sábado, 3 de marzo de 2012

CASARSE EN VIETNAM. UNA EXPERIENCIA ESPECIAL.


Sería difícil tratar de destacar alguno de los muchos ritos, costumbres y escenas del día a día de Vietnam que a cualquier occidental nos resultan llamativas. Quizás no sea lo más impactante, pero sin duda, la mezcla de exotismo, colorido, ceremonia y ritual que rodean a la boda tradicional Vietnamita la convierten en una de las experiencias más especiales que, como extranjero, puedes vivir en el país.

Si además eres uno de los dos protagonistas, entonces el atractivo se multiplica. Intentaré explicaros hoy cómo se celebran habitualmente las bodas en Vietnam, y cómo se siente un europeo sumido en acto de pura cultura China celebrando lo que, independientemente de la ceremonia que se adopte, ya es en sí un día complicado.

DOS CEREMONIAS. PARA DAR VARIEDAD.


 Los asiáticos, muy celosos de su tradición y los ritos que se han venido heredando durante siglos, suelen intentar preservar parte su cultura, protegiéndola de los ataques de la modernidad y el pragmatismo a los que el mundo occidental ya sucumbió o va sucumbiendo poco a poco.
Y las bodas son un caso paradigmático: para no dejar que las ansias de imitar otros estilos de ceremonia acaben por contaminar el misticismo del casamiento tradicional, se ha creado la costumbre de celebrar dos o incluso tres ceremonias, de forma que todos los gustos tengan cabida sin dejar de rendir honores al pasado.

Así, es habitual que una pareja religiosa celebre por la mañana la boda tradicional, a media tarde la correspondiente a la religión practicada, y por la noche el típico banquete a imagen y semejanza de los europeos o americanos, que tanto molan aquí.

En nuestro caso, optamos por la práctica tradicional -no me la habría perdido por nada- y después, por la tarde, por la invitación a los amigos y familiares al banquete (más glomouroso pero menos divertido, la verdad)

LA CEREMONIA TRADICIONAL PASO A PASO.

La ceremonia tradicional Vietnamita es en realidad China, y es que mil años bajo el mandato del vecino de arriba dejan huella. El principio es sencillo: familia del novio visita a familia de la novia, llevan determinados regalos, conversan y, si se obtiene permiso, se celebra sobre la marcha y asunto resuelto.

Esto, que nos puede sonar a folclore, es una realidad patente en un país en el que casi el 70 % de la población vive en el campo, generalmente en aldeas o pequeñas poblaciones en las que la cultura está todavía muy anclada en el pasado, y los matrimonios acordados entre familias están al orden del día.

Preparando la casa.

Los vietnamitas viven muy de cara a la galería. Probablemente fruto de su inminencia rural, la observación de lo que los demás tienen, hacen, o pueden permitirse es uno de los deportes favoritos. La rigurosa preparación de las casas puede tener algo que ver.

No quiero cachondeo ninguno... esto le
pasa a cualquiera. Así que a callar...


La vivencia del guiri: mi futura mujer lo organizó todo; fuimos a unas tiendas perdidas en la maraña de su Distrito y alquilamos o compramos los adornos. A saber, un arco de flores que había de poner en la puerta, un letrero con la leyenda "Recién casados" y unas letras adhesivas con nuestros nombres y la fecha de la boda -muy coloridas y brillantes, al estilo Vietnamita- que hay que poner en la pared en algún punto estratégico en el que después se tomarán decenas de fotos.

El arquito de marras, que se caía cada vez que lo dejaba solo.

Ahí me teníais, pegando letritas en la pared (el pegamento debe de venir de la NASA o algo así, porque todavía están intactas y me da miedo tirar demasiado, a ver si me traigo los ladrillos...), montando el arco de flores y, por supuesto, poniendo orden por doquier (que después los que han estado allí se ponen a largar, claro).
Los recipientes con la fruta, esperando a la tortura del día siguiente

Quiso la casualidad que estuviera en el extranjero durante una semana entera hasta justo dos días antes de la boda, con lo que ya os imagináis que hube de hacerlo todo en el último momento.

Las letritas... todavía están en el mismo sitio. Intactas.
Un numerito.


Preparando la comitiva.

Esto es aún más divertido. Como os he comentado, el origen de todo esto es el acto de petición de mano, entrega de regalos y acuerdo entre las familias. Una comitiva encabezada por los padres, seguida por el novio y coronada por los amigos y familiares jóvenes del mismo transportan parsimoniosamente las viandas y delicados presentes desde la casa del susodicho a la casa de la susodicha.

Con lo cual, para hacer bien la cosa, has de tener familia, amigos y regalos.

La visión del guiri: Yo no tenía ninguna de los tres requisitos. Los amigos que tengo son algo mayores, y de varias nacionalidades, así que me resultaba imposible encontrar a cinco o seis jóvenes vietnamitas, disponibles y dispuestos a ponerse el traje típico y cargar con las viandas por mí...
Mis padres, los pobres, no están ya para estos viajes, y no pudieron venir. Y los regalos típicos... ¡para regalos típicos estaba yo! ¡si acababa de llegar de un viaje!

Afortunadamente, para todo hay solución, y aquí viene lo divertido.

Resulta que una tía de mi mujer, Vietnamita, que vive en Estados Unidos y está casada con un Americano, decidió venir con su marido a la boda. Ella, pasados los cincuenta. Él, en la puerta de los sesenta. Ella asiática y morenita. Él, medio rubio y blanquito, y algo bajito para su nacionalidad.

Y yo, ni moreno ni rubio, ni de piel blanca ni oscura, más bien bajito para Europa y con ojos que se me achinan cuando me río... me volví en el hijo perfecto para los tíos de mi mujer. O mejor dicho, ellos se volvieron los padres perfectos para mí.

Ya tenía padres.

Lo de los amigos se resolvió de forma bastante más prosaica... los alquilé. Tal y como se lee. Existen grupos de jóvenes (normalmente estudiantes) que se ganan un dinerito con esto de las bodas. Los suelen escoger por juventud y estatura, y los tíos son auténticos profesionales de la cosa. No hay que comprarles el traje, porque ya lo tienen, y sonríen, gastan bromas, posan y yo creo que serían capaces hasta de emocionarse con la pedida de mano, si se les pidiera (y se les pagara). A razón de 150.000 dong por cabeza (unos 6 euros), mis seis flamantes amigos, primos, o hermanos, o lo que sean, me salieron por 36 euros.

Ya tenía amigos y familiares.

Lo de los regalos típicos se solucionó de similar manera: alquilándolos. Así, en otra tienda a la que me llevó mi señora, entre gente sentada en el suelo atando lazos en torno a cajitas de colores, chavales cortando papel de envolver, unos abuelos comiendo en la acera junto a la entrada, y un perro muy pequeñito pero que me miraba mal y me ladraba continuamente, atinamos a encontrar todo lo necesario para cumplir con el ritual de llevar los regalos. A saber, unas cajas de metal cilíndricas con tapadera convexa y pinturas chinescas sobre fondo rojo, en las que introducir los regalos. Unos tapices con inscripciones en chino y vietnamita, con los que hay que tapar las cajas. Frutas varias y pasteles de arroz envueltos en hoja de platanera, para meterlos también en las cajas, y una bandeja en la que, el día de la boda... ¡APARECIÓ UN CERDO ASADO!

Sí. Un cerdo enterito, recién asado que trajeron a mi casa a las 7 y media de la mañana y que dejó su aroma en la tapicería del sofá hasta que tengamos hijos en la universidad.

No me lo podía creer. Cuando quise darme cuenta, un montón de gente estaba en la casa, yo, medio dormido, me había encasquetado el traje de monagillo oriental ese con el que me casaron, mis padres de mentira me arropaban como si fueran los auténticos y el cerdo asado aromatizaba para siempre mi mobiliario mientras los flashes y la cámara de vídeo se cebaban conmigo en mi último día de solterito de oro...


YA LO TENÍA TODO.

Entonces empieza la parafernalia. Mis padres me ayudan a darle a mis amigos -o lo que sean, llamémoslos "los chavales"- todos los regalos, uno por uno y con mucha parsimonia y cuidado de salir en las fotos.

Y cuando todos tienen sus parte de carga, comienza la comitiva. la teoría dice que hay que ir andando hasta la casa de la novia, pero en mi caso eso son unos 6 kilómetros, así que anduvimos hasta el coche; o sea, que cruzamos la acera.
Después, el coche nos dejó a unos cien metros de la casa de la novia, e hicimos la procesión a lo largo de la calle, bajo la maraña de cables de los tendidos eléctrico y telefónico, cuidando no caernos en ninguna arqueta, y siempre ante la atenta y atónita mirada de los vecinos y curiosos, que decían algo de "Nguoi Tay" (extranjero) y "Cuoi" (boda).

Yo los miraba y sonreía, a la vez que los saludaba: "Xin Chao!"

En fila por la calle, guiri y vestido de monaguillo chino. Un numerito.
Entonces se llega a casa de la novia, y allí están "las chavalas" -llamémoslas "las chicas"-, que esta vez no eran de mentira, sino amigas, primas y la hermana de mi mujer. Ellas esperan en la entrada, colocadas en fila, y los chavales se colocan frente a ellas, cargando los regalos, formando un pasillo al final del cual los padres de la novia esperan sonrientes (el padre de mi mujer falleció hace años, así la que nos esperaba al otro lado del pasillo era mi eternamente joven suegra)

Las chicas, junto con una tía de mi mujer, y la abuela.

Tras desplazarnos, mis padres y yo, entre las jóvenes hileras, saludamos a la familia de la novia y se procede a la entrega de regalos. Los chavales ceden cuidadosamente las cajas a las chicas, en bonita escena cargada de miradas cómplices y sonrisillas (empecé a entender otro aliciente del trabajo de los chavales...)


Mi suegra, la que no envejece, y yo, presenciando la entrega de regalos.

Es el momento de la pedida de mano. A falta de padre de la novia, mi padre de mentira se dirigió a la persona de mayor rango (la abuela, por edad) y explicó que el motivo de la visita era solicitar permiso para que yo me casara con la niña. Los regalos fueron expuestos sobre la mesa del salón y la simpática abuela de mi señora dijo que estaban encantados de recibir la noticia y que no había ningún inconveniente para que se llevara a cabo la boda.
 Ja, menos mal. Llevábamos más de dos años saliendo... vaya marrón si hubiera dicho que no...

Fue éste el instante que elegí para -involuntariamente- generar la anécdota de la boda: tras la petición de mi padre de mentira, se suponía que yo diría algo, y por esto de quedar bien -y puesto que nadie en la familia de mi mujer habla inglés- me decidí a decir mis palabritas en vietnamita. Que hola, que qué tal, que vengo aquí porque quiero casarme con la niña y que dónde está. Todo muy bien, todos encantados con el guiri hablando, hasta la última frase... resulta que en vez de "Con me dang o dau?" (dónde está su hija), dije "Con den o dau?", y en ese pequeño matiz pasé a preguntar a todos que dónde estaba. Algo así como "¿A dónde he venido?"

El cachondeo fue pequeño... Un estallido de risa general inundó la habitación, y cuando se lo tradujeron a mi padre de mentira, empezó a vociferar "¿dónde estoy? ¿quiénes sois? ¡qué confusión!"

Más risas.

A partir de este punto, todo pareció discurrir más lento. La novia aparece, bellísima en su Ao Dai rojo, y he de hacerle entrega de los regalos, y tras ello se produce el intercambio mutuo de los anillos. Después, la procesión de familiares se va acercando, felicita a la pareja y les dan el sobrecito, y tras ello se rompe en aplausos para dar la enhorabuena a los recién casados.

Misión cumplida.



No penséis que esto termina aquí. Siguiendo similar rito, la hilera de chicas devuelve las cajas vacías a los chavales, y la pareja, ya marido y mujer, presiden la celebración en la que las viandas traídas son consumidas con alegría por parte de los familiares, normalmente en la calle o -si la logística lo permite- en la casa de alguno de los cónyuges.

En nuestro caso no fue así, ya que el banquete tendría lugar por la noche, a la hora de la cena.

EL BANQUETE. UNA OPORTUNIDAD PARA DESLUMBRAR.



Bien pensado, lo que os voy a contar puede ser a plicable a un buen porcentaje de nuestra población, pero dejémoslo como la observación externa de lo que aquí se hace, sin entrar en comparaciones.

Como digo en el título, en el banquete lo más importante es deslumbrar. Lo habéis leído en multitud de entradas: los vietnamitas viven muy de cara a la galería, y el hito de la boda se rige en gran parte por el principio del "Y yo más"

La ubicación de la fiesta.

Lo primero que se suele estudiar para ser más  es el lugar de la celebración. Cuanto menos discreto, más brillos, modernidades y -muy importante- más rimbombante el nombre, más mola.

Así en Ho Chi Minh abundan los centros especializados en bodas, donde tras doradas letras góticas con nombres como "White Palace", "Golden Ceremony" o similares denominaciones de particular gusto, te esperan voluminosas salas de recepción con techos altos de los que cuelgan lámaparas de araña, columnas góticas y paredes paneladas en madera lacada, con intendidad de iluminación más propia de un estadio y globos, muchos globos de muchos colores.

En las bodas a las que he asistido en estos años, unas chicas muy elegantes te reciben a la entrada y consultan una lista con decenas de parejas, indicándote la planta y el número de la sala a la que has de dirigirte. Es entonces cuando te das cuenta de que el sitio es una especie de factoría de celebraciones que produce banquetes de manera industrial. Las escaleras están llenas de enchaquetados o maquilladas que van de un lado a otro, y cuando entras en los pasillos compruebas que a ambos lados hay puertas y más puertas con la foto de los novios suscrita por sus nombres.

Vaya negocio...

Curiosidades.

Es tanta la distancia física y social, tanta la profundidad del abismo cultural y -lamentablemente- tan grande la diferencia en acceso a dereminados refinamientos, que las reacciones del vietnamita de la calle me despiertan más ternura que parodia, más paternalismo que crítica y más comprensión que sorpresa.
No son como nosotros -o nosotros no somos como ellos-, no han recibido nuestra educación -a veces para bien, a veces para mal- y no han tenido alcance a nuestras comodidades y caprichos; y esto puede hacernos malinterpretar sus acciones y reacciones, fruto, al fin y al cabo, de un presente muy rural, una escolarización muy básica y ese pragmatismo lógico de sociedades que en vez de vivir, sobreviven.

He aquí algunos ejemplos de eso que a nosotros nos parecerían rarezas.

1. La bebida por excelencia es la cerveza (con hielo), y ya puede haber disponible lo que haya, que la cerveza es lo más demandado. En nuestra celebración había una selección de las mejores bebidas de varios países, incluidos vinos franceses y españoles, güisqui escocés "etiqueta azul" o una marca de Champán de Francia que todo el mundo conoce.
El 95% del volumen consumido fue cerveza. Sólo mi jefe, un amigo de España que vive aquí y algunos directores de la empresa bebieron de las delicatessen.

Esta "exposición" me la encontré cuando
ya era demasiado tarde... otra muestra más
de esta obasesión por enseñar.

2. La fiesta termina cuando se termina la comida, tras la tarta y el brindis. Que nadie piense en esas bodas nuestras en las que se cena, se re-cena, se le da caldo a la gente a media noche y hay que echárselo por encima para que se vayan por la mañana.  Aquí, tras comer, todos empiezan a levantarse y a irse. La pareja ha de acercarse a la puerta y despedir a todos para que nadie se sienta desplazado. Ellos no vendrán a la mesa a decirte adiós.
Esto me dejó una sensación de sobremesa interruptus un poco desagradable, porque me perdí la parte de bromas, charlas y compañía que a nosotros nos suele apetecer tras la comida.

3. El pianista, un incomprendido. En principio, lo del piano fue un guiño a mi sibaritismo que puso de manifiesto mi magnífico desconocimiento sobre las preferencias locales (del que mi mujer, entiendo que a modo de concesión, no me dijo nada). Jazz, música clásica y piezas archiconocidas salieron de las manos de nuestro particular Richard Clayderman, sentado tras tan bello instrumento que hay que pagar hasta la última nota. Un toque de elegancia, pensaba yo. Demasiado ruidoso, o no descansó ni un minuto fueron algunos de los comentarios que mereció mi ocurrencia...
Ya sabéis. Nada de piano.

4. El micrófono, la estrella. Esto atrajo poderosamente mi atención en las bodas a las que fui. Aquí, es costumbre que todo aquél que tenga cierto papel relevante (padres, hermanos, vecino destacado...) o que sea lo suficientemente importante como para rendirle honores (alguien del Gobierno, algún rico, jefes, etc.) agarre un micro y deleite a la concurrencia con una larga narración de la relación desde el punto de observación que tuvo. "Una mushasha mú buena pa mi niño" "una pareja encantadora, el mú trabajadó, ella mú limpia", "Un buen hombre que no vuelve tarde a casa" y los consabidos deseos de felicidad, niños, salud y dinero.
En nuestro caso, he de reconocer que quizás me pasé de frenada y dejé que la distancia que me separa de esa costumbre pesara más que la concesión a lo que todos esperaban. Debiera haber agradecido a todos su presencia, haber hecho algún chiste con la nueva condición de casado y haber sugerido un "manos a la obra" con la cuestión de la descendencia. Esto los habría dejado satisfechos, pero entré en modo pánico cuando imaginé a una cola de "voluntarios" esperando a hacer su discursito sobre nosotros; y cuando el organizador de la cosa vino hacia mí, sonrisa de fábrica en la cara y micro en la mano, le indiqué disimuladamente que lo metiera donde nadie lo viera.

Probablemente un error. Como el piano.

5. Los sobres, sin disimulos. Al menos para mí, el momento de la entrega del sobre ha sido siempre un poco embarazoso. En las ocasiones en las que no he podido parapetarme tras el abrigo de la transferencia bancaria, me he sentido algo "cateto" metiendo los leuros en el sobrecito junto con mi tarjeta. Y creo que lo mismo le pasa a más de uno.
Sin embargo aquí, a la entrega del sobre hay que darle publicidad y ornamento. Tanto es así que a la entrada de la celebración, un cesto de mimbre en forma de corazón, lo suficientemente transparente como para que se vea el volumen de sobres ya introducidos, se coloca sobre una mesa en la que alguien de la familia sonríe amablemente a los que vienen y, de paso, supervisa el paso por caja...
Costumbres...


El punto de vista del guiri: Aunque os he contado ya muchos detalles sobre lo que yo hice, lo cierto es que no se trata de eso, sino de que entendáis la cultura local. Por satisfacer vuestras viscerales ansias cotillas, os diré que la cena tuvo lugar en un buen hotel francés en el centro de Ho Chi Minh City, que redujimos el número de invitados hasta apenas cincuenta, y que me sentí muy halagado por la presencia de amigos e ingenieros del departamento que volaron los 1200 km que separan Saigón de Hanoi, o por la de mi jefe, un gran tipo, que se trajo a la familia desde Kuala Lumpur, en Malasia, para acompañarnos en este día.
Realmente gratificante.


Como curiosidad, os dejo alguna foto del salón que escogimos, en las que veréis que hice una solicitud sobre los colores de los tapices del techo, que aludieron silenciosos a la bandera de España, cuyos colores, además, coinciden con el fondo y la estrella de la bandera de Vietnam.


Los colores nacionales de España y Vietnam presidieron la fiesta

EL PAPELEO. UN PASO IMPRESCINDIBLE.

Para los que lean esto con intención de casarse de verdad, y si lo hacen con alguien de nacionalidad vietnamita, quizás estas notas sirvan de guía, por más que no pretendo hacer una descripción pormenorizada.

Fé de estado:

Hay que obtener un certificado del Registro Civil Español en el que se diga que no estás casado con nadie. Esto se puede conseguir en el propio Registro Civil o, como fue mi caso, en la Embajada Española, donde me ayudaron amablemente haciendo la consulta con el Registro y expidiendo el Certificado Consular.

Solicitud de Aptitud para el matrimonio:

    1. Primero hay que ir al Registro Civil de la ciudad en la que estés (en HCMC está en la calle Pasteur, en el distrito 1), y allí se hace la solicitud de matrimonio, que consiste en rellenar unos papeles y pagar algo (unos 10 ó 20 euros, no me acuerdo). Tras rellenar los papeles, te dan cita para la entrevista -ya hablaremos- y te indican lo que tienes que llevar: básicamente, un certificado médico que se hace en un hospital local y los pasaportes de ambos junto con declaraciones juradas de las razones de la boda y unas fotos tamaño carné.

Certificado Médico: Esto es una rutina para obtener ciertos ingresos extra, puesto que el examen médico real es tan somero como tomarte las pulsaciones, medirte la tensión, preguntarte si padeces alguna enfermedad grave, pagar y firmar. Pero tiene sus pasos:

- Pide cita (el hospital al que ir te lo habrán indicado en el Registro Civil de VN al que hayas ido)
- Lleva las fotos de carné preparadas (hazte seis y así te acuerdas más tarde de lo joven que estabas antes de casarte)
- Ten paciencia al esperar la cola, pero si puedes, déjate ver junto a la persona que llama al siguiente, porque si eres el único occidental, probablemente te pasarán delante. No entro a valorar esto, pero a mí me salvó una hora de horario laboral.


Entrevista:

Esto es otra rutina que te quema los nervios. Ya con los "resultados" del certificado médico, que tardan como una semana, habrá llegado la cita con el funcionario o funcionaria de turno, que comprueba que el matrimonio no es de conveniencia y que hay una relación real. Para ello, lo aconsejable es:

- Imprimir fotos juntos, si habéis viajado y se identifican sitios claramente de otros países, mejor.
- Imprimir algunos emails antiguos en los que os decís cuánto os queréis. Toma invasión a la privacidad.
- Concretar con tu pareja la fecha en la que os conocisteis, dos o tres puntos importantes en la relación y cuándo decidisteis casaros. Parece una tontería, pero a veces es difícil acordarse de cuándo exactamente la amistad dio paso a la relación, y una incoherencia en esto puede no gustarle al funcionario/a, que puede utilizarla para complicarte la vida yendo a una segunda entrevista o pedirte algún favor en forma de papel del banco de Vietnam...
- Un poco de este papel, entregado nada más llegar, con la excusa de preguntar algo, puede ahorrarte cola. En mi caso no tuve tal necesidad, pues éramos los primeros, pero observé los movimientos de algunas parejas que, sorprendentemente, fueron rápidamente atendidas tras nosotros...

En la entrevista te preguntan sobre la relación (antigüedad, si conoces a su familia, cuántos hermanos tiene ella, cuántos tienes tú, de qué trabajas, etc) y después le preguntarán lo mismo a ella.

Ha de coincidir, claro.

Si dices algunas palabritas en Vietnamita, ayudará, pero te obligan a llevar a una persona que traduzca y que no puede ser familiar de ninguno de los dos (mi secretaria se lo pasaría bomba escuchando detalles sobre mi relación...)

En fin, espero que todo esto os haya sido útil. Ya sabéis un poquito más sobre mi segundo país, y cómo se vive esto de casarse. Ojalá os hayáis divertido.

Hasta pronto.



19 comentarios:

  1. Deivid te digo como a Isabel Preysler con los FerreroRocher.
    "Con este post, realmente te has superado"

    Bueno, el post es casi lo de menos, porque vaya ejemplo de integración con más cojones.

    Un abrazo desde Graná.

    Juanma

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  2. Enhorabuena Deibi. Para mí también soplan nuevos vientos. Ya mismo me voy de luna de miel a Vietnam, jajaja. Por cierto, después de ver tu indumentaria espero no te rías nunca de mi uniforme de Caífa.

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  3. Quillooooo!!!!
    Enhorabuena... Muy buenos los comentarios y descripciones, pero podías haber mentido con eso de que tuviste que alquilar los amigos... Queda feo... Pero bueno, lo importante es que estés bien, que seas feliz y disfrutaras con cada momento.
    Un besazo enorme a los dos.
    Espe

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  4. Realmente muy ilustrativo.La verdad no se como llegue a este link pero es lo mejor que he podido encontrar.Hola soy de Peru y estoy hiendo a Vietnam(Ho chi minh)en enero del proximo año a casarme.No saben todo lo que estoy haciendo para poder encontrar la informacion deseada aca lo encontre todo papeleos, costumbres....Lo he leido y lo he vuelto a leer.Gracias por publicar tu experiencia me ayuda mucho...

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  5. Hola David!! Mi nombre es Gerardo (www.gerardo-rodriguez.net). He encontrado por casualidad tu blog buscando informacion de Vietnam, donde debo ir a llevar adelante un proyecto. Tus comentarios no tienen desperdicios y nos enseñan muchas cosas de este pais. Te agradezco mucho que hayas compartido tus eperiencias en la red. que seas muy feliz!!

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  6. estuvo increíble! yo conoci a una mujer de Vietnam por medio de Internet, tenemos mucho tiempo teniendo contacto, estoy muy enamorado de ella, ahora platicamos de tener una boda en Vietnam, yo tengo el problema de no conocer a ninguna persona de asía, después de ver tu blog me das mucha confianza! gracias y espero tener una muy linda boda.

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  7. Hola CHALS,soy alexis y me da mucho gusto que vayas a contraer matrimonio,te deseo lo mejor de lo mejor en tu nueva etapa de casado con una chica de vietnam,,,te agradeceria infinitamente si me dieras unos tips,de como poder contactarme o algun web site,,mi correo es afajardo_westfire@hotmail.com

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  8. todo muy bonito y los felicito, pero al parecer a mi hermano le toco la de peor caracter a menos que todas sean asi, les recomiendo convivir con ellas o conocerlas a fondo por lo menos un año antes de casarse, porque de lo contrario podrian arrepentirse toda su vida por su inestabilidad sentimental

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  9. Respuestas
    1. Vaya, ¡la comunidad de Vietnamitas en Madrid! Me da mucha alegría saber de vosotros. Quizás algún día viva en Madrid, y entonces intentaré contactar con vosotros para presentaros a Cam Tú (mi mujer)

      Gracias por la felicitación.

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  10. Hola !! Me caso el 19 !!! nos conocemos !!! yo llevo aquí ya casi cinco años !!!
    Me llamo Angel y vivo en Binh Thanh.
    angelgmacia@gmail.com
    Saludos

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    1. Ehorabuena, Ángel, espero que todo saliera como lo paneastes, o mejor. Un abrazo.

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  11. Hola, hace un año q estoy hablando por WhatsApp con una chica vietnamita q me la presento por WhatsApp la mujer vietnamita de un amigo español q se caso alli.
    Parece muy buena chica, tengo muchas dudas si debo ir a conocerla o no, o debo invitarla a venir a España con estos amigos q vienen este verano. Alguien me puede dar un consejo. Gracias.

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  12. Hace poco estoy hablando con una chica vietnamita ella dice que le gusto que quiere que valla dice que quiere una relación seria con migo será confiable lo que me dice?

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    1. Jorge, en esto no existen fronteras. Hay quienes se enamoran online y son tan felices, y quienes viven años juntos antes de casarse y no terminan de congeniar... Yo sería prudente. Ten en cuenta que para alguien de un país en desarrollo, casarse con un "nguoi tay" (occidental) es un cambio radical en estatus social y probablemente económico. Yo de ti, como hice en su día, procuraría saber bien cómo es la persona, su entorno y su situación laboral, social, etc.
      En cualquier caso, esto es algo puramente personal.

      Que tengas suerte. Un abrazo.

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  13. Estoy enamorada de un vietnamita, necesito ayuda como trámitar mi visa para viajar a su país. Soy de Perú. Me encanto tu historia!

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  14. Alfonso desde Barcelona

    Hola David. Muchas gracias por compartir tu experiencia, una boda maravillosa, te felicito.
    Me ha llamado la atención los trajes ceremoniales tanto de los novios como el de los amigos, muy parecidos ¿Este traje también se lleva en otras ceremonias? ¿Lleva el símbolo de la buena suerte estampado? ¿No?
    Gracias por tu atención

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Estaré encantado de leer tus opiniones, sugerencias, críticas o cualquier cosa que te apetezca escribirme. Muchas gracias.