sábado, 13 de junio de 2009

MI NOVIA VIETNAMITA

Muy buenas. El tema de hoy se vende por sí mismo: sí, me he buscado compañía en este país. Son ya cinco meses los que llevaba aquí y empezaba a notar la falta de... cómo decirlo... un poquito de acción.

Los que me conocéis ya os lo imaginábais. Uno no es de piedra, y mi cuerpo me pedía que me reconciliara con él y le diera lo que llevaba tiempo pidiéndome a gritos. Quizás, ni siquiera haga falta conocerme para entenderlo.

No ha sido fruto de una búsqueda a conciencia. Está claro que las ves a diario por la calle, y que algunas, con su figura estilizada y muy bien "dotadas" te dan qué pensar; pero la verdad, tanto trabajo y tan poco tiempo libre me tuvieron distraído de tales inclinaciones durante bastante tiempo.

Hasta mediados de mayo. Fue amor a primera vista, y me dejé llevar, (qué caramba). Y no sabéis cuánto me alegro. Desde que estamos jutos mi vida a cambiado por completo. Muchos días no podemos disfrutar de nuestra compañía, porque llego de la oficina de noche, cansado y sin tiempo. Pero cuando tenemos un rato libre y salimos por ahí, lo pasamos genial. No os imagináis cómo disfrutamos.

La vi mientras paseaba por mi barrio. Estaba dentro de una tienda de juguetes, y desde el fondo del pasillo fue capaz de atraer mi atención. Vaya figura.... justo lo que a mí me gusta: pequeñita (ya sabéis, a ver qué voy a hacer yo con una grande) pero proporcionada. Bien "equipada" -tiene de todo lo necesario, jua, jua- y elegante, no pude evitar echarle una indiscreta ojeada. Sin duda era muy joven, y deduje que pertenecía a la tienda cuando el dueño me miró e hizo amago de venir hacia mí. No tenía ganas de preguntas comprometedoras, así que me largué después de dedicarle una última mirada de esas que dicen "me has gustado" que fue correspondida con una aparente indiferencia.

Dos días más tarde volví a acercame y... allí estaba. "Me gusta, me gusta, ME GUSTAAAAA" "Pero tío, que te vas a meter en líos", "que aquí en Vietnam estos asuntos tienen mucho riesgo" "que son más accesibles que en España porque para ellos tu poder adquisitivo es enorme" "mira que es un peligro"...



UNA LECHE.



Me lancé a por ella y... ahí la tenéis. Mi compañera del alma. Mi bici.





Sí, lo que cuelga del manillar es una mascarilla. Que el aire de esta ciudad, en cuanto deja de llover dos días, no hay quien lo respire.

MONTANDO EN BICI POR SAIGÓN



Continuará...

martes, 2 de junio de 2009

LOS MERCADOS. DISFRUTAR COMPRANDO.



Ya en España, acercarte a un mercado -algo que yo no hacía mucho, por cuestiones de tiempo- tiene su encanto. Los vendedores (ellos y ellas, castellano habitual) anunciando sus productos en voz alta, la gente eligiendo los pimientos con el mejor color o el pescado con los ojos más brillantes, las frases típicas como "No, de esos no, ponme medio kilo pero de los de la derecha, que tienen mejor cara..." le confieren a los mercados cierto encanto al que, por más que no los frecuentara, no escapo.


En Vietnam es aún más atractivo. Como tantas cosas en este país, los mercados (especialmente los callejeros, que son los más abundantes) son bastante caóticos, pero, también como el resto del país, son coloridos, exóticos sorprendentes y muy, muy divertidos. No sólo llama la atención la forma en que disponen la fruta, o que en ciertos sitos las vendedoras estén sentadas en unas plataformas a más de un metro de alto desde las cuales te atienden de arriba hacia abajo. Además, son detalles como que, a la hora de la siesta -de 12:30 a 13:00, costumbre casi religiosa en este país, de la que os hablaré en su momento- te los encuentras dormidos en los puestos, hechos un ovillo entre las cajas depescado o con la cabeza apoyada sobre una sandía. También son detalles como ver ranas y tortugas que la gente compra para comerse más tarde, o mucho pescado y marisco vivo en barriles llenos de agua. Anguilas, frutas tropicales, langostinos que te levas a casa aún moviéndose... Todo es diferente, todo es especial.

Hasta tú.



En un país bastante machista, ser hombre y acercarte a comprar verduras, pescado o fruta al mercado ya es, en sí, una rareza (sola y exclusivamente se ven mujeres, algunas muy jovencitas, por cierto...). Si encima de ser varón y estar comprando, eres blanco, entonces te conviertes en el blanco de todas las miradas (hoy estoy que me salgo con los juegos de palabras, ¿eh?) Y también tiene su punto: si no estás en uno de los mercados del centro -en los que, acostumbrados a los turistas, te acosarán para venderte lo que sea, y a precios superiores a los normales- y optas por irte comprar a un mercado de barrio, la cosa cambia: les causa tanta sorpresa que se ríen cuando te acercas a mirar los productos, se creen que te vas a asustar al ver un pez enorme moviéndose al ser sacado del agua, o se quedan boquiabiertos cuando les preguntas el precio en vietnamita "Bau nhieu tién?" (probablemente vaya con faltas de ortografía)










Una serie de sonrisas y conocerte las frases clave para regatear: "esto es muy caro", "me voy", "Dios mío, qué caro" (ésta les encanta) y, por supuesto, los números, te pueden ayudar a conseguir un buen precio además de garantizarte pasar un buen rato. Últimamente, los domingos por la mañana me estoy cogiendo la bicicleta -me compré una hace tres semanas- y me voy a dar una vuelta tempranito para conocer la ciudad algo mejor. De regreso, intento pararme en algún mercado y comprar algo que meto en la mochila, previamente plastificada con bolsas del "City Markt".





Es divertidísimo. Aquí me tenéis, en Saigón, en pantalones cortos, bicicleta en mano y en domingo por la mañana, comprando tomates, pimientos, y otros "avíos" para el gazpacho, escogiendo los mejores mangos (Xoài) o cargándome de langostinos para hacer a la plancha y algún mega cangrejo para cocer. Es genial.


Un aliciente adicional son los negocios satélite que se organizan en torno a la afluencia de gente: junto al puesto donde compras las patatas te pueden cambiar la cremallera de los pantalones, hacerte una sábana a medida o las cortinas del salón. No me resisto a poner esta foto que ya vierais en la primera entrada, en noviembre del año pasado. La escena no tiene parangón...

En fin, las fotos que veis hablan mejor que yo. Pertenecen a varios mercados, la mayoría de Ho Chi Minh City, aunque también hay de uno de Hanoi que está cerca de mi hotel y que visito de vez en cuando.







Fijaos en lo guapa que debió ser de joven esta señora a la que compré unos plátanos el otro día en An Dong Market (HCMC, Distrito 5), y que tan amablemente me sonríe mientras me da la vuelta.

Ya sabéis, si venís por aquí, no podéis dejar de meteros en alguno de estos magníficos lugares, entre el bullicio, el colorido, los olores y ese aire tan especial que rodea este fantástico país. Contad con mi guía si os hace falta.



Saludos.