lunes, 2 de marzo de 2009

EL CAODAÍSMO. OTRA LECCIÓN DE INTEGRACIÓN.

No sé cuándo fue la primera vez que utilicé la palabra sorprendente a la hora de describir este país y las costumbres de sus habitantes. Tampoco sé cuántas veces la he usado. Lo mismo me ocurre con otros muchos adjetivos; cautivador, exótico, cálido, acogedor... Los uso y los uso, y cuando ya me olvido de que los escribí semanas antes los vuelvo a usar, pero es que ya no encuentro la forma de describir este encanto que, sin darte cuenta, te va envolviendo poco a poco; desde el primer día, al bajarte del avión y ahogarte con la humedad, hasta el momento en que te das cuenta de que andas descalzo por la casa, disfrutas comiendo con las manos o manejas los palillos como si no supieras lo que es un tenedor.
Hoy quiero hablaros del Caodaísmo. Otra sorprendente lección de afabilidad, convivencia e integración. El Caodaísmo es una religión "de diseño". Surgió hace dos días, como quien dice, cuando en 1926 Ngo Van Chien, funcionario público de la entonces Administración Francesa, dijo haber tenido una revelación de Dios y fundó una nueva religión. A la manera Vietnamita: integró lo mejor de cada una de las principales religiones monoteístas y creó este movimiento que, adorando a un Dios representado por un ojo dentro de un triángulo, une nada menos que a Cristianismo, Islamismo, Hinduismo, Confucianismo y Taoísmo. Para añadirle algo más de peculiaridad, sus súbitos son vegetarianos. ¡Cristianos e Islamistas juntos! ¡Y todos comiendo fruta y verdura!
Ahí es nada.
La sede central del Caodaísmo (Cao Đài en vietnamita) se encuentra en un pequeño pueblo al Este de Ho Chi Minh City, llamado Thay Ninh, cercano a la frontera con Camboya y al que se llega tras un par de horas de autobús por destartaladas carreteras. Y allí me fui hace un par de semanas.
Al bajarte del autobús, lo primero que descubres, con cierta tristeza, es que el Templo se ha convertido en una atracción turísitica más. Una gran explanada entre la frondosa vegetación acoge a decenas de autobuses que
no paran de entrar y salir, repletos de turistas entusiasmados que beben agua con la misma frución con la que sudan ante el inmisedicorde sol subtropical.
Tras andar unos metros aparecen las primeras edificaciones, destinadas fundamentalmente a las viviendas de los súbditos (no sé si llamarlos monjes, sacerdotes, seguidores...) y que no son más que la viva expresión de Vietnam: casas muy pobres repletas de gente alegre y cordial. A la hora a la que fui -aproximadamente las 11 de la mañana-, algunos descansaban tras una larga mañana de trabajo, preparándose para los rezos. Los podías ver tumbados en el suelo, sin almohadas ni nada parecido, mostrando unos pies descalzos curtidos como la suela de un zapato y con la cabeza cubierta con el inseparable Non Lá. Otros yacían en inverosímiles hamacas, y los que ya habían descansado empezaban los preparativos para la celebración de las doce, que se lleva a cabo en el Templo Cao Dai. Y que es impresionante.
El templo es una explosión de colores. Con predominancia del blanco, el amarillo y el celeste, la edificación principal y las que la rodean brillan bajo el sol formando un delicioso conjunto con el cielo azul de fondo. Mirar a los lados te da la sensación de estar caminando por los pasillos de una juguetería. Y el interior es aún más espectacular.
Decenas de columnas con grabados imposibles representando serpientes se alinean en su empeño por sostener una alargada nave repleta de contrastes color pastel. Por si los dibujos del suelo, las columnas, las paredes o el techo -pintado imitando el cielo, con nubes y todo- no fueran suficientes, la distribución de los súbditos y sus vestimentas le confieren al lugar un aspecto indescriptible. Ellas, a la izquierda. Ellos, a la derecha. Ordenados según su relevancia y creencias predominantes, unos visten de blanco, otros de azul, otros de amarillo y otros de rojo, y dispuestos como soldaditos de plomo, se hacen uno a la hora de levantarse y volverse a arrodillar. A su espalda, un coro con unos veinte jóvenes entona canciones vietnamitas que ensalzan la alegría y la unidad.
Al salir de allí pensaba que el Caodaísmo no podía sorprenderme más, pero fue entonces cuando, en un aparte con el guía, me comentó que los caodistas no sólo adoran a los distintos dioses, sino a figuras célebres como Lenin, Shakespeare o Víctor Hugo.

Me vuelvo a quedar sin adjetivos...

6 comentarios:

  1. http://www.diariocordoba.com/comunidad/blogs/manuelruiz/archive/2009/03/01/aventuras-y-desventuras-de-lvaro-caputto.aspx
    Observa Deibi, algún día llegarás a ser tan famoso como yo. Hasta mis queridos titos (tus padres) han comentado. Cachondeo aparte. Que me alegro una jartá que estes tan contento y que las cosas te vayan bien. Y sigue escribiendo que lo haces muy bien. Un abrazo.

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  2. yo soy caodaista y me encanta la forma en que has describido esta religion, yo ni siendo parte de eso hubiera podido hacerlo mejor.
    cuidate mucho

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  3. me ha ayudado mucho con mi tarea gracias :)

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    1. Ja, ¡qué guay!
      En estos años he recibido muchos comentarios halagadores, pero nunca me habían dicho que había contribuido a hacer "la tarea" de alguien. Me encanta. Besos.

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  4. Muy bien explicado, se ve q te gusta mucho!! tambien me sirvio para ua tarea de religion. muchismas gracias y suerte !!

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  5. Bueno, esto se va convirtiendo en costumbre... "Academia David Martín"... ja.

    Besos.

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