras, femeninas y frágiles vietnamitas también les atraen las magníficas cualidades por las que son conocidos los varones de raza negra.

A nadie le amarga un dulce...

Apenas había reparado en ellos, y jamás hubiera pensado que eran otra cosa que turistas o expatriados si no hubiera sido por las indicaciones de algunas de mis amistades.

Como datos adicionales, y siempre según lo que me cuentan, la clientela que con más frecuencia acude a consumir el producto de estos muchachos suelen ser mujeres locales de clase alta y expatriadas sin pareja o en busca de un suplemento.

EL TAMAÑO... ¿IMPORTA?

No seré yo quien abra un debate tan manido, tan subjetivo, y tan alejado de mis preferencias personales (todavía no me ha dado por ahí....). Suficientes enquilibrios en la frontera de lo provocador he hecho ya en esta entrada como para ponerme políticamente incorrecto o molestar a alguien.

Pero sí quiero contaros algo sobre la creencia popular en Vietnam, y que es bueno saber si vivís en este país. De nuevo: esto es el fruto de charlas de fin de semana con algunas de nuestras amistades. Dadle el valor que ello le confiere.

En general, la creencia de la que os hablo es que, por ser occidental, tu mentalidad de cara al sexo es mucho más abierta (como hemos visto, puede ser cierto) y la genética puede haber dotado a tu cuerpo de una mejor herramienta para tan importantes labores. La certeza de esto último, jamás la tendremos.

Estos mitos pueden explicar en parte el hecho de que ser extranjero te dé cierta ventaja a la hora de buscar pareja en Vietnam (unido otros factores como el exotismo, el estatus social o la estabilidad económica) Es gracioso pensar que por ser caucásico, se te presupongan unas características que predispongan al personal femenino en tu favor.

Espero no haber causado excesivas decepciones....  :o))

A modo anecdótico, os dejo aquí la foto de un preservativo que amablemente regalaban en un hotel en el que me alojé en Hanoi una de las primeras veces que fui, allá por el año 2009. Estaba en la mesilla de noche, y junto a él rezaba el típico cartelito "with compliments" (que podríamos traducir por gentileza de la casa) Llevaba muy poco tiempo en el país, y lo cogí para echar un vistazo. Por una cara, la literatura estaba en Vietnamita, aunque unos números me llamaron la atención: 5.2 cm... Entonces le di la vuelta, y resulta que  la literatura figuraba ¡en portugués!

Y sí. Lo que allí decía era que el largo nominal (largura nominal, para ser fiel al portugués) era de 52 mm. "¿No será el ancho?" No. El largo.
Algo de investigación me dice que probablemente la medida se refería al ancho nominal (en torno a los 50 mm para preservativos estándar)

Pero allí decía "Largo". Años después me he preguntado por qué no lo abrí para cerciorarme, pero no encuentro respuesta. Quizás tenía demasiado sueño o demasiadas cosas que hacer al día siguiente. Si me vuelvo a encontrar uno de ésos, lo abriré para despejar la incógnita.


He aquí la prueba. "Largura Nominal: 52 mm" (Hombre,
largo, largo... quizás no sea el mejor adjetivo...)

EL SIDA Y OTRAS ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL (ETS)EN VIETNAM.

Lamentablemente, como sucede en tantos otros países emergentes y buena parte de los países desarrollados, el conocimiento y la sensibilización acerca de los reiesgos del sexo no seguro distán aún mucho de alcanzar niveles aceptables en Vietnam.

El hecho de ser un tema tabú, hace que su tratamiento en colegios o en el entorno familiar sea muy limitado, coartando por tanto un acceso ordenado a la información necesaria para entender el potencial destructor del VIH y la devastación que el SIDA puede provocar en el organismo.





domingo, 15 de abril de 2012

DA LAT. LA CIUDAD DE LAS FLORES.



Da Lat es una ciudad que visité el año pasado, durante las vacaciones del TET. Esto hizo que a la irresistible belleza de los paisajes, la bondad del clima y la calidez de sus gentes, se añadiera una semana de esta inusitada tranquilidad que llega al país durante el año nuevo lunar, cuando todo se cierra y los correos electrónicos o el teléfono dejan de martirizarte durante siete días.

Por lo uno y por lo otro, las vacaciones en Da Lat las recordaré siempre como unas de las más gratificantes desde que vine. Intentaré revivirlas junto con vosotros.

Conjunción de virtudes.

Tanto colorido, buen humor y belleza arquitectónica no son fruto de la casualidad. Varios factores se han ido uniendo hasta dar como resultado esta pequeña urbe que resulta tan encantadora.

Los factores desencadenantes fueron la latitud y la altitud. En el Sur, las temperaturas son siempre altas, y existen sólo dos estaciones; la seca y la húmeda. En el Norte, el clima es más extremo, con cuatro estaciones en las que destacan las relativamente bajas temperaturas del invierno (mínimas de hasta 10 grados) y el sofocante calor del verano.

Y allí estaba Da Lat, ni muy al Norte ni muy al Sur, y a una altitud media de 1500 metros. Esta combinación de ideonidad de localizaciones le da a toda la meseta de Lang Biang un clima ideal con temperaturas que escapan del yugo tropical sin renunciar a las bondades del sol y las abundantes precipitaciones.

domingo, 8 de abril de 2012

POR LOS CALLEJONES.

Señora luciendo la típica dentadura oscurecida, de moda hasta mediados del sigo XX en el norte, vende pan, patatas fritas, café y otras bebidas en un callejón que viene a desembocar junto al número 59 de Hang Bo, en el "Old Quarter" de Hanoi.

Ya sabéis que una de mis aficiones es echarme la cámara al hombro y montarme en la bici para encontrar cosas interesantes que contaros o imágenes que mostraros a través de mi pequeña ventanita al mundo.

Como todo es diferente, todo es atractivo, intrigante o pintoresco, y si no es nada de lo anterior -la pobreza y el sufrimiento quizás encajen más con la definición de inquietante-, al menos se pueden sacar lecciones de lo que te rodea en este país cuando te dedicas a husmear en los rincones.

Y eso es precisamente lo que he hecho últimamente. Husmear por los callejones para contaros cosas sobre este micromundo que es el hábitat de la mayor parte de los habitantes de las grandes ciudades de Vietnam.


Ni un metro de ancho. Truong Chin. HCMC.

Como ya sabéis, la ordenación urbana no ha sido una preocupación tradicional en el país. De hecho, a pesar de que empiezan a detectarse los primeros esfuerzos por proporcionar un crecimiento ordenado y sostenible, la falta de medios de control, la popularidad de la construcción ilegal y la cultura arquitectónica de casas estrechas y alargadas, dan al traste con las buenas intenciones, y todavía se ven zonas en construcción donde las casas se disponen en grandes manzanas atravesadas por decenas de estas minúsculas vías que en ocasiones apenas alcanzan el metro de ancho.

La reacción inicial es de respeto o, si me apuráis, de miedo. No es de particular atractivo para un extranjero recién llegado al país el meterse en un callejón oscuro en el que cualquier posibilidad de escapatoria puede ser fácilmente eliminada y bajo cuyas sombras cualquier movimiento adquiere un aire siniestro.

Sin embargo, estos callejones no son más que la única foma de acceder a las viviendas de muchísimos vietnamitas, y esconden bajo su lúgubre apariencia pequeños oasis de zonas frescas que el sol nunca castiga, divertidos pasadizos donde jugar a la pelota o montar en bici puede tener entretenidas dificultades añadidas, o un importante examen de pericia cuando los paisanos hacen pasar por ellos todo tipo de vehículos con inexplicable destreza.

En definitiva, un submundo dentro de la masa urbana donde el sol, el ruido y la polvareda dan una pequeña tregua a sus habitantes, unos puntos en los que los olores de las cocinas, los sonidos de la actividad casera o la impudorosa falta de privacidad dan al observador una oportunidad única para conocer un poco más a estas gentes, sus intereses, sus constumbres, sus inquietudes y sus reacciones.

Espero que os gusten las fotos. Las tomé pensando en vosotros.

Un pequeño toldo, un puesto portátil, y ya tenemos un bar. Un negocio muy
adecuado en un punto de paso obligado para decenas y decenas de viandantes.
Niños juegan a la pelota mientras una vendedora de naranjas se aproxima con su carro.



Vecinos miran al ciclista fotógrafo...
Bonito colorido entre las plantas y una especie de bar. Una escena muy típica.


Los Voladizos, una solución inteligente:

Cuando el espacio escasea, la familia crece y la casa de enfrente se sitúa a poco más de un metro, la única forma de ganar algo de superficie útil son los voladizos de las plantas superiores. Esto, a la vez que da algo más de sombra que es siempre de agradecer, refuerza la impresión de confinamiento y, como en los casos que véis, puede situar tu balcón a sólo centímetros del del vecino de enfrente, en peculiar arcada que cierra tan extraña composición.



El voladizo, la única forma de ganar espacio.



Otro ejemplo.


¡Ups! Nos hemos pasado de longitud, niño...


Personajes entrañables:

Quiero hacer un apartado con algunos de los Saigonitas que en estos días de excursión por los callejones me han dejado un recuerdo especial. Por simpáticos, por amables, por quere salir en las fotos... cada uno por una razón. Todos geniales.

Va por ellos.



Este caballero me pidió una foto... ¡con la bici!



Simpático abuelo que se ha traído el sofá a la calle. Probablemente,
la única manera de aguantar el sofocante calor y echar un cigarrito.


Encantadora esta señora a la que compré un bizcocho. Le dije que iba a salir muy
 guapa, y fijaos que sonrisa más simpática me dedicó.


Esta vendedora me regaló un plátano. Estaba delicioso.

Lo de este paisano fue muy simpático. Estaba tumbado en su hamaca cuando
quise hacerle la foto, pero se levantó y se puso firme como un soldado. No hubo
manera de explicarle que yo prefería hacerle la foto en la hamaca...









d



sábado, 7 de abril de 2012

CURIOSIDADES. COMIENDO COCODRILO

Este vídeo que os cuelgo es algo antiguo, porque hace ya más de dos años que fui a Camboya y, entre otras mil locuras -como perderme en la jungla, meterme en una aldea de chabolas o dejar que el conductor del TukTuk me llevara de marcha (...)- vi un sitio en el que servían carne de cocodrilo y no me lo pensé antes de sentarme y pedirlo (abundan en las zonas inundadas del inmenso lago Tonle-Sap o el Mekong)


Si os fijáis en la pizarra, veréis anunciado el cocodrilo y serpiente. Ummmm



video

Como os digo en el vídeo, no es nada especial, sabe así como a pollo pero tiene una textura menos carnosa (quizás algo plástica, como entre pescado y calamar). En fin, más que una exquisitez, un capricho aventurero.

En concreto, el suceso acaeció en Siem Riep, la famosa ciudad de los templos de Angkor, en una zona comercial que hay en el centro.

Os mando un saludo. Espero que os guste.

sábado, 3 de marzo de 2012

CASARSE EN VIETNAM. UNA EXPERIENCIA ESPECIAL.


Sería difícil tratar de destacar alguno de los muchos ritos, costumbres y escenas del día a día de Vietnam que a cualquier occidental nos resultan llamativas. Quizás no sea lo más impactante, pero sin duda, la mezcla de exotismo, colorido, ceremonia y ritual que rodean a la boda tradicional Vietnamita la convierten en una de las experiencias más especiales que, como extranjero, puedes vivir en el país.

Si además eres uno de los dos protagonistas, entonces el atractivo se multiplica. Intentaré explicaros hoy cómo se celebran habitualmente las bodas en Vietnam, y cómo se siente un europeo sumido en acto de pura cultura China celebrando lo que, independientemente de la ceremonia que se adopte, ya es en sí un día complicado.

DOS CEREMONIAS. PARA DAR VARIEDAD.


 Los asiáticos, muy celosos de su tradición y los ritos que se han venido heredando durante siglos, suelen intentar preservar parte su cultura, protegiéndola de los ataques de la modernidad y el pragmatismo a los que el mundo occidental ya sucumbió o va sucumbiendo poco a poco.
Y las bodas son un caso paradigmático: para no dejar que las ansias de imitar otros estilos de ceremonia acaben por contaminar el misticismo del casamiento tradicional, se ha creado la costumbre de celebrar dos o incluso tres ceremonias, de forma que todos los gustos tengan cabida sin dejar de rendir honores al pasado.

Así, es habitual que una pareja religiosa celebre por la mañana la boda tradicional, a media tarde la correspondiente a la religión practicada, y por la noche el típico banquete a imagen y semejanza de los europeos o americanos, que tanto molan aquí.

En nuestro caso, optamos por la práctica tradicional -no me la habría perdido por nada- y después, por la tarde, por la invitación a los amigos y familiares al banquete (más glomouroso pero menos divertido, la verdad)

LA CEREMONIA TRADICIONAL PASO A PASO.

La ceremonia tradicional Vietnamita es en realidad China, y es que mil años bajo el mandato del vecino de arriba dejan huella. El principio es sencillo: familia del novio visita a familia de la novia, llevan determinados regalos, conversan y, si se obtiene permiso, se celebra sobre la marcha y asunto resuelto.

Esto, que nos puede sonar a folclore, es una realidad patente en un país en el que casi el 70 % de la población vive en el campo, generalmente en aldeas o pequeñas poblaciones en las que la cultura está todavía muy anclada en el pasado, y los matrimonios acordados entre familias están al orden del día.

Preparando la casa.

Los vietnamitas viven muy de cara a la galería. Probablemente fruto de su inminencia rural, la observación de lo que los demás tienen, hacen, o pueden permitirse es uno de los deportes favoritos. La rigurosa preparación de las casas puede tener algo que ver.

No quiero cachondeo ninguno... esto le
pasa a cualquiera. Así que a callar...


La vivencia del guiri: mi futura mujer lo organizó todo; fuimos a unas tiendas perdidas en la maraña de su Distrito y alquilamos o compramos los adornos. A saber, un arco de flores que había de poner en la puerta, un letrero con la leyenda "Recién casados" y unas letras adhesivas con nuestros nombres y la fecha de la boda -muy coloridas y brillantes, al estilo Vietnamita- que hay que poner en la pared en algún punto estratégico en el que después se tomarán decenas de fotos.

El arquito de marras, que se caía cada vez que lo dejaba solo.

Ahí me teníais, pegando letritas en la pared (el pegamento debe de venir de la NASA o algo así, porque todavía están intactas y me da miedo tirar demasiado, a ver si me traigo los ladrillos...), montando el arco de flores y, por supuesto, poniendo orden por doquier (que después los que han estado allí se ponen a largar, claro).
Los recipientes con la fruta, esperando a la tortura del día siguiente

Quiso la casualidad que estuviera en el extranjero durante una semana entera hasta justo dos días antes de la boda, con lo que ya os imagináis que hube de hacerlo todo en el último momento.

Las letritas... todavía están en el mismo sitio. Intactas.
Un numerito.


Preparando la comitiva.

Esto es aún más divertido. Como os he comentado, el origen de todo esto es el acto de petición de mano, entrega de regalos y acuerdo entre las familias. Una comitiva encabezada por los padres, seguida por el novio y coronada por los amigos y familiares jóvenes del mismo transportan parsimoniosamente las viandas y delicados presentes desde la casa del susodicho a la casa de la susodicha.

Con lo cual, para hacer bien la cosa, has de tener familia, amigos y regalos.

La visión del guiri: Yo no tenía ninguna de los tres requisitos. Los amigos que tengo son algo mayores, y de varias nacionalidades, así que me resultaba imposible encontrar a cinco o seis jóvenes vietnamitas, disponibles y dispuestos a ponerse el traje típico y cargar con las viandas por mí...
Mis padres, los pobres, no están ya para estos viajes, y no pudieron venir. Y los regalos típicos... ¡para regalos típicos estaba yo! ¡si acababa de llegar de un viaje!

Afortunadamente, para todo hay solución, y aquí viene lo divertido.

Resulta que una tía de mi mujer, Vietnamita, que vive en Estados Unidos y está casada con un Americano, decidió venir con su marido a la boda. Ella, pasados los cincuenta. Él, en la puerta de los sesenta. Ella asiática y morenita. Él, medio rubio y blanquito, y algo bajito para su nacionalidad.

Y yo, ni moreno ni rubio, ni de piel blanca ni oscura, más bien bajito para Europa y con ojos que se me achinan cuando me río... me volví en el hijo perfecto para los tíos de mi mujer. O mejor dicho, ellos se volvieron los padres perfectos para mí.

Ya tenía padres.

Lo de los amigos se resolvió de forma bastante más prosaica... los alquilé. Tal y como se lee. Existen grupos de jóvenes (normalmente estudiantes) que se ganan un dinerito con esto de las bodas. Los suelen escoger por juventud y estatura, y los tíos son auténticos profesionales de la cosa. No hay que comprarles el traje, porque ya lo tienen, y sonríen, gastan bromas, posan y yo creo que serían capaces hasta de emocionarse con la pedida de mano, si se les pidiera (y se les pagara). A razón de 150.000 dong por cabeza (unos 6 euros), mis seis flamantes amigos, primos, o hermanos, o lo que sean, me salieron por 36 euros.

Ya tenía amigos y familiares.

Lo de los regalos típicos se solucionó de similar manera: alquilándolos. Así, en otra tienda a la que me llevó mi señora, entre gente sentada en el suelo atando lazos en torno a cajitas de colores, chavales cortando papel de envolver, unos abuelos comiendo en la acera junto a la entrada, y un perro muy pequeñito pero que me miraba mal y me ladraba continuamente, atinamos a encontrar todo lo necesario para cumplir con el ritual de llevar los regalos. A saber, unas cajas de metal cilíndricas con tapadera convexa y pinturas chinescas sobre fondo rojo, en las que introducir los regalos. Unos tapices con inscripciones en chino y vietnamita, con los que hay que tapar las cajas. Frutas varias y pasteles de arroz envueltos en hoja de platanera, para meterlos también en las cajas, y una bandeja en la que, el día de la boda... ¡APARECIÓ UN CERDO ASADO!

Sí. Un cerdo enterito, recién asado que trajeron a mi casa a las 7 y media de la mañana y que dejó su aroma en la tapicería del sofá hasta que tengamos hijos en la universidad.

No me lo podía creer. Cuando quise darme cuenta, un montón de gente estaba en la casa, yo, medio dormido, me había encasquetado el traje de monagillo oriental ese con el que me casaron, mis padres de mentira me arropaban como si fueran los auténticos y el cerdo asado aromatizaba para siempre mi mobiliario mientras los flashes y la cámara de vídeo se cebaban conmigo en mi último día de solterito de oro...


YA LO TENÍA TODO.

Entonces empieza la parafernalia. Mis padres me ayudan a darle a mis amigos -o lo que sean, llamémoslos "los chavales"- todos los regalos, uno por uno y con mucha parsimonia y cuidado de salir en las fotos.

Y cuando todos tienen sus parte de carga, comienza la comitiva. la teoría dice que hay que ir andando hasta la casa de la novia, pero en mi caso eso son unos 6 kilómetros, así que anduvimos hasta el coche; o sea, que cruzamos la acera.
Después, el coche nos dejó a unos cien metros de la casa de la novia, e hicimos la procesión a lo largo de la calle, bajo la maraña de cables de los tendidos eléctrico y telefónico, cuidando no caernos en ninguna arqueta, y siempre ante la atenta y atónita mirada de los vecinos y curiosos, que decían algo de "Nguoi Tay" (extranjero) y "Cuoi" (boda).

Yo los miraba y sonreía, a la vez que los saludaba: "Xin Chao!"

En fila por la calle, guiri y vestido de monaguillo chino. Un numerito.
Entonces se llega a casa de la novia, y allí están "las chavalas" -llamémoslas "las chicas"-, que esta vez no eran de mentira, sino amigas, primas y la hermana de mi mujer. Ellas esperan en la entrada, colocadas en fila, y los chavales se colocan frente a ellas, cargando los regalos, formando un pasillo al final del cual los padres de la novia esperan sonrientes (el padre de mi mujer falleció hace años, así la que nos esperaba al otro lado del pasillo era mi eternamente joven suegra)

Las chicas, junto con una tía de mi mujer, y la abuela.

Tras desplazarnos, mis padres y yo, entre las jóvenes hileras, saludamos a la familia de la novia y se procede a la entrega de regalos. Los chavales ceden cuidadosamente las cajas a las chicas, en bonita escena cargada de miradas cómplices y sonrisillas (empecé a entender otro aliciente del trabajo de los chavales...)


Mi suegra, la que no envejece, y yo, presenciando la entrega de regalos.

Es el momento de la pedida de mano. A falta de padre de la novia, mi padre de mentira se dirigió a la persona de mayor rango (la abuela, por edad) y explicó que el motivo de la visita era solicitar permiso para que yo me casara con la niña. Los regalos fueron expuestos sobre la mesa del salón y la simpática abuela de mi señora dijo que estaban encantados de recibir la noticia y que no había ningún inconveniente para que se llevara a cabo la boda.
 Ja, menos mal. Llevábamos más de dos años saliendo... vaya marrón si hubiera dicho que no...

Fue éste el instante que elegí para -involuntariamente- generar la anécdota de la boda: tras la petición de mi padre de mentira, se suponía que yo diría algo, y por esto de quedar bien -y puesto que nadie en la familia de mi mujer habla inglés- me decidí a decir mis palabritas en vietnamita. Que hola, que qué tal, que vengo aquí porque quiero casarme con la niña y que dónde está. Todo muy bien, todos encantados con el guiri hablando, hasta la última frase... resulta que en vez de "Con me dang o dau?" (dónde está su hija), dije "Con den o dau?", y en ese pequeño matiz pasé a preguntar a todos que dónde estaba. Algo así como "¿A dónde he venido?"

El cachondeo fue pequeño... Un estallido de risa general inundó la habitación, y cuando se lo tradujeron a mi padre de mentira, empezó a vociferar "¿dónde estoy? ¿quiénes sois? ¡qué confusión!"

Más risas.

A partir de este punto, todo pareció discurrir más lento. La novia aparece, bellísima en su Ao Dai rojo, y he de hacerle entrega de los regalos, y tras ello se produce el intercambio mutuo de los anillos. Después, la procesión de familiares se va acercando, felicita a la pareja y les dan el sobrecito, y tras ello se rompe en aplausos para dar la enhorabuena a los recién casados.

Misión cumplida.



No penséis que esto termina aquí. Siguiendo similar rito, la hilera de chicas devuelve las cajas vacías a los chavales, y la pareja, ya marido y mujer, presiden la celebración en la que las viandas traídas son consumidas con alegría por parte de los familiares, normalmente en la calle o -si la logística lo permite- en la casa de alguno de los cónyuges.

En nuestro caso no fue así, ya que el banquete tendría lugar por la noche, a la hora de la cena.

EL BANQUETE. UNA OPORTUNIDAD PARA DESLUMBRAR.



Bien pensado, lo que os voy a contar puede ser a plicable a un buen porcentaje de nuestra población, pero dejémoslo como la observación externa de lo que aquí se hace, sin entrar en comparaciones.

Como digo en el título, en el banquete lo más importante es deslumbrar. Lo habéis leído en multitud de entradas: los vietnamitas viven muy de cara a la galería, y el hito de la boda se rige en gran parte por el principio del "Y yo más"

La ubicación de la fiesta.

Lo primero que se suele estudiar para ser más  es el lugar de la celebración. Cuanto menos discreto, más brillos, modernidades y -muy importante- más rimbombante el nombre, más mola.

Así en Ho Chi Minh abundan los centros especializados en bodas, donde tras doradas letras góticas con nombres como "White Palace", "Golden Ceremony" o similares denominaciones de particular gusto, te esperan voluminosas salas de recepción con techos altos de los que cuelgan lámaparas de araña, columnas góticas y paredes paneladas en madera lacada, con intendidad de iluminación más propia de un estadio y globos, muchos globos de muchos colores.

En las bodas a las que he asistido en estos años, unas chicas muy elegantes te reciben a la entrada y consultan una lista con decenas de parejas, indicándote la planta y el número de la sala a la que has de dirigirte. Es entonces cuando te das cuenta de que el sitio es una especie de factoría de celebraciones que produce banquetes de manera industrial. Las escaleras están llenas de enchaquetados o maquilladas que van de un lado a otro, y cuando entras en los pasillos compruebas que a ambos lados hay puertas y más puertas con la foto de los novios suscrita por sus nombres.

Vaya negocio...

Curiosidades.

Es tanta la distancia física y social, tanta la profundidad del abismo cultural y -lamentablemente- tan grande la diferencia en acceso a dereminados refinamientos, que las reacciones del vietnamita de la calle me despiertan más ternura que parodia, más paternalismo que crítica y más comprensión que sorpresa.
No son como nosotros -o nosotros no somos como ellos-, no han recibido nuestra educación -a veces para bien, a veces para mal- y no han tenido alcance a nuestras comodidades y caprichos; y esto puede hacernos malinterpretar sus acciones y reacciones, fruto, al fin y al cabo, de un presente muy rural, una escolarización muy básica y ese pragmatismo lógico de sociedades que en vez de vivir, sobreviven.

He aquí algunos ejemplos de eso que a nosotros nos parecerían rarezas.

1. La bebida por excelencia es la cerveza (con hielo), y ya puede haber disponible lo que haya, que la cerveza es lo más demandado. En nuestra celebración había una selección de las mejores bebidas de varios países, incluidos vinos franceses y españoles, güisqui escocés "etiqueta azul" o una marca de Champán de Francia que todo el mundo conoce.
El 95% del volumen consumido fue cerveza. Sólo mi jefe, un amigo de España que vive aquí y algunos directores de la empresa bebieron de las delicatessen.

Esta "exposición" me la encontré cuando
ya era demasiado tarde... otra muestra más
de esta obasesión por enseñar.

2. La fiesta termina cuando se termina la comida, tras la tarta y el brindis. Que nadie piense en esas bodas nuestras en las que se cena, se re-cena, se le da caldo a la gente a media noche y hay que echárselo por encima para que se vayan por la mañana.  Aquí, tras comer, todos empiezan a levantarse y a irse. La pareja ha de acercarse a la puerta y despedir a todos para que nadie se sienta desplazado. Ellos no vendrán a la mesa a decirte adiós.
Esto me dejó una sensación de sobremesa interruptus un poco desagradable, porque me perdí la parte de bromas, charlas y compañía que a nosotros nos suele apetecer tras la comida.

3. El pianista, un incomprendido. En principio, lo del piano fue un guiño a mi sibaritismo que puso de manifiesto mi magnífico desconocimiento sobre las preferencias locales (del que mi mujer, entiendo que a modo de concesión, no me dijo nada). Jazz, música clásica y piezas archiconocidas salieron de las manos de nuestro particular Richard Clayderman, sentado tras tan bello instrumento que hay que pagar hasta la última nota. Un toque de elegancia, pensaba yo. Demasiado ruidoso, o no descansó ni un minuto fueron algunos de los comentarios que mereció mi ocurrencia...
Ya sabéis. Nada de piano.

4. El micrófono, la estrella. Esto atrajo poderosamente mi atención en las bodas a las que fui. Aquí, es costumbre que todo aquél que tenga cierto papel relevante (padres, hermanos, vecino destacado...) o que sea lo suficientemente importante como para rendirle honores (alguien del Gobierno, algún rico, jefes, etc.) agarre un micro y deleite a la concurrencia con una larga narración de la relación desde el punto de observación que tuvo. "Una mushasha mú buena pa mi niño" "una pareja encantadora, el mú trabajadó, ella mú limpia", "Un buen hombre que no vuelve tarde a casa" y los consabidos deseos de felicidad, niños, salud y dinero.
En nuestro caso, he de reconocer que quizás me pasé de frenada y dejé que la distancia que me separa de esa costumbre pesara más que la concesión a lo que todos esperaban. Debiera haber agradecido a todos su presencia, haber hecho algún chiste con la nueva condición de casado y haber sugerido un "manos a la obra" con la cuestión de la descendencia. Esto los habría dejado satisfechos, pero entré en modo pánico cuando imaginé a una cola de "voluntarios" esperando a hacer su discursito sobre nosotros; y cuando el organizador de la cosa vino hacia mí, sonrisa de fábrica en la cara y micro en la mano, le indiqué disimuladamente que lo metiera donde nadie lo viera.

Probablemente un error. Como el piano.

5. Los sobres, sin disimulos. Al menos para mí, el momento de la entrega del sobre ha sido siempre un poco embarazoso. En las ocasiones en las que no he podido parapetarme tras el abrigo de la transferencia bancaria, me he sentido algo "cateto" metiendo los leuros en el sobrecito junto con mi tarjeta. Y creo que lo mismo le pasa a más de uno.
Sin embargo aquí, a la entrega del sobre hay que darle publicidad y ornamento. Tanto es así que a la entrada de la celebración, un cesto de mimbre en forma de corazón, lo suficientemente transparente como para que se vea el volumen de sobres ya introducidos, se coloca sobre una mesa en la que alguien de la familia sonríe amablemente a los que vienen y, de paso, supervisa el paso por caja...
Costumbres...


El punto de vista del guiri: Aunque os he contado ya muchos detalles sobre lo que yo hice, lo cierto es que no se trata de eso, sino de que entendáis la cultura local. Por satisfacer vuestras viscerales ansias cotillas, os diré que la cena tuvo lugar en un buen hotel francés en el centro de Ho Chi Minh City, que redujimos el número de invitados hasta apenas cincuenta, y que me sentí muy halagado por la presencia de amigos e ingenieros del departamento que volaron los 1200 km que separan Saigón de Hanoi, o por la de mi jefe, un gran tipo, que se trajo a la familia desde Kuala Lumpur, en Malasia, para acompañarnos en este día.
Realmente gratificante.


Como curiosidad, os dejo alguna foto del salón que escogimos, en las que veréis que hice una solicitud sobre los colores de los tapices del techo, que aludieron silenciosos a la bandera de España, cuyos colores, además, coinciden con el fondo y la estrella de la bandera de Vietnam.


Los colores nacionales de España y Vietnam presidieron la fiesta

EL PAPELEO. UN PASO IMPRESCINDIBLE.

Para los que lean esto con intención de casarse de verdad, y si lo hacen con alguien de nacionalidad vietnamita, quizás estas notas sirvan de guía, por más que no pretendo hacer una descripción pormenorizada.

Fé de estado:

Hay que obtener un certificado del Registro Civil Español en el que se diga que no estás casado con nadie. Esto se puede conseguir en el propio Registro Civil o, como fue mi caso, en la Embajada Española, donde me ayudaron amablemente haciendo la consulta con el Registro y expidiendo el Certificado Consular.

Solicitud de Aptitud para el matrimonio:

    1. Primero hay que ir al Registro Civil de la ciudad en la que estés (en HCMC está en la calle Pasteur, en el distrito 1), y allí se hace la solicitud de matrimonio, que consiste en rellenar unos papeles y pagar algo (unos 10 ó 20 euros, no me acuerdo). Tras rellenar los papeles, te dan cita para la entrevista -ya hablaremos- y te indican lo que tienes que llevar: básicamente, un certificado médico que se hace en un hospital local y los pasaportes de ambos junto con declaraciones juradas de las razones de la boda y unas fotos tamaño carné.

Certificado Médico: Esto es una rutina para obtener ciertos ingresos extra, puesto que el examen médico real es tan somero como tomarte las pulsaciones, medirte la tensión, preguntarte si padeces alguna enfermedad grave, pagar y firmar. Pero tiene sus pasos:

- Pide cita (el hospital al que ir te lo habrán indicado en el Registro Civil de VN al que hayas ido)
- Lleva las fotos de carné preparadas (hazte seis y así te acuerdas más tarde de lo joven que estabas antes de casarte)
- Ten paciencia al esperar la cola, pero si puedes, déjate ver junto a la persona que llama al siguiente, porque si eres el único occidental, probablemente te pasarán delante. No entro a valorar esto, pero a mí me salvó una hora de horario laboral.


Entrevista:

Esto es otra rutina que te quema los nervios. Ya con los "resultados" del certificado médico, que tardan como una semana, habrá llegado la cita con el funcionario o funcionaria de turno, que comprueba que el matrimonio no es de conveniencia y que hay una relación real. Para ello, lo aconsejable es:

- Imprimir fotos juntos, si habéis viajado y se identifican sitios claramente de otros países, mejor.
- Imprimir algunos emails antiguos en los que os decís cuánto os queréis. Toma invasión a la privacidad.
- Concretar con tu pareja la fecha en la que os conocisteis, dos o tres puntos importantes en la relación y cuándo decidisteis casaros. Parece una tontería, pero a veces es difícil acordarse de cuándo exactamente la amistad dio paso a la relación, y una incoherencia en esto puede no gustarle al funcionario/a, que puede utilizarla para complicarte la vida yendo a una segunda entrevista o pedirte algún favor en forma de papel del banco de Vietnam...
- Un poco de este papel, entregado nada más llegar, con la excusa de preguntar algo, puede ahorrarte cola. En mi caso no tuve tal necesidad, pues éramos los primeros, pero observé los movimientos de algunas parejas que, sorprendentemente, fueron rápidamente atendidas tras nosotros...

En la entrevista te preguntan sobre la relación (antigüedad, si conoces a su familia, cuántos hermanos tiene ella, cuántos tienes tú, de qué trabajas, etc) y después le preguntarán lo mismo a ella.

Ha de coincidir, claro.

Si dices algunas palabritas en Vietnamita, ayudará, pero te obligan a llevar a una persona que traduzca y que no puede ser familiar de ninguno de los dos (mi secretaria se lo pasaría bomba escuchando detalles sobre mi relación...)

En fin, espero que todo esto os haya sido útil. Ya sabéis un poquito más sobre mi segundo país, y cómo se vive esto de casarse. Ojalá os hayáis divertido.

Hasta pronto.