martes, 29 de diciembre de 2009

NAVIDADES Y NOCHEVIEJA: LAOS Y TAILANDIA.



Hola de nuevo. (Ésta es la versión corregida de la entrada incial, ahora sí, con sus tildes y sus avíos)

Tenía sólo 9 días libres antes de finalizar el año, y entre el cambio horario y los dos días de avión, me iban a saber a poco en Españaa. Así que decidi pasarlos fuera de Vietnam (a España volveré en unas cinco semanas).

He pasado la Navidad en el oasis de serenidad que ha resultado ser Vientián, capital de Laos, y he aprovechado para volver a Bangkok, a donde vine por trabajo en Septiembre para, esta vez sí, conocer un poquito más la ciudad y su entorno. Bangkok, de todo menos sereno, quizás sea un buen sitio donde despedir el 2009 y empezar el año nuevo con un diez.










Bangkok. Watt Phra Kaew





Vientian. Watt That Luang.





Las Navidades ya ni las felicito: en primer lugar, es tarde, y en segundo lugar, hace muchos años que no las entiendo.

El fin de año es diferente: al menos desearos -que no es poco- que tengáis trabajo y os encontréis bien. Por mi parte, ya estoy preparando la bolsa de cotillón para, matasuegras en la boca, gorrito de colores en la cabeza y confetti sobre los hombros, sonreír estúpidamente y alegrarme mogollón no sé de qué. Por cierto, que tendré que hacerlo dos veces: una cuando aquí sean las doce, y otra cuando seis horas mas tarde sean las doce en España (por solidaridad).


A lo mejor empalmo las dos...

Os contaré cosas de Vientiane y Bangkok cuando vuelva a "casa" (Mi Ho chi Minh City del alma)

Abrazos. Y pasadlo lo mejor posible.

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lunes, 7 de diciembre de 2009

CAMBOYA 1. ANGKOR, O LA CIUDAD FANTASMA.




Imaginaos la ciudad más grande de la época preindustrial. Imaginaos civilizaciones organizadas en núcleos de población mayores que los impresionantes asentamientos mayas o aztecas. Imaginaos que esas civilizaciones se hubieran establecido en medio de la jungla y que, por caprichos de la historia, tras la marcha de sus habitantes huyendo de sus enemigos la ciudad hubiera quedado perdida, abandonada, languideciendo entre la vegetación y la fauna salvaje durante cientos de años sin presencia humana alguna.

Estáis imaginando la historia de Angkor y los templos que la rodean. Una historia que supera a la ficción; una realidad que te hace sentir minúsculo en el tiempo. Un salto al pasado.
Una maravilla que ha estado oculta por la naturaleza y cuya desvirtuada belleza inicial le otorga un encanto salvaje.




SIEM REAP (Siem Riep en Español). EMPEZANDO DE CERO.



Con unos 150.000 habitantes, Siem Riep es una pequeña ciudad de la paupérrima Camboya. Ha tenido la suerte de encontrar en los templos una importante fuente de ingresos que le ha permitido pasar de la economía de subsistencia de la pesca y la agricultura a una ligeramente más desarrollada industria turística y hostelera que aun así no consigue tirar del carro de una pobreza desoladora, fruto de una terrible historia de guerras, genocidios, expolios y corrupción. La renta per cápita media de 2008 en el país fue de 818 dólares americanos (unos 445 euros)




Como la práctica totalidad del país, tras la dictadura de Pol Pot (1975-1979) quedó desolada, y sólo el empeño de emprendedores (fundamentalmente franceses) que quisieron explotar las posibilidades turísticas de su patrimonio arqueológico, y las ayudas extranjeras -que llegaban y se marchaban al ritmo de golpes de Estado, elecciones y guerras relámpago- pudieron conseguir lo que Siem Riep ofrece al visitante ahora: la imagen de una ciudad que se esfuerza en sacudirse de la miseria agarrándose a los dólares de aquellos que viajan hasta tan lejos para dejarse embrujar por sus encantos.


Se puede decir, por tanto, que como el resto del país, Siem Riep empezó de cero en la década de los ochenta, y lo hizo con la clara ventaja que sus tesoros de piedra le otorgaron. Así, a pesar de su bajo nivel económico, los habitantes de la ciudad pueden considerarse afortunados por disponer de ciertas infraestructuras básicas, un centro lleno de restaurantes abarrotados de extranjeros y una constante entrada de capital for'aneo del que la mayoría apenas coge unas migajas, pero que les permiten seguir viviendo.





La Distribución de Siem Riep es bastante simple: se extiende de Norte a Sur a ambos lados a lo largo del río del mismo nobre, si bien con mayor profusión en la margen derecha. No son muchas las atracciones de las que se puede disfrutar dentro de la ciudad, pero suficientes teniendo en cuenta que la mayor parte de la estancia será consumida entre la visita a los templos y el lago Toan.


En la zona sur, justo donde el río hace un quebro hacia el Este, se encuentra el centro turísitco, siete u ocho pequeñas manzanas que se disribuyen alrededor del "Old Market" -un mercado del que ahora hablaremos- y en las que se apiñan decenas de restaurantes que ofrecen exóticas comidas por precios que, rozando lo barato para los turistas, suponen cifras astronómicas para los locales. Esta es la zona a la que ir por las noches a cenar y ver el ambiente, y el último día para hacer las compras.




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EL TUK-TUK. LA SOLUCIÓN IDEAL PARA UN TRANSPORTE FLEXIBLE Y BARATO.






Ya tuve opotunidad de comprobarlo en la vecina Bangkok: en estación seca (de noviembre a abril, más o menos) el tuk tuk es un medio de transporte ágil, flexible y barato que, además, te permite contactar mucho mejor con el entorno al ofrecerte vistas y sonidos sin barreras.

En mi caso, la decisión la tomaron por mí las circunstacias. Este viaje lo preparé con unas 10 horas de antelación: en el aeropuerto, de vuelta de un viaje de empresa perdí la cabeza y me compré el vuelo a Camboya sólo 12 horas antes de la partida, y después, en casa, reservé el hotel a la carrera. No tuve más tiempo para estudiar qué visitar que las horas de sueño de las que me privé esa noche.

Y no, no me preocupé por encargarle al hotel un servicio de recogida en el aeropuerto. Así que cuando abondoné la terminal, teniendo en cuenta que mi maleta salió de las últimas, me encontré con que el último taxi acababa de irse y con que tendría que esperar unos quince minutos. Con treinta grados de temperatura, un sol abrasador, la maleta y el ordenador -trabajé algo- acuestas, y cansancio para llenar sacos, ver aparecer a Tzista con su "carromato enganchado a una mobilete" me pareció un envío de la Providencia. Entonces me acordé de las recomendaciones de algunos blogueros que había leído la noche anterior: por unos 15 dólares americanos la joranda, un conductor de Tuk Tuk con un nivel medio de Inglés será tu sombra y te enseñará los lugares que elijas.

No tardó ni diez minutos mi amigo Tzista en proponerme el trato: por 15 USD sería mi guía y mi conductor. No podía imaginarme que me esperaría incansable allí donde le dijera hasta la hora convenida, respondería una y otra vez a todas mis preguntas sobre el país, la ciudad o los restos arqueológicos, me aconsejaría -ante mi insistencia- sobre los sitios por donde no se mueven los turistas e incluso se tomaría unas cervezas y cantaría en un karaoke conmigo.

Toda una aventura que recomiedo encarecidamente, por más que algunos de los trayectos no sean del todo cómodos en los precarios sillones, y la imposibilidad de disfrutar de aire acondicionado te haga volver al hotel sintiéndote pegajoso.



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Contratar a alguno será muy fácil, puesto que la ciudad está abarrotada de ellos. Si no los encontráis en el aeropuerto, os acosarán en cada esquina.

"Tuk-Tuk, Sir?"



Existe otra posibilidad que, de haber tenido un día más, me habría gustado probar: alquilar una bicicleta. El alquiler, de un dólar diario, incluye la bici y un candado para asegurarla. Creo que hay que dejar 30 dólares en depósito, pero no lo pude comprobar por mí mismo. si te gusta hacer ejercicio, recorrer los 8 kilómetros que separan la ciudad de los templos, envuelto en jungla y espectaculares imágenes, debe de ser toda una experiencia.




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LOS TEMPLOS. LA VISITA OBLIGADA.

La red esá inundada de descripciones de esta joya arqueológica, su historia, sus leyendas y trillones de megapixels de los artistas caseros que la fotografía digital ha traído a nuestras vidas.

Aun así, no soñéis que os vais a librar de mis cursiladas. Hablemos, pues, del tema.


UN POCO DE HISTORIA:

Como casi todo el legado histórico de carácter espectacular del que hoy disfrutamos, Angkor es fruto de dos causas, muchas veces más que interrelacionadas: Religión y afán de poder. He aquí otro ejemplo de cómo los humanos podemos ser imaginativos y creadores de fantásticas obras, y cómo podemos destruirlas o abandonarlas en pro de la búsqueda de riquezas y poder territorial.


Hasta el siglo IX, esta zona del Sureste Asiático estaba ocupada por Java (Indonesia). Poco después del año 800, el rey khmer Jayavarman II proclamó la independencia de Camboya, y base de alianzas comenzó la expansión de su reino, cuya sede estableció a unos kilómetros al norte del inmenso lago Tonlé Sap.

La ciudad se hizo eco de la prosperidad de la zona, y fue creciendo a la vez que iba generando templos, infraestructuras y grandes asentamientos que se nutrían de la pesca del lago y las abundantes cosechas. Estudios realizados con fotos tomadas por satélite indican que, con mucha diferencia, Angkor fue la mayor ciudad de la historia previa a la Revolución Industrial. Los números no dejan lugar a dudas: se calcula que la que clama por ser la segunda ciudad preindustrial por tamaño, la Maya Tikal, poseía una superficie de unos 150 kilómetros cuadrados.

Angkor se extendía sobre 1.000.

Para que os hagáis una idea, ésa es aproximadamente la extensión de la actual Los Ángeles, en los EEUU.









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LA DECADENCIA Y EL ABANDONO:





Según los expertos, parece ser que un importante cambio climático en la zona durante los siglos XIII y XIV debilitó la fuerza del reino. Terribles sequías -o terribles inundaciones, que no se aclaran- asolaron las tierras y las cosechas desaparecieron. Esta circunstancia fue aprovechada por los Thailandeses (Siam) para tomar la ciudad en el año 1.431 y expulsar a sus habitantes hacia el sur, cerca de la actual capital de Camboya, Phnom Penh.



Los templos, los palacios, los monumentos, todos fueron abandonados salvo Angkor Wat, que permaneció como lugar de culto Budhista. Comenzaba la historia de unas edificaciones que sería pronto engullidas por la jungla, en irremediable rendici'on frente a la poderosa naturaleza que reclamaba sus posesiones. Sólo el sonido de la fauna del lugar sería testigo del sigiloso avance de la vegetación que, en búsqueda de los terrenos de los que fue expulsada, acabó protegiendo con su verde manto los vestigios de la ciudad.



Y pasaron annos, décadas, ¡siglos! durante los cuales las piedras fueron sucumbiendo al lento abrazo de aquellos brotes verdes que un día aparecieran entre las llagas de la mampostería y, cientos de años más tarde, se conviertieron en impresionantes árboles del tamanno de edificios de diez plantas.



Imaginar el proceso resulta sobrecogedor. En varias ocasiones me senté a contemplar cómo increíbles árboles de metro y medio de diámetro se apoyan sobre frágiles edificios de piedra agrietada y gris, maltratada por el tiempo y el olvido, debilitada tras años en los que el único cuidado recibido fueron las lentas caricias de las ramas.



Ante tal demostración de fuerza y ante la realidad de procesos centenarios te sientes minúsculo, insignificante, ridículo.





DISTRIBUCIÓN DE LOS RESTOS.





Antes de continuar, os pondré en contexto espacial para que os hagáis una idea algo más aproximada.

En el mapita que podéis ver a la derecha, observaréis que el complejo está formado por varios grupos de monumentos entre los que destacan Angkor Wat y Angkor Thom, algunos de tamaño medio como Preah Khan, Ta Prohm o Banteay Kdei, y varios algo más pequeños: Neak Pean, Ta Som, o Phonm Bakheng, entre tantos.

La experiencia de quienes han estudiado el lugar nos deja dos recorridos diferentes para realizar las visitas: el pequeño, en rojo, y el grande, en verde, que comprende a los dos. El primero de ellos supone unos 27 km. El segundo, alrededor de diez más. Os dejo un vínculo a una interesantísima página -en inglés- en la que descargarse gratuita y legalmente el libro que en 1.944 Maurice Glaize (Francia), que estudió los templos durante años, publicó en Saigón, actual Ciudad de Ho Chi Minh, y lugar donde reside un servidor: http://www.theangkorguide.com/

Yo, que no tuve demasiado tiempo para preparar la visita -ya lo sabéis-, me lancé a la aventura, y consciente de que volveré a pisar esas piedras con más preparación si nada lo impide, me dejé llevar por Tzista, que en los dos días que dediqué a ver templos me llevó a lo que podemos llamar la vertical Este del esquema que os he puesto antes (desde Angkor Wat hasta Preah Kanh) con una escapada muy especial al infinitamente fotografiado Ta Prohm, donde árboles y piedra se funden en imposible equilibrio.

ANGKOR WAT




Como ya os he comentado, es el mejor conservado, ya que nunca -cuentan- fue abandonado a su suerte, como lo fueran buena parte de los demás.



Su visión sólo puede ser descrita como sobrecogedora. Rodeada por un perfecto rectángulo de fosos de agua de 190 metros de ancho que le proporcionaba protección, esta única construcción de piedra se extiende sobre alrededor de 200 hecatáreas (una hectárea=un campo de fútbol). De murallas para dentro, unas 82 hectáreas.
Se tardó 37 años en construirlo.


Templo de culto budhista desde el siglo XII hasta la actualidad, se cree que su misión inicial era la de acoger los restos del rey que la mandó construir, Jayavarmán II.



Pero Angkor Wat no es sólo una joya arquitectónica; sus interminables bajorelieves (unos 11.000 metros, sí, sí, once mil) describen escenas de la época que casan con los textos de los historiadores, ofreciendo piezas para completar el puzzle de la religión, sociedad y vida en general de los Jemeres.


Cuando terminéis de visitar el edificio principal, por favor, adentraos en la espesa jungla alrededor. Puede parecer atrevido, pero los caminos están trazados en sencilla cuadrícula y, aunque tengas la impresión de haberte perdido -yo me perdí-, enseguida encontrarás algún punto de referencia. Entre la espesura de los alrededores se esconden pequeñas edificaciones que, asomadas a los fosos de agua, ofrecen magníficas imágenes y te permiten una visita menos concurrida (normalmente esas excursiones las hace menos gente, habitualmente cansada y algo asustadiza respecto a lo de andar entre árboles y maleza)


Mi consejo se vais a verlo es que os estudiéis alguna de las guías que se pueden encontrar en internet de forma gratuita, o compréis alguna en el aeropuerto o alguna tienda (serán en inglés). Leer detalladamente a qué se dedicó cada zona o porqué tenía tal configuración en vez de otra, le confieren a la visita un valor muy especial. Id sin prisas, sentaos de vez en cuando a descansar y pensad la historia de lo que véis. Imaginad a los ciudadanos de la época caminando por las interminables galerías, los penosos trabajos de construcción, las batallas libradas fuera y dentro del recinto, los sacrificios, los rezos...


Un ejercicio maravilloso.



EL BAYON. EL TEMPLO DE LAS CARAS.





Como un Dios omnipresente. Vigilante y siempre atento a nuestros actos. Así se alza entre la exhuberante vegetación El Bayón. Una magnífica construcción cuyo rasgo diferencial lo constituyen las caras de varios metros cuadrados de superficie, que te observan con relajada pero a la vez inquietante sonrisa.

El Bayon se encuentra dentro de la ciudad llamada Angkor Tom, en medio de una amplísima zona de jungla acotada por un perfecto rectángulo amurallado originalmente con muros de 8 metros de altura, y por supuesto también flanqueado por fosos inundados. Al adentrate en el recinto por cualquiera de sus accesos notas que la naturaleza a tenido aquí más oportunidades de regresar por sus fueros que en Angkor Wat. Y es que murallas y pequeños conjuntos aparecen enredados entre las raíces y los troncos de árboles centenarios. Preludio de lo que podrás observar más tarde en Ta Prohm en grado superlativo.



Construida por Jayavarmán VII, Angkor Tomb tuvo en el Bayón su templo central. Existen numerosas teorías sobre el origen de las caras: guardianes de los puntos cardinales, deidades, la imagen de el propio rey o varios de ellos... lo cierto es que en cda una de las entradas del templo, torres de hasta 23 metros de altura con caras dispuestas en perfecta alineación con los puntos cardinales te dan la bienvenida.








EL MISTERIO DEL DINOSAURIO DE ANGKOR TOMB.





Exise en Angkor Tomb un punto muy estudiado, que podría constituir una prueba que tirara por tierra miles de las hasta ahora aceptadas teorías sobre la vida del hombre y otros animales en la Tierra:

En las pilastras de la zona sur de la entrada Este, existen bajorrelieves de animales contemporáneos: búfalos, serpientes, monos... ¡y un dinosaurio!




No son pocos los que atribuyen esta representación a una posible y probable presencia de dinosaurios en las junglas de la Camboya del siglo XII. Entre los distintos grabados se observan animales mitológicos; en concreto, las chinescas serpientes con patas -adragonadas, podríamos decir-, pero la mayoría son imágenes de la fauna del lugar. ¿Cómo podrían tallar una figura tan similar a la de un estegosauro sin haber visto uno? Os dejo aquí al lado un dibujito de uno de estos animalitos para que podáis comparar. Algunos expertos hablan de la posibilidad de que se encontrara un fósil durante las excavaciones, y que ello les proporcionara la información para realizar la talla.

Sea como sea, una interesantísima curiosidad más de este enigmático lugar.

lunes, 2 de noviembre de 2009

RAZONES

A ver, sennores.

Sigo teniendo problemas con mi portatil espannol, que creo yo que no se esta adaptando bien al pais.

ME NIEGO a escribir sin tildes y parecer uno de esos seres que ignoran nuestras reglas de ortografia. ME NIEGO a que frases como "Llore (pasado) por la perdida de mi abuela" bucee en las aguas de la ambiguedad -dieresis...- y pueda interpretarse como que mi abuela es una perdida...

Tengo en la mente y en las carpetas con fotos lo siguiente:

Terminar Bangkok
Perfume pagoda, perfume river.
Comida 1: Fruta (con viedos)
Montando en bici por Saigon (con videos)
Halloween en Saigon (sin fotos ni videos. Solo la narracion de los vietnamitas haciendo cosas de americanos)

Pero chicos, perdonadme que sea tan recalcitrante con las tildes....

miércoles, 16 de septiembre de 2009

TAILANDIA. BANGKOK: LA CIUDAD DE LOS ÁNGELES

















Aunque éste es un blog dedicado a Vietnam, de vez en cuando, cuando haga una escapadita, intenteré contaros algo sobre los sitios que visite.



Hoy quiero hablaros de Bangkok. Hace un mes estuve allí, donde tuve ayer una reunión a nivel Regional. Como era en martes, aproveché y me tomé el lunes libre, con lo que me he pasé casi cinco días conociendo una ciudad agresiva por su tráfico, deliciosa por sus costumbres, moderna por sus infraestructuras y "skyline", y diabólica por su vida nocturna.

A tan sólo hora y media de vuelo de Ho Chi Minh City, Bangkok es una ciudad que hay que conocer si se visita el sureste asiático.

Veamos si soy capaz de plasmar aquí lo que he conocido de la ciudad en los pocos ratos que he sacado para hacer turismo entre los días de trabajo.




INFRAESTRUCTURAS ESPECTACULARES.



Aunque he de reconocer que la vena profesional se me nota un poco en este aspecto, no deja de ser una realidad que las infraestructuras de Bangkok sorprenden por su modernidad, peculiaridad -a veces rayana en lo pretencioso- y el contraste que suponen con parte del paisaje que a veces atraviesan.



De entrada, el aeropuerto nos recibe con la torre de control más alta del mundo y una terminal entre las mayores del planeta. El aeropuerto de Suvarnabhumi -que significa ciudad de oro- es sin duda una puerta espectacular al país. Con decoraciones típicas, enormes salas de techos altos con cubiertas traslúcidas que permiten un fantástico aprovechamiento de la luz natural, y sus inumerables tiendas, cuando desembarcas y pasas los controles de inmigración tienes un poco la sensación de encontrarte en una especie de centro comercial enorme lleno de gente que se desplaza de un lado a otro. La verdad es que, acostumbrado como estoy a viajar continuamete por Vietnam y moverme por sus discretas terminales -algunas de ellas casi ruinosas, como Cam Rhan o Hué- no pude por menos que maravillarme ante la visión de algo que no me esperaba.



Consejos:



No os fieis cuando os ofrezcan taxis. Si no tenéis concertada la recogida con el hotel, id directamente a la parada de "Public Taxi", donde una chica en un mostrador te pregunta dónde vas y te da un ticket que entregas al taxista. No negociéis precio. Lo que marque el taxímetro será seguramnte mejor, a menos que haya atasco. Unos 200 bahts (4 euros) viene a ser lo normal para llegar al cento, aunque pagas también el peaje aparte (alrededor de 75 bahts, creo, unos 1.5 euros).



Hasta hace poco, la parada de los "Public Taxi" estaba en la planta baja (nivel 1). Ahora está en el nivel 3. Pronto se podrá llegar por ferrocarril a la ciudad.


Debéis llevar 700 Bahts (ya cambiados) para la tarifa internacional. Es posible que la agencia la incluya ya en el billete (en mi caso lo organizó de esa manera la empresa), pero por si acaso, no está de más llevarlos.

Ya en el taxi, es bueno hacer algo que acostumbro a hacer siempre que no me fío del taxista de turno: una foto nada más entrar a la identificación del taxista y al número del taxi (algunos se ponen algo nerviosos, pero por el momento ninguno se me ha puesto borde, y parece que aplaca sus posibles ganas de timarte)




miércoles, 26 de agosto de 2009

LAS MONTAÑAS DE SAPA. A DOS PASOS DE CHINA.

Al noroeste de Vietnam, allí donde las regiones fronterizas con China se elevan dando comienzo a la cordillera del Himalaya, se encuentra una provincia cuyas especiales características la han hecho famosa en el mundo entero:

Lào Cai.


Un clima extremadamente húmedo con las temperaturas más bajas del país, la presencia de minorías étnicas con claros rasgos distintivos, su escarpado paisaje tapizado de jungla y las terrazas de arrozales que cubren los altiplanos le confieren a esta zona de Vietnam una belleza única.


Pasar una noche entera durmiendo en literas en un traqueteante tren que probablemente no supere los 60 km/h, observar técnicas de cultivo y transporte propias del siglo XIX, despertar sobre las nubes, pegarse caminatas diarias de entre 6 y 12 km y poder dormir sin aire acondicionado, terminan de hacer de éste un viaje que merece la pena.


HISTORIA Y GEOGRAFÍA DE LA ZONA
Para conocer un poco de la historia de esta provincia es necesario tener presentes con más detalle esas particulares características gegráficas que han marcado su existencia, desarrollo y relación con el ser humano.
Lào Cai se encuentra a unos 400 k al noroeste de Ha Noi, y a su vez, unos 70 km al norte de Sa Pa. Con una altitud media de 1.600 m, un clima extremadamente húmedo y las únicas nevadas del país, estos parajes no han sido tradicionalmente un lugar apetecible para los "habitantes de las tierras bajas". Dominadas por el imponente Fan Si Pan, de 3.142 m de altura -la mayor del país- estas regiones fronterizas con China resultaron, y parcialmente siguen resultando, inhóspitas e inaccesibles.
Resulta, pues, fácil, comprender que durante miles de años la región haya sido habitada exclusivamente por minorías étnicas cuyas tradiciones y medios de vida han permanecido inertes al paso del tiempo y a los avances de la civilización. No fue hasta la década de 1.880,con la llegada de los franceses, que se empezó a alterar el atemporal equilibrio reinante en el lugar hasta la fecha.


Al principio, el interés de los franceses fue puramente militar, pues su situación estratégica con respecto a China era de gran valor. Durante los comienzos del siglo XX algunos colonos encontraron su clima "más continental" agradable en invierno, y empezaron a construirse residencias que, con la tortuosa segunda mitad del sigo, fueron destruidas desde la segunda guerra mundial hasta la guerra de la independencia contra Francia.
En los sesenta, medidas gubernamentales de fomento de la colonización consiguieron que ciudadanos locales "de las tierras bajas" se animaran a establecer sus pequeños negocios en Lào Cai y Sa Pa.


Pasaron varios años hasta que la autorización del Gobierno para la liberalización turística, en 1993, dio el banderazo de salida a una loca carrera hostelera que de momento ha situado en unos 80 el número de hoteles en esta ciudad de apenas 30.000 habitantes.


EL VIAJE. DÓNDE COMPRARLO, PRECIOS Y OPCIONES.




Existen cientos de agencias de viajes en las que comprar los billetes y las noches de hotel, o en los que contratar un paquete con todo incluido.
El primer consejo es comprar con antelación. Aunque a diario salen trenes desde Ha Noi hacia Lào Cai y viceversa, es fácil encontrarse con que todo está reservado, y tener que pagar "algún dinerillo" de más al de la agencia de turno para que "te haga un favor". Lo tienen todo ensayado...

Así pues, lo mejor es comprar una semana antes para evitarse problemas. En casi todos los hoteles de las ciudades significativas se pueden comprar los billetes, aunque no en todos es fácil poder contratar el hospedaje. Mi consejo es acudir a los viajes organizados para no complicarse la vida con el transporte estación-hotel y viceversa. Allí donde estéis encontraréis una agencia del Sinh Cafe (en Ho Chi Minh City, Pham Ngu Lao area; en Ha Noi, en casi cualquier rincón del Old Quarter)

PAQUETES TURÍSTICOS:

Creo que se puede optar entre tres noches, dos días, y cuatro noches, tres días. Probablemente haya otras combinaciones que no estudié. Me decanté por los dos días y tres noches.
Lo primero que sorprende es que el viaje no se haga de día, y es que la mejor manera de llegar es en tren, y debido a la distancia y la baja velocidad disponible, ir durmiendo por el camino es lo mejor. Para ello ofrecen dos posibilidades: cabina de 6 literas o cabina de 4. Evidentemente, lo primero por lo que optas es la de 4, aunque en mi caso, por cuestiones de disponibilidad, tuve que hacer el viaje de ida con cinco personas más. De la opción de ir en asientos normales ni hablamos.
Que nadie se asuste: la inmensa mayoría de los viajeros que van en litera son extranjeros, y en caso de ser vietnamitas son parte de la minoría que se puede permitir esos lujos, con lo cual, lejos de la idea de ir hacinados en un vagón maloliente y ruidoso, al final te encuentras con gente joven y divertida que enseguida te cuenta su historia y te pregunta por la tuya. Cuatro o cinco nacionalidades distintas son fáciles de encontrar en cada cabina, y si tienes ganas de charlar, tienes un buen rato asegurado antes de echarte a dormir y esperar a amanecer entre nubes, jungla y montañas.

El tren no está sucio, pero no está de más llevarse algo que utilizar como funda de almohada, e incluso un pijama o algo que haga las veces (la manta hace falta, porque el aire acondicionado no lo paran en toda la noche, y cuando te tapas te asaltan incómodas dudas sobre su limpieza) No os compliquéis la vida, por 4 ó 5 euros al cambio os compráis un chandal cutre en cualquier tienda y lo utilizáis esas dos noches como pijama. Así lo hice yo.

La secuencia es la habitual si compráis con Sinh Cafe: van a recogerte al hotel a una hora determinada, te meten en un minibús que hace un recorrido por varios hoteles cargando turistas en pantalones cortos, y te dejan en la estación de tren de Ha Noi.
Es un caos.
La entrada es una maraña de gente, motos, taxis y vendedores que parecen competir por alcanzar el grado máximo de contaminación acústica. En el interior, cientos de vietnamitas se apelotonan frente a las ventanillas, ocupan los tristes asientos de plástico de la sala de espera o se sientan acuclillados en cualquier punto, charlando cómodamente e una postura que, por más que intento imitar, no consigo mantener más de medio minuto sin que un intenso dolor me recorra piernas y espalda.
Afortunadamente, los billetes ya están comprados y sólo han de recogerlos, con lo que te dejan esperando con tus nuevos "compañeros" y en diez minutos te entregan el billete con el número de vagón, cabina y litera. Mis compañeros en este caso eran una pareja de unos 25 años formada por un británico y una taiwanesa, dos americanas rondando la treintena y una joven vietnamita de 21 que resultó haber contratado el mismo paquete que yo y con la que tuve oportunidad de charlar durante los dos días de excursiones.

PRECIO:
El precio por persona viene a salir por unos 50 euros (ligeramente más barato en habitación doble, lógicamente) para la excursión de dos días y tres noches, e incluye los viajes, el transporte Lào Cai-Sa Pa-Lào Cai, las excursiones y pensión completa. Pero mucho ojo, eso es casi la mitad del sueldo mensual bruto de mi secretaria; que nadie se piense que es una ganga. De ahí que, ante la carencia de una clase media significativa, este tipo de excursiones sea un privilegio que pueden permitirse muy pocos.

El hotel en el que estuve era bastante aceptable-estamos en Vietnam-, si bien la comida no fue de las mejores... Os dejo una foto de la habitación y otra de las vistas desde la terraza. Así da gusto despertar...
EL VIAJE:

Ya os he adelantado muchos datos del viaje en tren, con lo que no os voy a saturar con más de mis barrocas descripciones. Sólo una cosa que merece la pensa destacar: Las servidumbres del ferrocarril prácticamente no existen, de esa manera, es fácil encontrarse con que a dos metros a cada lado de la vía hay una pequeña barrera de un metro de alto y, a continuación, infraviviendas asomadas a la vía, ensombrecidas por el humo de la combustión de las máquinas diésel.

En grandes ciudades como HCMC o la capital, esta secuencia se repite durante decenas de kilómetros. Así, una vez establecidos en nuestras literas, la luz de la cabina encendida, las cortinas descorridas, y avanzando a baja velocidad debido al carácter urbano del tramo inicial, tuvimos la oportunidad de asomarnos a infinidad de cocinas, mini-salones, dormitorios y terrazas de todo tipo, algunos de cuyos habitantes nos miraban con la indiferencia propia de quien lleva años conviviendo con la misma estampa.
Atravesamos puentes metálicos que se estremecían ruidosamente a nuestro paso, produjimos varias colas en los pasos a nivel, tras cuyas barreras cientos de motos y algunos coches aguardaban impacientes el final del convoy. Tardamos unos 15 minutos en dejar atrás la ciudad. Tras algo de charla, la luz principal se apagó; un par de atisbos curiosos a través de la oscuridad al otro lado de la ventana, y me quedé dormido.
Seis horas después me desperté, sorprendido ante mi largo descanso entre traqueteos, vaivenes y ruidos metálicos. Estábamos a punto de llegar a nuestro destino, la estación de Lào Cai, a dos kilómetros de la frontera china. Mis compañeros dormían, y a través de la ventana, una sucesión de tonos verdes pasaban veloces sin darme tiempo a distinguirlos. Nos movíamos por una especie de túnel natural formado por el incesante crecimiento de la jungla alrededor de las vías. Intenté fotografiar el momento, pero mi adormilada cámara sólo pudo captar de forma difusa el mensaje de bienvenida de las montañas
Habíamos llegado.




La estación de Lào Cai no es nada del otro mundo. Muy similar al resto de las que he visto por el momento, sólo la temperatura, bastante más agradable que el insoportable calor húmedo de Hanoi a finales de junio, le dió un tinte de exclusividad a este antiguo edificio.

Tras la llegada, los guías reúnen a cada grupo de turistas y les asignan un minibús en el que pasarán la hora y media de recorrido hasta llegar a Sa Pa. Este trayecto puede marear a aquellos que sean propensos a ello, por lo tanto, aconsejo llevar unas pastillitas o chicles contra el mareo para los viajes de ida y vuelta.

Al final, algo cansado, llegas a Sa Pa. La zona donde estaba nuestro hotel está un par de kilómetros por encima de la población, imagino que para permitir mejores vistas.
Allí nos estaban esperando unas chicas muy peculiares que nos acopañaron durante casi todo el viaje. Se trata de mujeres de la zona que, ante la avalancha de turistas de los últimos años, han descubierto que acompañar a los visitantes durante la marcha, darles un poco de charla y permitirles fotografiarse con ellas les reporta muchos más beneficios que el duro trabajo del cultivo y recolección de arroz y maíz.
Otras, simplemente observan curiosas a los recién llegados. Casi todas tienen rasgos muy diferentes a los de resto de los vietnamitas (yo diría que son menos agraciadas), y esta peculiaridad, junto con su vestimenta tradicional, hacen de ellas una interesante estampa que te sorprende nada más bajar del autobús.

Muchas de ellas llevan a sus hijos en cestas a la espalda, y los protegen del sol con sombrillas mientras te dedican sus mejores sonrisas en busca de una propina ridícula para ti y monstruosa para ellas. Indicativo: el salario de un día de recogida de arroz, según nos comentó el guía, puede no superar los 50.000 dongs. Dos euros al cambio actual de principios de Septiembre...



LAS EXCURSIONES. CAMINANDO ENTRE JUNGLA, CASCADAS Y ARROZALES.

Como las fotos muestran, desde el momento en el que abandonas el pueblo, empiezas a andar por caminos resbaladizos hechos por los locales para desplazarse a través de la complicada topografía del lugar. Las excursiones que hicimos durante dos días nos llevaron a lugares diferentes, pero el paisaje es similar: e las laderas más suaves, enormes superficies dedicadas al cultivo del arroz (terrazas); en las pendientes medias, maizales; en los puntos bajos, ríos y arroyos que forman innumerables cascadas, y en las zonas más escarpadas, una mezcla de jungla tropical y algunas coníferas arrastradas hasta aquí por las bajas temperaturas.

Y agua mucha agua. Agua que está presente en cada rincón del aire y la tierra de este lugar, y que ha marcado profundamente la vida en él.

Adentrarse en los caminos de las montañas de Sa Pa es como retroceder 100 años en el tiempo. La escasez de tecnología infraestructuras obligan a sus habitantes a vivir en unas condiciones cuya dureza sólo se puede apreciar en primera persona. Apenas existen puentes, y los caminos no superan los 2 ó 3 metros de ancho, con lo que, por un lado, sólo se pueden utilizar animales como medio de transporte, y por otro, lo recorridos tienen que hacerse forzosamente rodeando las elevaciones del terreno para minimizar las pendientes al pasar de un punto alto a otro. Los caminos son larguísimos, y la distancia entre dos puntos alejados apenas unos cientos de metros en planta, puede llegar a convertirse en kilómetros de penoso avance por las laderas.
En varias ocasiones me encontré a niños de apenas 10 años caminando con búfalos en busca de nuevo cargamento que llevar hasta el mercado. En otras, pequeños de cuatro o cinco años jugaban en cabañas hechas por ellos mismos con palos y anchas hojas provinientes de las muchas especies de los árboles y plantas que lo cubren todo. Descalzos, sucios, pobremente vestidos y visiblemente desnutridos, sólo la curiosidad con que miran tu color de piel y las sonrisas que les arrancan tus bromas les devuelven el aire infantil e inocente a esos rostros curtidos por el clima y el esfuerzo.












La vida es lenta y dolorosa, monótona y sacrificada, pobre y dura. Una sucesión de amaneceres que los sorprenderán acarreando mercancía, recolectando la cosecha, arreglando los rudimentarios sistemas de riego o rezando a Budha por mejores tiempos, es lo que con toda probabilidad espera a la mayoría de estos chavales que trabajaban o jugaban ajenos a la otra realidad que los niños de su edad viven en nuestro mundo.

EL CULTIVO DE ARROZ. ALGUNOS DATOS INTERESANTES.

Es curioso cómo viajar a otros sitios te sugiere interrogantes sobre realidades que, si bien constantemente presentes en nuestras vidas, por llegar a nosotros muy elaboradas nos dan la sensación "de haber estado siempre así". Es el caso del arroz y su cultivo, temas sobre los que mi ignorancia rozaba la perfección (yo pensaba que nacían en unas bolsas de papel blanco, en las estanterías del Carrefú). A ver si soy capaz de explicaros algo de lo que he aprendido en estos meses.

El clima ideal para el cultivo el arroz es cálido y húmedo, (no germinando por debajo de los 10 ºC ni por encima de los 40, y siendo la temperatura ideal para todo el proceso de entre 30 y 35º), razón por la cual se da con profusión en los climas tropicales o subtropicales (entre los 49 y 50º latitud norte y los 35º latitud sur). Se cree que nació en la India, y que rápidamente su cultivo se extendió a China y el sureste asiático, donde pronto se convirtió en la base de la alimentación.

En Vietnam, como en Laos, Camboya y Tailandia, muy marcadas por la influencia de los Monzones que les procura intensas lluvias durante gran parte del año, la técnica más usada es la del cultivo bajo inundación. Consiste en arar la tierra (normalmene arcillosa) para facilitar la penetración de las semillas, e inundar artificialmente (caso de las terrazas) o mediante las precipitaciones de la estación húmeda.


Esta forma de cultivo lleva aprejadas penosas consecuencias, y es que tras la inundación todo el trabajo ha de realizarse con las piernas sumergidas entre unos 20 y 30 cm bajo el agua. En determinadas zonas, incluso por encima de un metro.

Descalzos.

Las enfermedades de la piel y los huesos que años de trabajo en estas condiciones producen son despiadadas. Si a ello le unimos la dureza de la plantación y recolección, agachándose y levantándose en interminables jornadas, nos damos cuenta de que las bellas imágenes de infinitos mantos verdes, salpicados de jornaleros vistiendo sus Non Lá, esconden tras de sí la dureza de unas vidas dedicadas al sacrificio a cambio de un sueldo de subsistencia.

Ahora quizás resulte más fácil entender el porqué de las terrazas: en una topografía escarpada, la única forma de obtener superficies en las que estancar el agua es crear planos horizontales en las laderas, siguiendo las curvas de nivel del terreno y creando una versión natural de los dibujos de "planos acotados" que tantos dolores de cabeza me dieron en primero de carrera. El riego se lleva a cabo mediante simples canalizaciones que recogen el agua de lluvia, primero en cunetas, y luego en "conducciones" formadas por medias cañas de bambú seco unidas entre sí y a las que se dota de la pendiente necesaria para obtener el caudal adecuado. Así, el agua se lleva hasta la más alta de las terrazas y, a través de compuertas de madera y más canalizaciones, va bajando desde ésta hasta las inferiores. En las fotos podéis ver varias de estas etapas.

CAMINATAS DEMOLEDORAS

Esto es algo que he de advertiros. Si bien es cierto que la belleza del paisaje es sobrecogedora, también lo es que las excursiones duran entre 5 y 7 horas, y que se hacen a pie por caminos que, como os he comentado, serpentean entre montes y montañas, cambiado continuamente de pendiente y llegando a resultar realmente agotadores.

Llevaos agua y algo de fruta, si podéis comprar en el mercado o en los alrededores del hotel. Seguro que la agradecéis. Os cuelgo fotos de las imágenes que os encontraréis durante los agotadores kilómetros de recorrido.