sábado, 14 de marzo de 2009

LA GUERRA DE VIETNAM, I: LOS TÚNELES DE CU CHI


Con vuestro permiso, hoy voy a aventurarme por primera vez a escribir sobre el polémico y manido tema que ha hecho tristemente famoso a este carismático país: La Guerra de Vietnam. Con bastante prudencia, durante estos dos meses he ido indagando opiniones entre aquellos con los que ya tengo algo de confianza; jóvenes y viejos, del sur y del norte, interesados y pasotas. Sin familiares implicados y con seres queridos asesinados.

Desde que sales del Museo de los Restos de la Guerra, en el Distrito 1 de HCMC, hasta que hablas con alguno de los ex-combatientes (que hay un montón, puesto que la guerra terminó hace poco más de 30 años), pasando por la horrible visión de las víctimas del Agente Naranja, te das cuenta de que, a pesar del afán por olvidar y perdonar, la Guerra de Vietnam está aún muy presente en este país. Otro ejemplo: antes de iniciar una excavación, hay que llamar al ejército para que hagan un examen en busca de bombas o minas sin explotar. En determinadas zonas no falla: obra que empiezan, bomba o mina que encuentran. Es curioso; por lo visto el servicio es carísimo, pero una vez que analizan y desactivan la bomba, la mandan al Promotor o al Constructor, según quién pague. Me están preparando unos correos con fotos de unas que aparecieron hace poco en las afueras de Hanoi. Ya os las enseñaré.

La historia de los túneles de Cu Chi, ( 11° 3'39.60"N ; 106°31'33.60"E) empieza a mediados de los años 60, y se extiende hasta la retirada de los americanos, allá por el 73. Los túneles fueron excavados durante unos diez años, usando medios artesanales, paciencia, inteligencia y mucha, mucha mano de obra. La zona de los túneles se encuentra a unos pocos kilómetros al norte de Ho Chi Min City, por entonces Saigón. En medio de una frondosa jungla, poder esconderse a tiro de piedra de la capital del país enemigo era una jugada vital, y así lo hicieron los soldados del Viet Cong. Cavaron una red de túneles a tres alturas (a unos 5, 8 y 10 metros de media). En los túneles había de todo lo que podían necesitar las tropas para subsistir en la guerra de guerrillas que se desarrolló en la zona: almacenes, salas de reuniones, dormitorios, hospitales de campaña, cocinas... y todo convenientemente dotado de una red de pozos y huecos de ventilación para permitir la vida en el interior. Además de ello, miles de trampas a cual más horrible esperaban a cualquier intruso.

Durante años, los Viet Cong hicieron de esta zona la peor pesadilla para los soldados estadounidenses. Con cañas de bambú, cuerdas, madera e hierro fundido construyeron trampas cuya sola visión resulta estremecedora. A cada paso podía aparecer un hueco cuidadosamente cubierto con hojas secas que al ser pisado... girara y condujera a un foso lleno de puntas de lanza de unos 20 cm de largo (en ocasiones envenendas) Algunas de las trampas conseguían que el enemigo cayera de cuerpo entero sobre las afiladas hojas de hierro. En otros casos, la pierna se introducía en un hueco de unos 30 cm de diámetro con cañas de bambú que se cerraban en torno al miembro atrapado conforme éste descendía. Ganchos, pinchos, veneno... miles de desagradables sorpresas que eran sembradas de noche en las inmediaciones de los campamentos estadounidenses sin que sus soldados pudieran entenderlo. Durante un tiempo incluso hubo una base norteamericana establecida sobre los túneles. Se cuenta que, de noche, los norvietnamitas salían a la superficie a robarles, sin que nadie lo advirtiera.

Los tramos de túnel que se pueden visitar han sido agrandados para que resulten menos incómodos, pero aún así, recorres unos veinte o treinta metros agachado, con una humedad altísima y un calor apabullante. Resulta bastante agobiante, y eso que no hay que arrastrarse, como ellos hacían, y la iluminación es muchísimo mejor.

En total, en torno a 200 km (no me quivoco: 200 km) de túneles fueron excavados a pico y pala durante una década. Resultaron tremendamente efectivos, pero la vida en ellos no era nada fácil. Los túneles, aparte de acoger un grado de humedad aún más alto que el de la superficie, estaban llenos de mosquitos, ratas, tarántulas, escorpiones, serpientes y todo lo que puede esperarse en una jungla. La malaria, el paludismo y otras muchas enfermedades acompañaron a los miles de combatientes que usaron estos inóspitos pasadizos subterráneos.

El 7 de enero de 1966, el teniente Robert Haldane, al mando de un contingente de infantería, aterrizó en medio de la vegetación, a unos 40 km al noroeste de Saigón. Nada más desembarcar, un terrible fuego cruzado sorprendió a sus soldados, que intentaron repeler y resistir lo que a todas luces era el ataque de varios centenares de tiradores. Tras el fuego, todos quedaron sorprendidos por la súbita desaparición de los soldados que acababan de atacarlos desde varias posiciones. Durante tres días se peinó la zona, en búsqueda de posibles cuarteles o escondites: descubrieron trincheras, campos de minas, puntos de artillería antiaérea, una tienda que hacía las veces de clase para unos 100 hombres y muchas, muchas raciones de arroz y sal. Aquella infraestructura era fruto del trabajo permanente de un regimiento pero... ¿dónde se habían metido?

No fue hasta que el sargento Stewart L. Green se sentó en un clavo sujeto a una trampilla de madera ingeniosamente camuflada que se descubrió que aquello era una especie de entrada.
Se introdujeron granadas de señalización de humo rojo y, en cuestión de minutos, decenas de columnas rojizas empezaron a ascender provinientes de diversos puntos entre la maleza.


Los túneles habían sido descubiertos.


Entonces comenzó una irracional e infructuosa misión para destruir la red subterránea: la Operación Crimp (rizo) acababa de empezar. Bombarderos B-52 sobrevolaron la zona arrojando miles de bombas de 30 toneladas de explosivos que convirtieron la hasta entonces frondosa y espectacular jungla en un devastado paisaje lunar. A continuación, 8000 hombres pertenecientes a diversas brigadas peinaron la zona en busca de restos de los túneles y de los combatientes que hubieran tenido que escapar. Pero el ingenioso diseño del trazado subterráneo, que retorcía los túneles en continuo zig zag, se mostró muy efectivo en la minimización de los efectos de las explosiones, con lo que la inmensa operación Crimp se convirtió en un monumental fracaso.

Se intentó enviar a perros para sacar a los soldados de sus escondrijos, pero las trampas colocadas los mataban o los mutilaban. Se dice que, tras ello, los soldados los utilizaban como improvisado abastecimiento de comida. También se probó con agua, gas y lanzallamas, pero los sistemas de evacuación de aire y las múltiples salidas dieron al traste con estos intentos. Fue entonces cuando se recurrió a la lucha cuerpo a cuerpo: se formó a un grupo de especialistas que entraría en los túneles y lucharía en la oscuridad contra trampas, enfermedades, insectos venenosos y soldados acostumbrados a aquel entorno.

Nacieron las "Ratas de túnel". Estos soldados, cuidadosamente elegidos y adiestrados para ser capaces de emprender tan tremenda misión, se adentraban en los oscuros túneles equipados con una linterna, una pistola, un cuchillo y un trozo de cuerda. Habían de abrirse camino en la más absoluta oscuridad, y exponerse a las bombas estratégicamente escondidas, a las temidas trampas de cañas de bambú, que los dejaban empalados a varios metros bajo tierra, o a los ataques de Viet Congs que los esperaban escondidos. Resulta inimaginable que alguien pueda llegar a afrontar situaciones de ese tipo. Se cuenta que muchos de ellos salían de los túneles llorando, víctimas de ataques de ansiedad y pidiendo ser relevados. El nombre clave que dieron a los túneles habla por sí solo: "Black Ecco" (Eco en la oscuridad, Eco negro) He sacado de la red el testimonio de un tal Harold Roper, ex "Rata de Túnel":

"Sentí más miedo del que jamás he sentido, antes o después de aquello. Los del Vietcong llevaban a sus muertos a los túneles después de una batalla porque sabían que hacíamos recuento de cadáveres. Encontrarse con uno no era nada agradable. Era peor que si hubieran estado allí una semana… ¡apestaban! Todo se descomponía rápidamente a causa de la humedad. Pasé junto a cuerpos descompuestos varias veces. No me produjo náuseas. Yo era un animal… los seres humanos no hacen las cosas que nosotros hacíamos. Estaba entrenado para matar o morir. Al recordarlo parece irreal. Ni siquiera se me ocurriría hacer algo semejante de nuevo."

En 1967, el General Wiliam Westmoreland lanzó la operación"Cedar Falls" (algo así como "otoño de los cedros" o "caída -de las hojas- de los cedros") con 30.000 soldados encargados de destruir las galerías. Tras algún que otro logro en la obtención de documentos militares, la operación "Cedar Falls" también se demostró un fracaso. De hecho, en 1968, la famosa "Ofensiva del TET" utilizó los túneles como cuarteles generales.

Fue a finales de 1969 cuando se envió de nuevo a los B 52 a realizar el "Carpet Bombing" (bombardeo en alfombra, llamado así por el rastro que podía verse desde el cielo tras el ataque) con bombas de explosión retardada, que penetraban varios metros bajo tierra antes de explotar. La mayoría de la red fue destrida, pero para entonces, el daño que su uso había supuesto para el ejército estadounidense ya la había convertido en uno de los más espectaculares episodios de esa guerra en la que la astucia pudo contra la prepotencia, la audacia contra la maquiaria bélica y la persistencia contra los presupuestos multimillonarios.

5 comentarios:

  1. Lo estás bordando tío. Lectura fácil y amena y un puntazo aprender sobre la manida guerra desde un lado totalmente neutral. Gracias.

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  2. david, muy bien tus excursiones, aunque tengas que trabajar. Cómo tú dices cada viaje, aún de trabajo, es una novedad. ¿Qué tal la comida? ¿Te has acostumbrado a su dieta tan diferente de la nuestra? Un día escribe sólo de comida. ¿Necesitas que te envíemos lonchas de jamón por carta?. Un abrazo. Eugenio

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  3. Gracias por su gran aporte. Saludos.

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  4. muy buen relato, sabia algo de estos tuneles, pero no sobre la importancia que realmente tuvieron en la guerra, y estoy de acuerdo en la inteligencia y la bravura supera a la fuerza. Un Abrazo Hugo

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  5. Muy interesante, te felicíto. Gracias por compartír la infó

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