miércoles, 26 de agosto de 2009

LAS MONTAÑAS DE SAPA. A DOS PASOS DE CHINA.

Al noroeste de Vietnam, allí donde las regiones fronterizas con China se elevan dando comienzo a la cordillera del Himalaya, se encuentra una provincia cuyas especiales características la han hecho famosa en el mundo entero:

Lào Cai.


Un clima extremadamente húmedo con las temperaturas más bajas del país, la presencia de minorías étnicas con claros rasgos distintivos, su escarpado paisaje tapizado de jungla y las terrazas de arrozales que cubren los altiplanos le confieren a esta zona de Vietnam una belleza única.


Pasar una noche entera durmiendo en literas en un traqueteante tren que probablemente no supere los 60 km/h, observar técnicas de cultivo y transporte propias del siglo XIX, despertar sobre las nubes, pegarse caminatas diarias de entre 6 y 12 km y poder dormir sin aire acondicionado, terminan de hacer de éste un viaje que merece la pena.


HISTORIA Y GEOGRAFÍA DE LA ZONA
Para conocer un poco de la historia de esta provincia es necesario tener presentes con más detalle esas particulares características gegráficas que han marcado su existencia, desarrollo y relación con el ser humano.
Lào Cai se encuentra a unos 400 k al noroeste de Ha Noi, y a su vez, unos 70 km al norte de Sa Pa. Con una altitud media de 1.600 m, un clima extremadamente húmedo y las únicas nevadas del país, estos parajes no han sido tradicionalmente un lugar apetecible para los "habitantes de las tierras bajas". Dominadas por el imponente Fan Si Pan, de 3.142 m de altura -la mayor del país- estas regiones fronterizas con China resultaron, y parcialmente siguen resultando, inhóspitas e inaccesibles.
Resulta, pues, fácil, comprender que durante miles de años la región haya sido habitada exclusivamente por minorías étnicas cuyas tradiciones y medios de vida han permanecido inertes al paso del tiempo y a los avances de la civilización. No fue hasta la década de 1.880,con la llegada de los franceses, que se empezó a alterar el atemporal equilibrio reinante en el lugar hasta la fecha.


Al principio, el interés de los franceses fue puramente militar, pues su situación estratégica con respecto a China era de gran valor. Durante los comienzos del siglo XX algunos colonos encontraron su clima "más continental" agradable en invierno, y empezaron a construirse residencias que, con la tortuosa segunda mitad del sigo, fueron destruidas desde la segunda guerra mundial hasta la guerra de la independencia contra Francia.
En los sesenta, medidas gubernamentales de fomento de la colonización consiguieron que ciudadanos locales "de las tierras bajas" se animaran a establecer sus pequeños negocios en Lào Cai y Sa Pa.


Pasaron varios años hasta que la autorización del Gobierno para la liberalización turística, en 1993, dio el banderazo de salida a una loca carrera hostelera que de momento ha situado en unos 80 el número de hoteles en esta ciudad de apenas 30.000 habitantes.


EL VIAJE. DÓNDE COMPRARLO, PRECIOS Y OPCIONES.




Existen cientos de agencias de viajes en las que comprar los billetes y las noches de hotel, o en los que contratar un paquete con todo incluido.
El primer consejo es comprar con antelación. Aunque a diario salen trenes desde Ha Noi hacia Lào Cai y viceversa, es fácil encontrarse con que todo está reservado, y tener que pagar "algún dinerillo" de más al de la agencia de turno para que "te haga un favor". Lo tienen todo ensayado...

Así pues, lo mejor es comprar una semana antes para evitarse problemas. En casi todos los hoteles de las ciudades significativas se pueden comprar los billetes, aunque no en todos es fácil poder contratar el hospedaje. Mi consejo es acudir a los viajes organizados para no complicarse la vida con el transporte estación-hotel y viceversa. Allí donde estéis encontraréis una agencia del Sinh Cafe (en Ho Chi Minh City, Pham Ngu Lao area; en Ha Noi, en casi cualquier rincón del Old Quarter)

PAQUETES TURÍSTICOS:

Creo que se puede optar entre tres noches, dos días, y cuatro noches, tres días. Probablemente haya otras combinaciones que no estudié. Me decanté por los dos días y tres noches.
Lo primero que sorprende es que el viaje no se haga de día, y es que la mejor manera de llegar es en tren, y debido a la distancia y la baja velocidad disponible, ir durmiendo por el camino es lo mejor. Para ello ofrecen dos posibilidades: cabina de 6 literas o cabina de 4. Evidentemente, lo primero por lo que optas es la de 4, aunque en mi caso, por cuestiones de disponibilidad, tuve que hacer el viaje de ida con cinco personas más. De la opción de ir en asientos normales ni hablamos.
Que nadie se asuste: la inmensa mayoría de los viajeros que van en litera son extranjeros, y en caso de ser vietnamitas son parte de la minoría que se puede permitir esos lujos, con lo cual, lejos de la idea de ir hacinados en un vagón maloliente y ruidoso, al final te encuentras con gente joven y divertida que enseguida te cuenta su historia y te pregunta por la tuya. Cuatro o cinco nacionalidades distintas son fáciles de encontrar en cada cabina, y si tienes ganas de charlar, tienes un buen rato asegurado antes de echarte a dormir y esperar a amanecer entre nubes, jungla y montañas.

El tren no está sucio, pero no está de más llevarse algo que utilizar como funda de almohada, e incluso un pijama o algo que haga las veces (la manta hace falta, porque el aire acondicionado no lo paran en toda la noche, y cuando te tapas te asaltan incómodas dudas sobre su limpieza) No os compliquéis la vida, por 4 ó 5 euros al cambio os compráis un chandal cutre en cualquier tienda y lo utilizáis esas dos noches como pijama. Así lo hice yo.

La secuencia es la habitual si compráis con Sinh Cafe: van a recogerte al hotel a una hora determinada, te meten en un minibús que hace un recorrido por varios hoteles cargando turistas en pantalones cortos, y te dejan en la estación de tren de Ha Noi.
Es un caos.
La entrada es una maraña de gente, motos, taxis y vendedores que parecen competir por alcanzar el grado máximo de contaminación acústica. En el interior, cientos de vietnamitas se apelotonan frente a las ventanillas, ocupan los tristes asientos de plástico de la sala de espera o se sientan acuclillados en cualquier punto, charlando cómodamente e una postura que, por más que intento imitar, no consigo mantener más de medio minuto sin que un intenso dolor me recorra piernas y espalda.
Afortunadamente, los billetes ya están comprados y sólo han de recogerlos, con lo que te dejan esperando con tus nuevos "compañeros" y en diez minutos te entregan el billete con el número de vagón, cabina y litera. Mis compañeros en este caso eran una pareja de unos 25 años formada por un británico y una taiwanesa, dos americanas rondando la treintena y una joven vietnamita de 21 que resultó haber contratado el mismo paquete que yo y con la que tuve oportunidad de charlar durante los dos días de excursiones.

PRECIO:
El precio por persona viene a salir por unos 50 euros (ligeramente más barato en habitación doble, lógicamente) para la excursión de dos días y tres noches, e incluye los viajes, el transporte Lào Cai-Sa Pa-Lào Cai, las excursiones y pensión completa. Pero mucho ojo, eso es casi la mitad del sueldo mensual bruto de mi secretaria; que nadie se piense que es una ganga. De ahí que, ante la carencia de una clase media significativa, este tipo de excursiones sea un privilegio que pueden permitirse muy pocos.

El hotel en el que estuve era bastante aceptable-estamos en Vietnam-, si bien la comida no fue de las mejores... Os dejo una foto de la habitación y otra de las vistas desde la terraza. Así da gusto despertar...
EL VIAJE:

Ya os he adelantado muchos datos del viaje en tren, con lo que no os voy a saturar con más de mis barrocas descripciones. Sólo una cosa que merece la pensa destacar: Las servidumbres del ferrocarril prácticamente no existen, de esa manera, es fácil encontrarse con que a dos metros a cada lado de la vía hay una pequeña barrera de un metro de alto y, a continuación, infraviviendas asomadas a la vía, ensombrecidas por el humo de la combustión de las máquinas diésel.

En grandes ciudades como HCMC o la capital, esta secuencia se repite durante decenas de kilómetros. Así, una vez establecidos en nuestras literas, la luz de la cabina encendida, las cortinas descorridas, y avanzando a baja velocidad debido al carácter urbano del tramo inicial, tuvimos la oportunidad de asomarnos a infinidad de cocinas, mini-salones, dormitorios y terrazas de todo tipo, algunos de cuyos habitantes nos miraban con la indiferencia propia de quien lleva años conviviendo con la misma estampa.
Atravesamos puentes metálicos que se estremecían ruidosamente a nuestro paso, produjimos varias colas en los pasos a nivel, tras cuyas barreras cientos de motos y algunos coches aguardaban impacientes el final del convoy. Tardamos unos 15 minutos en dejar atrás la ciudad. Tras algo de charla, la luz principal se apagó; un par de atisbos curiosos a través de la oscuridad al otro lado de la ventana, y me quedé dormido.
Seis horas después me desperté, sorprendido ante mi largo descanso entre traqueteos, vaivenes y ruidos metálicos. Estábamos a punto de llegar a nuestro destino, la estación de Lào Cai, a dos kilómetros de la frontera china. Mis compañeros dormían, y a través de la ventana, una sucesión de tonos verdes pasaban veloces sin darme tiempo a distinguirlos. Nos movíamos por una especie de túnel natural formado por el incesante crecimiento de la jungla alrededor de las vías. Intenté fotografiar el momento, pero mi adormilada cámara sólo pudo captar de forma difusa el mensaje de bienvenida de las montañas
Habíamos llegado.




La estación de Lào Cai no es nada del otro mundo. Muy similar al resto de las que he visto por el momento, sólo la temperatura, bastante más agradable que el insoportable calor húmedo de Hanoi a finales de junio, le dió un tinte de exclusividad a este antiguo edificio.

Tras la llegada, los guías reúnen a cada grupo de turistas y les asignan un minibús en el que pasarán la hora y media de recorrido hasta llegar a Sa Pa. Este trayecto puede marear a aquellos que sean propensos a ello, por lo tanto, aconsejo llevar unas pastillitas o chicles contra el mareo para los viajes de ida y vuelta.

Al final, algo cansado, llegas a Sa Pa. La zona donde estaba nuestro hotel está un par de kilómetros por encima de la población, imagino que para permitir mejores vistas.
Allí nos estaban esperando unas chicas muy peculiares que nos acopañaron durante casi todo el viaje. Se trata de mujeres de la zona que, ante la avalancha de turistas de los últimos años, han descubierto que acompañar a los visitantes durante la marcha, darles un poco de charla y permitirles fotografiarse con ellas les reporta muchos más beneficios que el duro trabajo del cultivo y recolección de arroz y maíz.
Otras, simplemente observan curiosas a los recién llegados. Casi todas tienen rasgos muy diferentes a los de resto de los vietnamitas (yo diría que son menos agraciadas), y esta peculiaridad, junto con su vestimenta tradicional, hacen de ellas una interesante estampa que te sorprende nada más bajar del autobús.

Muchas de ellas llevan a sus hijos en cestas a la espalda, y los protegen del sol con sombrillas mientras te dedican sus mejores sonrisas en busca de una propina ridícula para ti y monstruosa para ellas. Indicativo: el salario de un día de recogida de arroz, según nos comentó el guía, puede no superar los 50.000 dongs. Dos euros al cambio actual de principios de Septiembre...



LAS EXCURSIONES. CAMINANDO ENTRE JUNGLA, CASCADAS Y ARROZALES.

Como las fotos muestran, desde el momento en el que abandonas el pueblo, empiezas a andar por caminos resbaladizos hechos por los locales para desplazarse a través de la complicada topografía del lugar. Las excursiones que hicimos durante dos días nos llevaron a lugares diferentes, pero el paisaje es similar: e las laderas más suaves, enormes superficies dedicadas al cultivo del arroz (terrazas); en las pendientes medias, maizales; en los puntos bajos, ríos y arroyos que forman innumerables cascadas, y en las zonas más escarpadas, una mezcla de jungla tropical y algunas coníferas arrastradas hasta aquí por las bajas temperaturas.

Y agua mucha agua. Agua que está presente en cada rincón del aire y la tierra de este lugar, y que ha marcado profundamente la vida en él.

Adentrarse en los caminos de las montañas de Sa Pa es como retroceder 100 años en el tiempo. La escasez de tecnología infraestructuras obligan a sus habitantes a vivir en unas condiciones cuya dureza sólo se puede apreciar en primera persona. Apenas existen puentes, y los caminos no superan los 2 ó 3 metros de ancho, con lo que, por un lado, sólo se pueden utilizar animales como medio de transporte, y por otro, lo recorridos tienen que hacerse forzosamente rodeando las elevaciones del terreno para minimizar las pendientes al pasar de un punto alto a otro. Los caminos son larguísimos, y la distancia entre dos puntos alejados apenas unos cientos de metros en planta, puede llegar a convertirse en kilómetros de penoso avance por las laderas.
En varias ocasiones me encontré a niños de apenas 10 años caminando con búfalos en busca de nuevo cargamento que llevar hasta el mercado. En otras, pequeños de cuatro o cinco años jugaban en cabañas hechas por ellos mismos con palos y anchas hojas provinientes de las muchas especies de los árboles y plantas que lo cubren todo. Descalzos, sucios, pobremente vestidos y visiblemente desnutridos, sólo la curiosidad con que miran tu color de piel y las sonrisas que les arrancan tus bromas les devuelven el aire infantil e inocente a esos rostros curtidos por el clima y el esfuerzo.












La vida es lenta y dolorosa, monótona y sacrificada, pobre y dura. Una sucesión de amaneceres que los sorprenderán acarreando mercancía, recolectando la cosecha, arreglando los rudimentarios sistemas de riego o rezando a Budha por mejores tiempos, es lo que con toda probabilidad espera a la mayoría de estos chavales que trabajaban o jugaban ajenos a la otra realidad que los niños de su edad viven en nuestro mundo.

EL CULTIVO DE ARROZ. ALGUNOS DATOS INTERESANTES.

Es curioso cómo viajar a otros sitios te sugiere interrogantes sobre realidades que, si bien constantemente presentes en nuestras vidas, por llegar a nosotros muy elaboradas nos dan la sensación "de haber estado siempre así". Es el caso del arroz y su cultivo, temas sobre los que mi ignorancia rozaba la perfección (yo pensaba que nacían en unas bolsas de papel blanco, en las estanterías del Carrefú). A ver si soy capaz de explicaros algo de lo que he aprendido en estos meses.

El clima ideal para el cultivo el arroz es cálido y húmedo, (no germinando por debajo de los 10 ºC ni por encima de los 40, y siendo la temperatura ideal para todo el proceso de entre 30 y 35º), razón por la cual se da con profusión en los climas tropicales o subtropicales (entre los 49 y 50º latitud norte y los 35º latitud sur). Se cree que nació en la India, y que rápidamente su cultivo se extendió a China y el sureste asiático, donde pronto se convirtió en la base de la alimentación.

En Vietnam, como en Laos, Camboya y Tailandia, muy marcadas por la influencia de los Monzones que les procura intensas lluvias durante gran parte del año, la técnica más usada es la del cultivo bajo inundación. Consiste en arar la tierra (normalmene arcillosa) para facilitar la penetración de las semillas, e inundar artificialmente (caso de las terrazas) o mediante las precipitaciones de la estación húmeda.


Esta forma de cultivo lleva aprejadas penosas consecuencias, y es que tras la inundación todo el trabajo ha de realizarse con las piernas sumergidas entre unos 20 y 30 cm bajo el agua. En determinadas zonas, incluso por encima de un metro.

Descalzos.

Las enfermedades de la piel y los huesos que años de trabajo en estas condiciones producen son despiadadas. Si a ello le unimos la dureza de la plantación y recolección, agachándose y levantándose en interminables jornadas, nos damos cuenta de que las bellas imágenes de infinitos mantos verdes, salpicados de jornaleros vistiendo sus Non Lá, esconden tras de sí la dureza de unas vidas dedicadas al sacrificio a cambio de un sueldo de subsistencia.

Ahora quizás resulte más fácil entender el porqué de las terrazas: en una topografía escarpada, la única forma de obtener superficies en las que estancar el agua es crear planos horizontales en las laderas, siguiendo las curvas de nivel del terreno y creando una versión natural de los dibujos de "planos acotados" que tantos dolores de cabeza me dieron en primero de carrera. El riego se lleva a cabo mediante simples canalizaciones que recogen el agua de lluvia, primero en cunetas, y luego en "conducciones" formadas por medias cañas de bambú seco unidas entre sí y a las que se dota de la pendiente necesaria para obtener el caudal adecuado. Así, el agua se lleva hasta la más alta de las terrazas y, a través de compuertas de madera y más canalizaciones, va bajando desde ésta hasta las inferiores. En las fotos podéis ver varias de estas etapas.

CAMINATAS DEMOLEDORAS

Esto es algo que he de advertiros. Si bien es cierto que la belleza del paisaje es sobrecogedora, también lo es que las excursiones duran entre 5 y 7 horas, y que se hacen a pie por caminos que, como os he comentado, serpentean entre montes y montañas, cambiado continuamente de pendiente y llegando a resultar realmente agotadores.

Llevaos agua y algo de fruta, si podéis comprar en el mercado o en los alrededores del hotel. Seguro que la agradecéis. Os cuelgo fotos de las imágenes que os encontraréis durante los agotadores kilómetros de recorrido.

martes, 25 de agosto de 2009

DE VUELTA EN ASIA



Queridos todos,

Después de haberos hecho esperar más de lo que debiera, y provisto ya de mis queridas y añoradas tildes, me acerco hoy de nuevo a vuestras pantallas.

He de agradeceros los correos y mensajes reclamando nuevas entradas en el blog. Me animáis a seguir escribiendo y describiendo. El porqué no lo he hecho antes no es demasiado difícil de explicar, si bien a algunos no os han satisfecho las razones de mi ausencia...

En españa me dediqué a mi familia. Tardaré más de medio año en volver a verlos y llevaba siete meses lejos. Así pues, no sólo dejé en el camino la escritura, sino también a varios buenos amigos con los que me habría encantado compartir algo más que la primera visita o una llamada telefónica. Espero que sepan perdonarme.

Una vez aquí, tras veintiocho horas de viajes (de puerta a puerta), descubrí con desagrado que las tareas acumuladas durante mis dos semanas de asueto, unidas a un par de casualidades que quisieron agolpar en esos días dos reuniones ineludibles en la otra punta del país, me iban a tener apartado de vosotros otras dos semanas más.

Pero ya estoy aquí. Y con una novedad: en España me he comprado una videocámara con la que ya he grabado algunos vídeos que iré colgando junto con las fotos y mis cursiladas. Espero que os gusten.

Preparaos para ver, oír y leer cosas interesantes.

Un abrazo a todos.