miércoles, 1 de diciembre de 2010

PERFUME RIVER. NAVEGANDO EN MEDIO DE LA JUNGLA













 








Hola, mis pacientes amigos.
Rompo hoy mi largo silencio para empezar a hablaros sobre una de las maravillas de este país, la excursión a Perfume River y Perfume pagoda.


Perfume pagoda es un conjunto de templos a unos 50 km al Sur de Ha Noi, en una zona montañosa sumida -como la mayor parte del país- en exorbitante jungla. Algunos de estos templos están cavados en la roca o aprovechan cuevas naturales de la misma, y la más famosa de las leyendas cuenta que hace unos 2000 años, un moje budista descubrió una cueva cuya entrada tiene forma de boca de dragón, y se mudó a vivir a ella, convirtiéndola en centro de culto que originaría el resto de actuaciones religiosas que se llevaron a cabo desde el siglo XVII en la zona.

En los últimos siglos, este área ha sido objeto de constantes peregrinaciones, ya que se crearon decenas de leyendas relativas a los favores que podían obtenerse de las distintas visitas y los corresondientes ritos.

Hoy, aún destino religioso, su potencial es ampliamente aprovechado por las agencias de viajes, que nos llevan a los guiris a reproducir algunas de las típicas peregrinaciones, quitándole la paz y el sosiego a la zona, pero añadiéndole millones de Dongs que. supongo, le otorgarán algún encanto desde el punto de vista local.


El viaje hasta el punto donde se comienza la excursión se hace penosamente largo. Una vez fuera de Ha Noi, las típicas estrechas e inseguras carreteras esperan al microbús para ponerte los pelos de punta en cada adelantamiento, incorporación de los variopintos vehículos de los que ya os he hablado o, y esto es la primera vez que lo cuento, paciente espera mientras búfalos u otros animales enormes cruzan la calzada causando atascos y accidentes...

Es a falta de unos 15 km cuando empiezas a advertir que el paisaje a tu alrededor es fantástico. En el horizonte, montañas de abrupto perfil y singular estrechez -similares a las islas de Ha long Bay- arrancan tonalidades verdes al azul del cielo. Al llegar, la consabida tienda de compras para turistas ya te ofrece crema antisolar a precio de oro, antimosquitos y agua para los despistados. Una mochilita con algunos de estos útiles traídos desde la ciudad es de gran ayuda, especialmente para el bolsillo...
El embarcadero se llena en seguida de gorras, gafas de sol, pantalones cortos y caras ilusionadas ante la perspectiva: decenas de canoas metálicas -calientes como una olla cuando te sientas en ellas- esperan al pasaje, comandadas por un o una vietnamita que remará río arriba durante una hora.
Una vez acoplados, comienza el viaje. Al fondo, las montañas que antes cubrían el horizonte te esperan para engullirte en una masa de jungla que yo nunca había visto antes. El batir de los remos en el agua acompaña rítimicamente a los millones de insectos, pájaros y otros animales que inundan la zona con sus respectivos sonidos.

La paz es casi como la vivida en Ha Long Bay.

En seguida os daréis cuenta de que el río es una especie de autopista por la que se mueven decenas de pequeñas embarcaciones acarreando material con el que negociar: cemento, armaduras y otros materiales de construcción, madera, huevos de pato y, por supuesto, pesca. Pero el tránsito no disturba la paz que te rodea. Antes al contrario, los vietnamitas remando en sus barcas recortan bonitas siluetas en el paisaje, a la vez que propician bonitas fotografías en la simetría de su reflejo en el agua.

Fijaos en este paisano, que transporta... ¡otra canoa!
Se tarda alrededor de una hora en llegar al embarcadero. un antiguo y enorme anuncio de Pepsi-Cola destroza la visión y hiere la vista como un dedo metido en el ojo... Se nota que por aquí pasan turistas...



Aparte la lesión publicitaria, el entorno no puede ser más alucinante. Tras el trayecto en barca, te encuentras sumido en medio de montañas, jungla, sonidos sin igual y un entorno histórico que te hace pensar en lo difícil del trayecto que durante años han recorrido tantos vietnamitas en peregrinación.
El embarcadero no es el Puerto de Sotogrande ... haciendo equilibrios sobre unas maderas consigues no meterte en agua hasta la rodilla, y pasas entonces a una zona donde unos cuantos restaurantes (por l
lamarlos de alguna manera) ofrecen un tentenpié o la comida previamente acordada con la agencia, y donde los vendedores empiezan ya su ataque a la caza del turista desprevenido.


Al loro con el colega haciendo equilibrios por la pasarela...

La excursión probablemente incluirá la comida, que se hace aquí. Debajo de unos toldos o chamizos de bambú, típica comida vietnamita es servida en típicos utensilios de dudosa limpieza, pero qué caramba, estamos en Vietnam, no el Sheraton. En seguida, la charla que probablemente empezó durante la travesía en barca continúa, y la comida se hace muy agradable compartiendo experiencias con visitantes que cuentan su periplo por le país o por el Sureste Asiático.




Tras la comida, se presenta el gran dilema de la excursión: la pagoda a visitar se encuentra a unos kilómetros montaña arriba, y aunque el camino está pavimentado y no es excesivamente abrupto, el calor, la humedad y los insectos son factores a tomar en cuenta antes de lanzarse... ¿caminata o teleférico?
Hay de todo, pero la mayoría optamos por subir en teleférico y hacer el camino de vuelta a pie, que cuesta abajo se hace más llevadero.

EL TELEFÉRICO. VOLAR SOBRE LOS ÁRBOLES.

La subida en el teleférico es una explosión de colores. Parece increíble que la tierra pueda ser aprovechada de tal manera por la vegetación. No queda un centímetro cuadrado sin algo verde creciendo sobre él, y el verdor sin fin que se aprecia desde el aire se torna noche cuando te adentras en la espesura, entre sombras, sonidos, coloridos -y terroríficos- insectos y un juego de asimetrías en la imparable lucha de ramas que buscan con denuedo un hueco por el que asomar sus hojas al sol subtropical.

En los diez minutos que dura la subida, todos nos quedamos pasmados mirando a través del cristal. Las cámaras echan humo, y sólo se escuchan frases de admiración (y alguno que suspira aliviado por no haber decidido subir andando)

Una vez desembarcamos, un camino de unos metros nos lleva a la entrada de la cueva en la que este señor decidió quedarse a vivir para convertirla en un centro de peregrinación y, probablemente de forma involuntaria, pasar a la historia como el descubridor de un bellísimo rincón que hace a diario las delicias de cientos de fieles y turistas, a la vez que supone un próspero negocio para las necesitadas economías familiares de los que se han instalado en la zona.
   No me dejaron tomar fotos en el interior, así que sólo esta
   con zoom puede serviros de referencia. Disculpad la baja calidad. 
LA BAJADA A PIE. SOMBRAS, SONIDOS E INSECTOS VENENOSOS


Una foto del camino de descenso. un pequeño sendero pavimentado entre
las sombras y los sonidos de la jungla.

Creedme: no estoy intentando dramatizar la narración: lo que escribo, y lo veréis en las fotos, no es más que la realidad: el camino pavimentado que baja hacia el embarcadero se convierte enseguida en un paisaje sombrío en el que aves y pájaros de lo más variopinto atraviesan el entramado de ramas a toda velocidad, emitiendo cantos y sonidos que a veces te pillan desprevenido y te dan un buen susto; vegetación de todo tipo te rodea y -de lo más impactante- arañas venenosas y otros insectos de aspecto espantoso se mueven sigilosamente por doquier...
En más de una ocasión escuché a turistas aterrorizadas gritando ante la presencia de una de estas arañas de unos veinte centímetros de diámetro y telas de uno a dos metros de largo (aquí caen hasta los buitres, decía un simpático turista Español que conocí en la cima y vino conmigo en el viaje de vuelta)
En ese momento me acordé de los soldados norteamericanos que participaron en la Guerra de Vietnam. Debió ser un auténtico infierno. Me imaginé joven e inexperto, asustado, lejos de casa, con uniforme de camuflaje y cargando 20 kg de equipo, hundiéndome en el barro y contemplando con horror cómo viet congs salidos de la nada mataban a mis compañeros, cómo terribles trampas mutilaban a otros o cómo arañas o tarántulas podían envenenarte durante la noche, si es que el dengue o la malaria no llegaban a través de las picaduras de los mosquitos... Y problemas digestivos en un sitio donde el agua potable es aún en el 2011 un privilegio, o las pirañas, los cocodrilos, las serpientes... los sonidos de una jungla plagada de desagradables sorpresas.

Tras unos cuarenta y cinco minutos o una hora, se llega a la zona llana que precede al embarcadero, y ahí te vuelven a atacar ofreciéndote recuerdos de lo más variado. Yo no compré nada, pero el consejo es el mismo: regatead. Estos sitios de turistas tienen precios que doblan los de las tiendas locales. No os dejéis engañar y pasad un buen rato diciendo en Vietnamita que es muy caro (dát quá) y obteniendo un precio razonable.
Bueno, espero que hayáis pasado un buen rato con esta excursión que hice hace ya más de un año, pero de la que no había tenido oportunidad de hablaros hasta ahora.

domingo, 4 de julio de 2010

INDONESIA. UN GIGANTE QUE SE DESPIERTA.






Hola, queridos.

Ha sido deseo del detino -y de mis jefes- que tuviera que pasar un par de días en Jakarta -capital de Indonesia- para empezar a establecer nuestra rama de construcción allí. Así pues, de nuevo os vais a encontrar entre estas líneas tantas ganas de contaros cosas como pocos datos, pues el esquema ha sido el habitual: 5 horas de vuelo-transbordo, medio día de descanso, 12 horas de trabajo, noche y 5 horas de viaje hasta casa.


Pero como menos da una piedra, espero haceros la mini-visita lo más interesante posible.



sábado, 19 de junio de 2010

SOLSTICIO DE VERANO EN EL PAÍS DEL SOL NACIENTE

Foto tomada el 21 de Junio de 2005. Cala de El Frailecillo. Conil de la Frontera. 21:50 h


Queridos -y abandonados- amigos.

A pesar del cuantioso lastre que arrastro tras de mí en mi cada vez mayor deuda literaria con vosotros, añado hoy otro motivo de espera que introduzca algo de interés a este monolítico rincón al que le sigo teniendo el mismo cariño que al principio, pero del que las cada vez más exigentes tareas a las que me dedico me tienen apartado.

Saben los más cercanos a mí que soy una persona de luz. Seguramente sea una más de las entrañables herencias que mi padre me deja: quiero sol. Me gusta despertar temprano y que la claridad ilumine mis planes, terminar de cenar y tener aún tiempo de ver atardecer. Perderme en el azul del cielo de mi tierra.

Es por esto que resultará fácil entender que para mí el día más especial del año sea el solsticio de verano. A saber, el 21 de Junio.

Ha sido tradición en la última década y media de mi vida acercarme a la playa al atardecer y seguir himnotizado el recorrido del sol hasta sumergirse en el horizonte cercanas ya las diez de la noche.

El año pasado no tuve oportunidad de acudir a mi cita. El mar de mi Cádiz querida no me encontró aquella tarde; en su lugar, el peculiar "skyline" de las afueras de Ho Chi Minh City fue todo lo que pude contemplar en aquel instante.

Este año, la cita se torna más excitante: En vez de ver el sol ponerse tarde, lo voy a ver salir temprano. En el sitio donde más temprano sale. En el punto donde el tiempo empieza a contarse, donde nuestra ficiticia barrera temporal comienza su andanza cada día:

En el Imperio del Sol Naciente.

Me voy a Japón.

Estaré allí cuatro días por trabajo. Espero traer en la mochila alguna foto que pueda interesaros. Entretanto, que alguien se vaya a alguna playa de la provincia de Cádiz y, a escasos minutos de las diez, cuando el sol se vuelva una elipse anaranjada a la que se le puede mirar cara a cara, se disculpe en mi nombre por no estar presente en tan maravilloso evento.

Disfrútelo quien pueda.


Para que veáis que no os miento, fijaos la hora a la que el sol salió en Tokio el día 20 de Junio, de acuerdo con el periódico que me dieron en el avión: las 4 y 27 minutos de la mañana... (reconozco que me levanté un poco más tarde...)









CAMINO DEL IMPERIO.


El vuelo a Japón me obligó a madrugar, pero supuso por ello una experiencia adicional: ver despertar el país desde 35.000 pies de altura a las 6 de la mañana con un cielo en buena parte despejado. Por razones que ignoro, el comienzo de la ruta fue diferente al recorrido habitual cuando se vuela hacia Ha Noi o Nha Trang, hacia el noroeste de HCMC. Durante unos cuarenta minutos sobrevolamos zonas fronterizas con Tailandia, Camboya o Laos. Es impresionante contemplar tanta extensión de vegetación. Las junglas que fueran un día devastadas por los herbicidas arrojados por los americanos ha vuelto por sus fueros, restituyendo a esta maqueta a escala real el musgo que otrora le fuera arrebatado. Los kilómetros se dejan atrás en una interminable sucesión de tonalidades verdosas. Pequeñas concentraciones de viviendas, apenas visibles bajo los árboles, y serpenteantes ríos de color marrón a veces interrumpidos por embalses son las únicas notas discordantes en la uniformidad del paisaje. Ni rastro de carreteras, líneas eléctricas, ferrocarril o parques eólicos; sólo jungla en las llanuras y bosque en las elevaciones montañosas. Cuánto terreno intacto queda todavía en este país.


Un fantástico alabeo de sesenta grados a la derecha y otros diez minutos sobrevolando zonas ligeramente más elevadas, y alcanzamos las costas del Este, en el tercio sur del país. El mar de la China nos recibe abrazado a la tierra en las largas y estrechas playas de Nha Trang. El verde da paso al azul, las montañas y los caminos, a los frentes de olas y las estelas de algunos barcos de transporte de gran calado. Con el zoom de la videocámara puedo distinguir barcas de pescadores regresando a la playa tras una madrugada de pesca, atisbo lo que podrían ser gaviotas revoloteando a su alrededor en busca de desechos que aprovechar.

El mar acapara el horizonte, por lo que deduzco que nos hemos alejado lo suficiente como para no sobrevolar el tristemente famoso golfo de Tokín, donde un turbio incidente dio a los Estados Unidos la excusa para iniciar la Guerra de Vietnam.


Una guapa azafata me pide cortésmente que baje la persiana de la ventanilla. Finalizado ya el desayuno japonés a base de pescado, verduras y fruta, el pasaje se dispone a reponerse del madrugón. Me acomodé la almohada y me uní a la mayoría mientras repasaba con los ojos cerrados las imágenes que acababa de ver. Las frases que ahora os escribo dejaron de acumularse en algún rincón de mi mente cuando sucumbí al sueño.


Desperté sólo cuarenta y cinco minutos más tarde, ayudado por los nada glamourosos sonidos que emitía mientras dormía el señor sentado detrás de mí. Levanté la persiana para comprobar que a mi izquierda, al fondo, impresionantes montañas se elevaban miles de metros, quizás los comienzos del Himalaya. Bajé la persiana justo a tiempo de evitar que la guapa azafata –con mirada reprobatoria, esta vez- me pidiera que la bajara. Empezó a ser menos guapa.

Tras varias furtivas elevaciones de persiana sin grandes descubrimientos, me encontré con que pasábamos sobre un conjunto de pequeñas islas de las que pueblan a millares el Océano Pacífico. Con dimensiones máximas que apenas superarían el kilómetro, playas de arenas blancas y grandes extensiones de agua turquesa envolvían su perímetro. Algunas de ellas mostraban pistas de aterrizaje que las atravesaban prácticamente de punta a punta, y sus aguas eran surcadas por algunas embarcaciones que se me antojaron de recreo. En otras -la mayoría- sólo algunas pequeñas construcciones jalonaban determinados puntos de la costa, dando al resto de la superficie un aspecto salvaje y paradisíaco que me hizo soñar con atardeceres entre palmeras, horas de colorido submarinismo y guapas indígenas de pelo largo y piel brillante…


Necesito unas vacaciones.


El resto del vuelo transcurrió entre capas de nubes bajas y altas, con lo que nos encontramos volando entre un "sandwich" blanco que impedía cualquier visión. Sólo cuando enfilamos la pista en la senda de planeo atravesamos la capa de nubes bajas justo a tiempo de ver aparecer la nayor isla de este archipiélago que es Japón, luciendo unas poco atractivas playas de arena grisácea, enormes superficies de zonas industriales y multitud de campos de golf en los alrededores del aeropuerto internacional de Tokyo-Narita.


YOKOHAMA Y TOKIO. DOS REALIDADES DIFERENTES



Las oficinas de mi empresa se encuentran en Yokohama, ciudad satélite de Tokiyo y acttualmente colindante ésta. Fue ésa la razón por la que la mayor parte de los pequeños ratos de ocio sacados a los cuatro días que he pasado trabajando en el país los haya disfrutado en Yokohama, con sólo una fugaz escapada par cenar a la capital para poder decir que estuve allí...




Tokyo.


Tokyo es una de las mayores y más activas ciudades del planeta. El milagro económico llevado a cabo por los japoneses en los sesenta y los setenta, conviertiendo un país devastado por las guerras en la primera potencia mundial en tecnilogía y la segunda en economía, tuvo mucho que ver con la apuesta gubernamental por el desarrollo tecnológico, las infraestructuras y los negocios de manufactura, que concentró gran cantidad de factorías en torno a la capital y desembocó en un crecimiento desorbitado que la condujo a su actual población en torno a los 13 millones de habitantes (en 1965 era la ciudad más poblada del mundo)

Allí fui por la noche, tras el primer día de las jornadas de trabajo en gestión de construcción, con dos ingenieros muy simpáticos y la secretaria del director general, con el que almorzaría al día siguiente. Lo primero que me impactó fue tener que pasar tres cuartos de hora atravesando ciudad en un abarrotado tren express que no para en estaciones intermedias y que se mueve a aproximadamente 70 km/h. Pero al llegar al centro -cuyo nombre, lo siento, ni recuerdo ni podría escribir por tener sólo un plano en Japonés- un espectáculo de rascacielos, luces, infrestructuras en el límite de lo irreal y miles de negocios con coloridos anuncios me esperaban para recibir mi estupefacta reacción. La ciudad se mueve cual grabación acelerada en un 30%. Vehículos, semáforos, hombres de negocios, gente en bicicleta, peatones... todo parece desplazarse a una velociad superior a la normal. Eso sí, dentro de un orden, limpieza y respeto inimaginables en tal entorno. Sólo puede llegar al atardecer, con lo que la mayoría de las fotos que tomé son de noche. Disculpad la falta de claridad y calidad.



Mis colegas me llevaron a un famoso restaurante en el que George Bush comió en la última visita oficial que prestó al país, y que es foco de comidas de personajes ilustres. Es en los restaurantes de los países de origen donde descubres cuán pobre es la comida que tu tierra te venden como típica de esos lugares. La verdad, anunque similar en algunos aspectos a los restaurantes japoneses que he conocido en nuestro continente, el sabor, el ambiente y la liturgia oriental sólo pueden vivirse aquí.


Los zapatos a un lado, nos acomodamos en el típico entarimado donde un hueco invisible bajo la mesa te permite sentarte normalmente pero hace que, observado desde fuera, parezca que estás sentado en el suelo. Eso sí se ve en los "japoneses" de barrio europeo. Un incontable número de pequeñas fuentes cargadas de pescado crudo, verduras, sopas, arroz cocido con frituras de verduras (tempuras), carnes a la plancha y exquisitas bebidas a base de néctar de flores, acompañadas del fuerte pero digestivo Sake, cambiaron mi concepción de la gastronomía Japonesa en cuestión de un par de horas.


Una curiosidad: al atún que aquí se come crudo y que me pareció exquisito, lo llaman "bonito". ¿Por qué será?


La experiencia fue fantástica, pues a la delciciosa degustación se unió una interesane charla sobre las culturas de tres países: Japón, España y Vietnam. Aprendizaje, camaradería y muchas risas rodearon una noche en la que conseguí olvidar el trabajo pendiente que me esperaba a la vuelta al hotel (no han sido los cuatro días de mayor cantidad de sueño en mucho tiempo, y no precisamente por ir de fiesta).


Al salir del restaurante, el calor del Sake en el estómago, los exquisitos sabores aún acariciándome y la interesante charla fresca en mi mente, aquél aquelarre de colores, luces, ruidos, edificios imposibles y masas ingentes se me antojó más agradable y excitante, a la vez que me hizo recordar la calidad de vida en mi Jerez de la Frontera natal, sin atascos, metros atestados de viajeros somnolientos, precios astronómicos y con cercanas playas adonde llegar en diez minutos.


Yokohama.


Yokohama empezó como anexo industrial de Tokio, y su rápido crecimiento la llevó a la vez a convertirse en la segunda mayor ciudad del país y en un residencia de todos aquellos que prefieren escapar de la locura de la capital y aopstar por algo más de tranquilidad en un núcleo urbanísitico que, a pesar de acoger a casi cuatro millones de personas, se intenta desarrollar siguiendo los modernos patrones de ciudad jardín, con zonas verdes y espacios abiertos tratando de abrirse hueco entre impresionantes rascacielos residenciales o de oficinas. Sólo me moví por el centro, en los alrededores de la oficina, con lo cual no sé si mis conclusiones son extrapolables al resto de la ciudad. Por el momento podría decir de Yokohama que transmite un ambiente equilibrado pero exclusivo: bellos parques, familias paseando en bicicleta, niñeras observando a los chavales jugar sobre el césped y armoniosas proporciones en vías no excesivamente congestionadas. Pero con una pinta de caro que me recordó a los elitistas condominios de Singapur.


Mención especial merece un parque de atracciones desde cuya noria se puede apreciar la ciudad en primer plano y el adyadente Tokyo perdiéndose en el horizonte, todo estructurado por una impecable red de infraestructuras que, a pesar de todo, se queda corta para tanto japonés...



EL PAÍS DE LA ELECTRÓNICA.

Ejemplos podría daros muchísimos. Desde los robots-policía que no son más que muñecos vestidos de policía que hacen determinados movimientos de forma programada para que no los distingas de los de verdad y bajes la velocidad, hasta los taxis cuya puerta se abre y cierra sola para no hacer al taxista abandonar su puesto, pasando por mil detalles sorprendentes.

Pero uno de ellos llamó mi atención sobre todo lo demás. Uno de ellos cambió mi vida durante los días que estuve en el hotel. Uno de ellos me marcó para siempre....

¡EL RETRETE CIBERNÉTICO!

Como os digo, este invento ha marcado un antes y un después en mi vida. En Asia es muy típico que, en vez de bidé, junto al retrete haya una mangerita de pequeña longitud con un grifo de gatillo al final. Se apunta con la manguera al punto elegido y se aprieta el gatillo. Aguita fresca y caudal abundante.

Una solución brillante...

Pues bien. En Japón, como no podía ser de otra manera, tienen este tipo de elementos... pero electrónicos. Cuando, una vez sentadito en el trono, reparé en el cuadro de controles por primera vez, me pareció haber cumplido my sueño y estar sentado a los mandos de un F-18.

Pero no. Era el retrete, que tenía más botones que una camisa de Gasol.

El bicho había detectado mi presencia (la verdad, tengo perfiles más fotogénicos) y se había encendido automáticamente, indicándome con dos luces destellantes que la temperatura seleccionada para el asiento era baja, y que estaba en modo "preparación".

¿Preparación? ¿cómo sabe éste que estoy en modo preparación? ¡Pues claro que estoy en modo preparación, listo, si no no me habría sentado aquí! ¡Llevo en modo preparación desde que me monté en el taxi!

Pero no se refería a mí. Se refería a la preparación de la temperatura del asiento y de los chorritos de agua...
Transcurridos unos segundos, y ya más relajado, empecé a curiosear los botones, ya más consciente de lo que tenía junto a mí. "Control de fuerza del chorro" "Modo ducha" "Modo bidé"
"Bueno... habrá que probarlo, ¿no?" Así pues, mi dedo tembloroso de la emoción se desplazó hacia el botón "ducha".

¡¡¡¡¡¡OOOOOOHHHHHHH!!!!!!!

Un ruidito sibilante delató el comienzo del movimiento de un pitorrito que sale de debajo de la parte trasera del asiento en concienzuda búsqueda de su objetivo. No sé cuántos fisiólogos habrán trabajado en el invento, pero el caso es que el pitorrito se detiene en el espacio en el punto justo para apuntar su chorro y dar en el blanco. ¡Pero justito, justito en el blanco!

Que maravilla...

Entonces me puse a probar otros botones: variación de la fuerza del chorrito, modificación de la temperatura... así hasta que me pudo la curiosidad y apreté el botón "bidé". Sé que no debía haberlo hecho, pues en el botón aparece claramente la figura de una mujer, pero leches, me pudo la curiosidad.

Es en ese instante cuando el pitorrito detiene su flujo limpiador y comienza su denodada búsqueda del nuevo objetivo, obviamente no masculino (empecé a sentirme identificado con el aparatito en cuestión). Para ello, un segundo pitorro con la boquilla más ancha se desplaza unos dos centímetros allende el punto donde su compañero se detuvo para el servicio unisex, y comienza una duchita más suave y calentita.

En mi caso, como hombre que soy, la ducha suave y calentita no encontró el objeto esperado. Por momentos me vinieron a la mente imágnes de esos boxeadores que le pegan rítmicamente a una especie de melón de goma anclado al techo, que como consecuencia de los golpes se mueve armónicamente hacia delante y hacia atrás...

Pitorrito boxeador...

Os dejo una foto en la que se puede ver el cuadro de mandos que confundí con el F 18, y otra en la que los dos pitorritos, en posición de descanso, aguardan pacientemente prestos a realizar su próximo servicio.

Saludos a todos; espero que los vídeos y las fotos os aporten una visión adicional de este país que he de visitar con más tiempo para hacer turismo y contaros cosas interesantes.


Hasta la próxima excursión. Esta vez, un destino espectacular en medio de la jungla del noreste te Vietnam. Os va a encantar.



viernes, 21 de mayo de 2010

martes, 4 de mayo de 2010

KUALA LUMPUR. MALASIA.


Otra excursión por una gran urbe al más puro estilo asiático, con mezcla de razas, religiones y culturas que conviven dentro de una jungla de rascacielos en una orgía edificatoria de difícil explicación.








Situémosnos.



Kuala Lumpur, conocida internacionalmente como KL (queiel, en inglé), es la capital de Malasia. Esta Federación de Estados está compuesta de una parte continental y otra insular; encontrándose la continental en la península de Malasia, bajo Tailandia y sobre Singapur, y la insular junto a Brunei y parte de Indonesia, en la isla de Borneo. Os pongo un par de imágenes aclaratorias.


A solo unos cientos de km al norte de Singapur, KL también está muy cerca del ecuador, con lo que el clima subtropical es muy acusado, con altas temperaturas, una humedad insoportable y las mismas lluvias torrenciales que caracterizan a la región subtropical afectada por los Monzones en época húmeda.

A KL se lleva desde Ho Chi Minh City por la misma ruta aérea que a Singapur, con lo que el paisaje inicial ya me era conocido: abandonas HCMC para pasar sobre el apasionante Delta del Mekong, viendo agua amarillenta, arrozales y pequeñas embarcaciones por doquier.
Hasta pasada una hora de vuelo sobre el monótono azul del mar del sur de China, no empiezan a advertirse hacia el Este las primeras sombras de la costa occidental de Tailandia y Malasia. De nuevo el verdor lo cubre todo, pero esta vez llama la atención la gran concentración de palmeras. Hay palmeras por todas partes. De hecho, los alrededores del aeropuerto son un enorme palmeral que se va acercando peligrosamente al avión a medida que el descenso va tocando a su fin.
Un aeropuerto de agradable diseño interior te da la bienvenida entre mujeres vistiendo el burca, Malayos, Chinos y un batiburrillo de nacionaliddes, tonalidades de piel, religiones y vestimentas. Estamos en un país con una sociedad muy diversa y algo compleja en lo relativo a la convivencia.
Aunque existe una línea de tren ligero que es la forma más rápida de llegar al centro de la ciudad, si sois más de uno el precio del taxi es similar, y con el tren habréis de hacer trasbordo a un taxi al llegar a la estación; mi consejo es pillar el taxi directamente. Preguntad por el mostrador de "Public Taxi", donde os cobrarán en función del destino y el tamaño del vehículo, que podéis elegir.

Las infraestructuras alrededor de KL son muy buenas, pero los 70 km desde el aeropuerto al centro no te los quita nadie, así que hay que armarse de paciencia y dejar pasar la hora que aproximadamente se tarda en llegar al hotel. Los ingleses anduvieron rapiñeando también por esta zona, así que se conduce por la izquierda. Disfrutad mirando el paisaje, de palmerales y verde arboleda intercalada con minas al aire libre o canteras que dejan montañas enteras en paños menores.

La ciudad.

KL, como ya os comentara en la introducción, lo es todo a la vez. Distritos ricos con las más caras boutiques comparten sus calles por la noche con gente que no tiene dónde dormir. Rascacielos de récord contemplan desde su atalaya las miles de infraviviendas que componen los alrededores del centro. Malayas de origen chino enseñan sus encantos vistiendo shorts y mini-camisetas, mientras las de origen indonesio cubren sus cabezas con velos o viven bajo la cárcel del burka (es la primera vez que los veo y aún estoy horrorizado).


Como en toda gran ciudad, debe de haber miles de rincones encantadores, pero yo tenía tres días, así que he desempolvado el filtro de lo accesorio y os voy a describir qué vi, y cómo.

Localización del hotel:

La ciudad es grande, la seguridad ciudadana deja que desear y desplazarse es pesadísimo -por el tráfico y por el calor- con lo cual, la mejor opción es irse a un hotel en el centro. En concreto, y en mi opinión, en lo que se llama el Triángulo de Oro (en el mapa, ¨Golden Triangle"). De esta forma nos ahorramos una buena parte de los desplazamientos y nos asguramos que al volver por la noche al hotel discurrimos por calles vigiladas.
Una cosa más: KL es una de las grandes capitales con los hoteles de cinco estrellas más baratos del mundo. Por unos 70 euros la noche se puede disfrutar de lo que en cualquier país no bajaría de los 130. ¿Por qué no darse el caprichito? El Triángulo de Oro está lleno de ellos, así que, quien pueda -que no es tan prohibitivo- que se quede en un 4 ó 5 estrellas. Buen servicio a precio asequible.

Si tomamos el T. de Oro como punto de referencia, estaremos junto a la zona de compras y restaurantes, así como junto a otras atracciones como los masajes de pies, los centros de masaje tailandés, cibercafés etc. Además, y esto es muy útil, en la zona hay una importante concentración de bancos y casas de cambio de moneda. Inmensos y lujosos centros comerciales como el Pavillion harán las delicias de todos: compras, restaurantes, cafés, heladerías, cines... hasta un restaurante español llamado "La Bodega" en el que no entré a pesar de que me apetecía una sangría...

Aparte, pues, del distrito comercial con sus Burberrys y sus cosas caras, los sitios que uno no se puede perder, a mi juicio, son los siguientes:

- La visita a las Torres.
- El mercado Chow kit, en el norte (para los que disfruten de esas cosas)
- Una cena en un bar de China Town, junto con las consabidas compras de artículos falsos.
- Una tarde en el Central Market, para comprar los regalitos de productos típicos y darse un masaje de peces en los pies (ya lo probé en Camboya y aquí repetí; es una gozada)
- El aviario (uno de los más grandes del mundo)
- La cena en el restaurante "Menara" en la torre de telecomunicaciones.
- La estación de ferrocarril, cuya fachada parece más un museo o un ministerio que una estación.
- La plaza "Merdeka", con su monumento nacional y bonitas edificaciones oficiales (a pesar de que a los Españoles, el nombre no nos suene nada bien...)
- Si os queda tiempo, también podéis ir a las cuevas Batu, al norte de la ciudad, pero la verdad es que a mí la visita me dejó algo desencantado.

domingo, 25 de abril de 2010

PRÓXIMAMENTE.... ¡SINGAPUR!



Acabo de llegar de allí hace una hora.
Dejadme terminar la entrada de la excursión en bici por Saigón y en unos días os hablaré de Singapur. Una perla en el sureste asiático.

Saludos a ellos, besitos a ellas.

sábado, 3 de abril de 2010

EN BICI POR SAIGÓN


Antes que nada, he de pediros disculpas por la espera, a la vez que os agradezco la fidelidad. En ocasionales vistazos fugaces al blog veía cómo el número de entradas iba creciendo y creciendo, incluso a pesar de mi ausencia. Vuestra lealtad me reconforta. A ver si soy capaz de ser algo más disciplinado con mis narraciones de lo que lo he sido últimamente.

Aquí tenéis la siguiente.


¿Quién dijo miedo?


En esa difusa zona en la que lo divertido empieza a ser peligroso y lo peligroso es divertido, subirse a lomos de una bicicleta en una ciudad con cinco millones de motos, infraestructuras tercermundistas y una falta total de cultura circulatoria no es ningún juego. Y es que en este caos de vehículos inconcebibles, actitudes suicidas, pitidos incesantes y calles en mal estado o llenas de obras sin señalizar, seguir unas normas básicas es imprescindible para hacer que la aventura sea eso: una aventura con un riesgo medido.


Para los que os estéis preguntando si es una locura grabar con la cámara desde la bici, os diré que aun reconociendo que no es la actitud más segura, son momentos muy puntuales y no miro lo que voy grabando, sino que me limito a apretar el botoncito y apuntar el objetivo hacia donde creo más conveniente, pero siempre a la altura del pecho, y sin apartar la vista de la circulación. De todas formas, mamá, prometo que no lo volveré a hacer :-)

Acitudes imprescindibles.

Son varias las cosas que hay que tener en cuenta antes de sumergirse en la marea de motos que devoran las calles de Saigón. A los que hayáis leído la entrada sobre el tráfico que hice hace unos meses, os sonará lo que cuento.

En primer lugar, hay que hacerse oír. En un país en el que los espejos retrovisores, de existir, no se usan, la única manera de que los demás sepan que vas junto a ellos es tocar el claxon. Si no, pensarán que no hay nadie y procederán a cualquier tipo de maniobra impredecible, inconcebible o temeraria. Aquí es así. Por lo tanto, en mi primer viaje a España me compré una bocina que fijé al manillar de mi compañera de excursiones, y que es la sensación aquí. Su peculiar sonido, y su forma y sistema -que aquí no se ve, la convierten en la atracción de todos los que se paran junto a mí en los semáforos. No es exageración, me pasa casi cada vez que salgo: en algún semáforo, alguien me mira inquisitivamente como pidiendo permiso, y acto seguido, se inclina desde su moto y hacer sonar la bocina (FAQUI, FAQUI), con la consiguiente curiosidad de los demás entorno a mí, ya que, insisto, no se escucha nada parecido a mi bocina por estos lares. Cuando me paro junto a niños pequeños es aún más divertido, porque miran a sus padres y la señalan cuando la hago sonar.

Bueno, ya sabemos que hay que hacer ruido. Otra cosa: hay que suponer que quien circula junto a ti puede hacer cualquier maniobra. Cualquiera. Y la única actitud fructífera y segura será apartarte, parar si es necesario y no olvidar que la única ley es la del más fuerte (con lo que, yendo en bici, sólo te queda putear a los peatones, pues todos los demás te llevan ventaja)

Por último: No se pueden olvidar el caso, las gafas de sol y la mascarilla, porque la cantidad de polvo en suspensión y el humo son insoportables, y sin una mínima protección se acaba con los ojos llenos de tierra y los pulmones hechos un asco.

Una rutina de fin de semana.

Normalmente, sólo los domingos puedo disfrutar de un paseo en bici, y eso si no estoy muy cansado o si el tiempo no me lo chafa (me quedan semanas para empezar la estación de lluvias...) Pero ese día de la semana, mi excursión por las entrañas de este entramado de construcciones llamado Ho Chi Minh se ha convertido en tradición. Salgo a eso de las nueve de la mañana, tras un desayuno no demasiado pesado, y regreso sobre la una, a tiempo de darme una ducha y comer antes de descansar.











He intentado hacer recopilación de fotos de algunos de los recorridos que suelo hacer, y con ellas, y la ayuda de Google Earth, os voy a llevar a dar una vuelta por mi ciudad adoptiva. Poneos casco, mascarilla, ropa ligera, gafas de sol y crema solar. Nos vamos.


HITO 1. MI CASA.

Como alguno ya sabe, por lo que escribí sobre mi casa, vivo en un barrio muy vietnamita donde soy el único guiri, y todo porque quería evitar los madrugones y los atascos y me vine a Tan Binh Ditrict, justo detrás del complejo de edificios donde se halla mi oficina. La calle se llama Tan Hai, y la veréis en el último vídeo, cuando llego a casa. No tengo demasiadas fotos de la zona, y es que su principal atractivo es, precisamente, no tener atractivo alguno, sino ser terreno vietnamita puro y duro, sin la contaminación que los expats o los turistas desparramamos en nuestro entorno cuando nos concentramos en lugares. No hay grandes o espectaculares supermercados, ni boutiques, ni hoteles de cinco estrellas; sólo tiendecitas, pequeños bares, puestos, vendedores ambulantes y miles de personas haciendo equilibrios en el umbral de la pobreza y sobrellevando con resignación y presta sonrisa el lastrado desarrollo del país en el que les ha tocado vivir.

Un buen lugar para impregnarse del peculiar sabor de esta gente, su cultura, sus costumbres y su ideosincrasia.

HITO 2. DUONG CONG HOA (Calle Cong Hoa)


Esta calle, de unos dos km de largo, es sin duda la que más veces he recorrido desde que llegué a Vietnam, y es que enlaza mi zona con el centro, el aeropuerto y los supermercados.






Es una de las vías más concurridas de la ciudad, y prueba de ello son sus tres carriles por sentido y su mediana, en algunas zonas con jardinería (algo no muy común, especialmente si nos alejamos del centro) El ruido es constante, 24/7. No hay descanso para quienes vivien en los cientos de casas y hoteles de baja categoría que se asoman a las negras orillas de Cong Hoa. La velocidad media durante el día suele ser de unos 40 km/h, y es que, como os he comentado, es una vía que se puede considerar de gran capacidad, y su longitud hace que se tire de acelerador.

De noche, a partir de las 21:30 h, los camiones están autorizados a entrar en la ciudad, atronando con sus claxons y el bronco sonido de sus motores. Mientras os escribo, la ventana del dormitorio entreabierta, consigo distinguir en la distancia el pesado movimiento de los cientos de camiones que no dejarán de pasar hasta que el nuevo día empiece.










El final de Cong Hoa (hacia el Este) desemboca en una caótica rotonda con un globo terráqueo en el centro. Un auténtico sitio en el que pararse a mirar atónito las reglas de circulación de los paisanos. Junto a ella, un parque en forma triangular con un lago dentro ha sido testigo durante casi un año de mis fracasados intentos por correr en HCMC (es la mancha verde que se ve justo encima del número tres en el mapa). Ya hablaremos otro día de ello, pero para correr había de coger la bici, ir hasta el parque, meterla en el guardamotos -la bici- y correr. Y, tras 45 - 60 minutos de esfuerzos físicos y mentales dando vueltas a un circuito de poco más de un kilómetro plagado de losas sueltas, lodo o tierra, motos que durante el atasco circulan por la acera y otros inconvenientes, tenía que coger la bici de nuevo y pasar un calvario para llegar a casa. Al final, claudiqué y me compré una cinta de correr que, si bien también pone a prueba mi fuerza mental, al menos me permite correr de forma segura y sin salir de casa.


HITO 3. DUONG NGUYEN VAN TROI.




A Nguyen Van Troi se llega ligeramente tocado, y es que a mí me gusta ir a la misma velocidad que el tráfico para evitar el riesgo de ser continuamente adelantado, y eso supone meterse en el cuerpo 2.5 km de recta horizontal a más de 30 por hora. Así pues, el suave descenso con el que discurre la práctica totalidad de esta calle te permite cierto descanso.




NVT es una de esas calles que, a mitad de su longitud, cambia de nombre (dando lugar a Nam Ky Khoi Nghia). Desde pequeñito me he preguntado porqué pasan esas cosas en las ciudades, "¿Acaso se les acaban los números?"

Como cualquier vía que une extrarradio y centro de ciudad, en NVT y su consecutiva NKKN se observa un notable cambio de paisaje. Los primeros hoteles de 4 estrellas aparecen (Park Royal, Movënpick), las tiendas adquieren un aspecto más cuidado y edificios de oficinas de reciente construcción se hacen hueco entre comercios y viviendas.

NVT comienza justo donde termina el Distrito Tan Binh, nos lleva en su discurrir a través de Phu Nhuan y termina en el Distrito 3, a la altura del puente.

Yo destacaría tres puntos: el cruce de las vías del tren, las pagodas y el puente sobre uno de los canales, allí donde tiene lugar el cambio de nombre. Os dejo fotitos de todos ellos (en la foto de la pagoda, al loro con la carga que lleva en la moto un pavo que se ve justo debajo)





HITOS 4 y 5. NAM KY KHOI NGHIA.

Esta calle, que nos lleva al corazón de la ciudad y pasa junto a algunos de sus lugares más importantes, atraviesa el distrito tres y termina en el distrito 1. El Centro. Es, por tanto, muy entretenida, pero se estrecha bastante al comenzar el distrito 1, y aunque se convierte en calle de dirección única, es bastante incómoda por la densidad de vehículos (el tráfico de tres carriles pasa a dos).



Podemos decir que el punto 4 se corresponde con la foto de arriba (la del puente). Acelerad el pedaleo, que en estación seca huele a huevos podridos... Entre los hitos 4 y 5 se pueden encontrar cafés muy estilosos (con mucha bombilla y ornamento que sería exclusivamente propio de Navidad en nuestra parte del mundo). Sorprende el alto número de tiendas de pinturas, en las que cientos de cuadros cuelgan de las paredes o se agrupan en el suelo, en espera del turista de turno que pague tres o cuatro veces el precio que un local. No es difícil ver en su interior a un o una vietnamita pintando, lo cual le otorga cierto grado de autenticidad (que desaparece cuando te das cuenta de que la misma pintura puede ser comprada en el 90% de las tiendas...)




El hito 5 marca aproximadamente la entrada al distrito 1. Árboles de 10 y 15 metros de altura, jardinería, y gran densidad de tiendas, hoteles, restaurantes, y oficinas. Un paisaje totalmente diferente. El ciclista, desde luego, se aburre por aquí. Semaforos muy frecuentes, tráfico lento, muchos peatones cruzando arbitrariamente y... lo peor: los turistas. Un vietnamita cruza por cualquier sitio pero procura no poner tu vida -y la suya- en peligro. No hace movimientos impredecibles, permitiendo al flujo de vehículos intuir su trayectoria y esquivarlo. Un turista que lleva diez minutos esperando infructuosamente a que el torrente cese, de repente empieza a cruzar. Se asusta. Se para o acelera el paso mientras le entra el pánico, y si te paras ante el temor de atropellarlo, la lengua de metal que viene detrás tuya te puede dar un disgusto. Por lo tanto, ojo avizor a los pantalones cortos, chanclas, calcetines blancos y cámara fotográfica.



Son los peores...



HITO 6 Y ALREDEDORES. EL CENTRO.



Sin abandonar NKKN, llegamos a una manzana en la que a la derecha, unas altas rejas dan paso al palacio de la Reunificación (antiguo Palacio de la Independencia) mientras a nuestra izquierda se abre una espaciosa zona verde que antecede a la Catedral, la Oficina postal y otros edificios emblemáticos de la ciudad.


Aunque el tráfico sigue iendo intenso, las vías se ensanchan considerablemente, y ello, unido al inequívoco encanto de las zonas más nobles y modernas, hacen que el paseo se haga bastante agradable llegados a este punto. Los edificios que veréis, como adelanté en el párrafo anterior, son los siguientes:



- Palacio de la Reunificación o Palacio de la Independencia:



Símbolo de la victoria de Vietnam del norte sobre la coalición del sur y los Estados Unidos, este palacio fue inicialmente construido durante el dominio Fracés a finales del siglo XIX (1873). Entonces se llamó Palacio de Norondom, y dio cabida a la sede del gobierno de la Cochinchina hasta que, en 1945, desde marzo hasta septiembre, fuera tomado por los japoneses para volver a manos francesas tras la rendición nipona consiguiente a las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Tras la victoria de los vietnamitas sobre los franceses en 1958, el palacio adoptó el nombre de Palacio de la Independencia, y pasó a ser sede del gobierno de Vietnam del Sur.

En 1962, dos pilotos de la fuerza aérea Vietnamita se rebelaron y bombardearon el palacio, destruyéndolo en su práctica totalidad, por lo que hubo que rehacerlo con el actual diseño.

Durante la guerra de Vietnam, este edificio fue sede del poder de la coalición, y protagonizó varias escenas históricas el 30 de abril de 1975, cuando tanques del ejército Norvietnamita derribaron las verjas del palacio abriendo el camino para su toma, los últimos norteamericanos abandonaron Vietnam embarcando en helicóptero desde el tejado del edificio o generales del Viet Cong ondearon banderas de vietnam del norte desde las ventanas de diferentes estancias.

Nótese que en el vídeo que os cuelgo a continuación, aún no sabía yo mucho del edificio y se me escapó "Palacio Presidencial" en varias ocasiones. Son cosas del directo...





La catedral y la oficina postal:



La catedral (Saigon Notre-Damme) nos la encontramos tras girar a la izquierda una vez abandonado el Palacio de la Reunificación. A cualquiera que haya estado en París le traerá a la mente la preciosa Notre Damme de la capital Francesa, y es que este templo de ladrillo rojizo, finalizado en 1.880 por los franceses, presenta grandes similitudes con el de la capital europea.


Esta zona es muy espaciosa, ya que se encuentra al final del parque que la separa del palacio de la reunificación, y junto a la oficina postal, formando un bello conjunto monumental que debe ser parada obligatoria del visitante.


La oficina postal es continuamente aslatada por bandas de turistas. Es un edificio de estilo muy particular -puesto que combina varias tendencias- que se construyó entre 1986 y 1991, y fue diseñado por el arquitecto francés Villedieu. En el exterior, las bóvedas sobre los pilares de la fachada, que dibujan estéticas arcadas, y un reloj que, con más de cien años sigue dando la hora exacta, marcan este edificio de escalinatas de granito coronadas por grandes puertas. En su interior, el elegante techo abovedado le confiere frescor y buena iluminación, y tres pinturas llaman nuestra atención desde el primer momento:


- Al entrar, en las paredes a izquierda y derecha del hall, sendos mapas rezan, respectivamente, "Saigon et ses environs, 1892" (Saigón y su entorno, 1982), y "Lignes telegraphiques du Sud Vietnam et Camboya 1936", que no necesita traducción.

- Al fondo, presidiendo la estancia, una imagen de Ho Chi Minh contempla desde lo alto a los visitantes.













La ópera de Saigón:



Éste es mi edificio favorito. De estilo Gótico-flamígero, y destilando aires de la Tercera República Francesa, su característica más fácilmente identificable es su gran arco de entrada, inspirado en "Le Petit Palais", construido en la misma época y actualmente museo de Bellas Artes de París.

Señorial, elgante, limpio y eternamente cuidado, no es que se asiente en el centro de la ciudad, sino que ésta se ha ido organizando de forma que los hoteles y restaurantes más lujosos, los edificios más vistosos, las mejores boutiques y la mayoría de los grandes eventos se localizan junto a esta joya.



Pero su historia no ha sido precisamente un lecho de rosas. Construida en 1901, en plena dominación Gala, varias polémicas la acompañaron desde su nacimiento. En principio, en un emplazamiento muy cercano se instaló un teatro de campaña en el que la legión Francesa disfrutaba de actuaciones, fue allá por 1864. En 1898 se decidió la construcción de un teatro permanente para proporcionar divertimento a la emergente clase media de la ciudad, pero pronto se demostró que su decoración resultaba excesivamente recargada para los habitantes de la época, y que los cada vez más numerosos bailes y locales de moda iban restando audiencia a las funciones, por otro lado financiadas por el gobierno Francés. De esta manera, el gobierno municipal decidió cambiar la fachada principal para darle un aspecto más informal, y convertirla en sala de baile. Pero los bombardeos aliados en 1943, que la dañaron gravemente, dejaron al edificio sin uso definido.


En 1954, tras perder la batalla de Dien Bien Phu y, con ella, la soberanía sobre Vietnam, el edificio de la ópera fue utilizado como refugio para los civiles galos que huían del norte.



En 1955 fue restaurada, pero fue dedicada a acoger la Cámara Baja del Gobierno Sur-vietnamita.
En 1975, tras la comentada caída de Saigón, el edificio volvió a ser dedicado a la función para la que fuera concebido, y desde entonces sigue ahí, para que yo lo vea al pasar por Dong Khoi.

Ni qué decir tiene que, por ser la zona más glamourosa de Saigón, el paso por este punto es sumamente agradable. Pero ojito con las distracciones, que podemos tener un disgusto.

HITO 7. EL AYUNTAMIENTO.



Como todos los que os estoy comentando desde que nos adentramos en el distrito 1, éste es otro de los archi-turísticos edificios de la ciudad. Cientos de guiris se fotografían frente a él a diario.

Por supuesto, también de estilo francés, pertenece al Gobierno Vietnamita y se rodea de ese aura de inaccesibilidad que envuelve aquí a todo lo gubernamental. Guadias de uniforme verde vigilan armados desde sus garitas a todo lo que se mueve.

Ah, por si alguno no se lo esperaba, frente a este edificio hay una estatua de Ho Chi Minh leyendo un libro con una niña.






Avanzamos y dejamos a nuestra derecha el Ayuntamiento, continuando por la amplia pero siempre atestada Le Loi. Es aproximadamente un kilómetro más adelante que nos encontraremos con la rotonda en la que, a nuestra derecha de nuevo, tenemos el famosísimo Benh Tanh Market. Merece la pena que le dediquemos unos párrafos a este más que visitado mercado del centro de Saigón.


Ben Thanh Market, o mercado Ben Thanh.


Este conocido mercado es uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Como mercado, nació en el siglo XVII, cuando asociaciones de comerciantes se establecieron junto al río Saigón para desarrollar sus actividades. Los franceses construyeron un edificio para acoger formalmente a los comerciantes de la zona, en 1.859. Pero el edificio sucumbió a las llamas en un incendio en el año 1.870, después de lo cual fue reconstruido para convertirse en el mercado más grande de la ciudad.

Hoy día ocupa un emplazamiento algo más alejado de las cenagosas orillas del río, formando un centro logístico de gran importancia al acoger gran número de paradas de autobús y lo que en un futuro será un intercambiador cuando la línea 1 delmetro de HCMC sea una realidad.
Su interior, como todo mercado que se precie, es una amalgama de puestos en los que la variedad de artículos es tan amplia como mareante; y es que la temperatura, número de puestos, nivel de ruido y olores -especialmente donde se venden carnes o pescados- pueden acabar en amago de lipotimia si te descuidas. En mi opinión es más agradable hacia el exterior, pues se corta al tráfico una de las calles que lo rodean y se puede comer en bares callejeros situados sobre el asfalto, o comprar en los puestos de los laterales, con un aire algo menos viciado.
Por las noches se montan puestos ambulantes en el perímetro del edificio, y cientos de turistas desparraman sus dongs para gusto y beneficio de los locales. Cenar en uno de los restaurantes al aire libre es una experienca típica y muy divertida, si bien puede que la limpieza no sea la esperada por un occidental.

Y, por fin, hemos llegado a ese punto del cual os colgué grabación hace unos días. La intersección en la que cerramos el polígono superior (ver mapa) y giramos a la izquierda para dirijirnos al distrito 4, cruzando el puente. Aquí tenéis uno de los muchos cruces que he de sortear en la bici cuando me voy de excursión.

A mí me gusta.



HTOS 7 AL 8. DISTRITO 4.
Nos alejamos del centro de la ciudad y, conforme dejamos atrás rascacielos y jardines, y entretanto llegamos al cuidado y moderno Distrito 7, atravesamos un barrio algo gris que no ha sabido desprenderse de esa atmósfera desagradable propia de los entornos de zonas industriales en declive dentro de las ciudades. Según me cuentan, en esta orilla del río se venían llevando a cabo labores de carga y descarga de materiales auxiliares, maquinaria, etc, y reparación de embarcaciones, a la vez que servía de zona para almacenamiento de mercancía y alojamiento de obreros y tripulaciones relacionadas con las actividades mencionadas.
Así pues, nuestro camino discurre entre calles de discreto atractivo